Riqueza y pobreza
20. Riqueza y pobreza
“33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”. Mateo 6:33
OREMOS
Padre santo, te damos gracias por permitirnos escudriñar tu Palabra y mostrarnos como hacer Tesoros en el Cielo, gracias por tu amor y bondad para con nosotros que no somos más que unos tizones rescatados del incendio.
Bendícenos hoy para podamos terminar con éxito estas enseñanzas y permite que nuestra vida sea transformada según lo dice tu Palabra.
Ayúdanos a trasmitir el mensaje de mayordomía bíblica que hemos aprendido, para que más hermanos sean edificados en tu sana doctrina por medio del testimonio de tu amor y de tu gracia.
Todo esto te lo pedimos en el nombre del Señor Jesucristo.
Amén
Epílogo[1]: Riqueza y pobreza
“19Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, 21y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”. Lucas 16:19-23
Es cierto que la parábola de Lázaro y el rico (Lucas 16:19-23) contiene diversas enseñanzas, pero en cuanto a este tema de la riqueza y la pobreza, solemos pasar por alto sus profundas y eruditas aplicaciones.
En ella, el Señor no pretende alabar ni condenar a la riqueza, ni tampoco a la pobreza, por eso debemos tener sumo cuidado para no extraer conclusiones que la parábola no pretende enseñar. Los ricos no son siempre malos y van siempre al infierno, ni los pobres son siempre buenos y terminan siempre en el cielo. Ser rico no es pecado, ni ser pobre te lleva a la santidad. El rico y el pobre son símbolos de dos clases que siempre estarán en el mundo, mientras éste exista.
“…Porque siempre tendréis pobres con vosotros…” Mateo 26:11
Tampoco estas condiciones determinan el estado del alma. No podemos decir que el rico era espiritualmente superior o que serlo es un indicio del favor de Dios, como dicen los charlatanes de la doctrina de la prosperidad, y mucho menos, llevarlo al otro extremo de decir que por ser rico no se puede ser salvo, basados en Mateo 19:24…
“24 Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 25 Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 26 Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”. Mateo 19:24-26
La clave está en “mas para Dios todo es posible”, así como Dios es poderoso para hacer pasar un camello por el ojo de una aguja, también es poderoso para hacer que un rico entre en el reino de los cielos, “La salvación es de Jehová” (Sal. 3:8)…. Recuerden que ya habíamos hablado de esto.
La pobreza no salva a nadie, sino la comunión en la gracia divina. Ni la pobreza ni la riqueza pueden asegurar un lugar en el Libro de la Vida porque Dios no mide el hombre por sus ingresos, sus tierras, títulos, como tampoco por la ausencia de estos… o por aquellas cosas que son de gran estima para el mundo, sino por la condición de su alma.
Ciertamente, algunos de los más relevantes personajes bíblicos, eran ricos materialmente hablando, pero las riquezas no dominaron el corazón de estos hombres, más bien pensaban que un excesivo interés en sus bienes terrenales era una ofensa para Dios. Su conducta era como la de quienes no tienen nada en este mundo y, por el contrario, mantuvieron la mirada en el Señor, agradándole en obediencia y esperando pacientemente en su Gracia.
“25si me alegré de
que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hallase mucho;… 28esto también sería
maldad juzgada; porque habría
negado al Dios Soberano”.
Job 31: 25, 28
Como dijo sabiamente J. C. Ryle: “Por asombroso que pueda parecerles a algunos, todo el dinero del mundo no tiene ningún valor en la balanza divina comparado con la gracia; y por difícil que sea de comprender, creo que un mendigo convertido es mucho más importante y honorable a los ojos de Dios que un rey inconverso” (Ryle, 2012, 355).
Al respecto,
“23Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. 24Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”. Jeremías 9:23-24
El pasaje de Lucas 16:19-23 también puede enseñarnos que las riquezas traen consigo un peligro adicional. Ya hemos dicho que las riquezas no son malas en sí, pero pueden acarrear un peligro espiritual para sus poseedores porque producen “un efecto endurecedor sobre el alma, enfrían, hielan, petrifican el hombre interior; cierran el ojo a las cosas de la fe, y estimulan insensiblemente una tendencia a olvidarnos de Dios” (Ryle, 2012, 365).
“17Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo
necesidad;
y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. Apocalipsis 3:17
Recordemos todos los pasajes que advierten contra el amor al dinero, a los bienes y a las riquezas y cuan fácilmente se llega a idolatrarlas. “Por amor al dinero”, Acán provocó la derrota de los ejércitos de Israel y su propia muerte; Balaam pecó contra Dios al intentar maldecir a su pueblo, Dalila entregó a Sansón a los filisteos, Giezi mintió a Naamán y a Eliseo, Judas vendió a nuestro Señor Jesucristo, Ananías y Safira se convirtieron en los primeros hipócritas del cristianismo primitivo y Pablo exhortó vehementemente al respecto en 1 Timoteo 6:10. Estos hechos y muchos otros, hablan contundentemente.
El dinero es ciertamente una de las posesiones más insatisfactorias. Trae consigo tantas preocupaciones como las que se lleva. “Hay dificultad para conseguirlo; ansiedad para conservarlo; tentaciones en su uso; sentimientos de culpa cuando se abusa del mismo; tristeza en perderlo; perplejidad en deshacerse de él... Dos tercios de todas las rivalidades, riñas y pleitos en el mundo proceden de una simple causa: ¡El dinero! El dinero, verdaderamente, es una de las posesiones más embaucadoras y transformadoras del corazón. Parece deseable a cierta distancia; pero a menudo demuestra ser un veneno cuando lo tenemos en la mano. Ningún hombre puede calcular el efecto del dinero sobre su alma si de repente le toca la suerte de poseerlo. Muchos que corrían bien cuando eran pobres, se olvidan de Dios al hacerse ricos. La conclusión que saco es que aquellos que tienen dinero [...] deberían poner el doble de cuidado para guardar sus almas, ya que viven en una atmósfera sumamente insalubre y necesitan doblemente mantenerse alerta” (Ryle, 2012, 366).
“8…No me des … riquezas; manténme del pan necesario;9 no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová?…” Proverbios 30: 8-9
A aquellos que tienen dinero y son ricos, materialmente hablando, las Escrituras los describen como magistrados en el terreno de la economía y tienen el mismo deber de la mayordomía que aquellos que ostentan puestos políticos: “Todos los ricos que poseen propiedad con la cual pueden servir a los demás, son así como magistrados u oficiales de Dios para lo que a ellos les parece propio, es decir, dar auxilio al prójimo. Aquellos a quien Dios ha dado mucho grano y vino deben ofrecer parte de estos bienes a los que tienen necesidad de ello... Dios manda que los que tienen abundancia de posesiones mantengan siempre las manos abiertas para socorrer a los pobres” (Opera, 1863-1900, 199-200).
A ellos, la palabra de Dios les exhorta: “...Guardaos de toda avaricia...” (Lucas 12:15). Recuerden que llevan un peso en su carrera hacia el Reino y que están en doble peligro de perderse a causa de sus posesiones (Marcos 10:23).
No en vano, la Palabra advierte sobre el peligro:
“22El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. Mateo 13:22
Para aquellos que tienen poco o nada, la Biblia les habla con potente voz: No deben envidiar a aquellos que son ricos. Por el contrario, deben orar por ellos, tenerles compasión y no apresurarse a juzgarlos. Tal vez si estuvieran en las mismas circunstancias, su comportamiento no sería mejor. También deben cuidarse del amor al dinero (1 Timoteo 6:10), pues se puede amar el dinero sin tenerlo.
Según Juan Calvino, “los pobres deben ser pacientes, y no tienen derecho de saquear a los ricos, aun si el gobierno fuere lento para castigarlos... Si los ricos no desempeñan bien su deber, tendrán que rendir cuentas de sus inhumanas acciones, pero esto será ante el Juez celestial... Dios ha distribuido los bienes de este mundo según le ha parecido bien, y ni aun a los más ricos, no importa cuán malos sean, se les robarán sus posesiones por los más menesterosos” (Opera, 1863- 1900,199-200).
Pero tenga cuidado, no podemos defender la riqueza inescrupulosa, pues tanto ricos como pobres, están sujetos a la ley divina y a todos se les exigirá rendir cuentas estrictas de su mayordomía.
Calvino insistía que tampoco “incumbe a los pobres emprender por su cuenta la redistribución de la riqueza de este mundo a fin de lograr una igualdad que el Señor, por sus propias razones, no se propuso. Los pobres deben sobrellevar su pobreza con paciencia, pues es la voluntad de Dios, pero deben emplear todo su talento con diligencia y ambición para aliviar su suerte en este mundo, ésta es la manera señalada por Dios para lograr provecho económico. [Tampoco] deben empeñarse en rebeliones políticas o económicas para alcanzar igualdad. Así pues, todos los proyectos de los socialistas modernos para conseguir igualdad económica y justicia mediante la confiscación de la riqueza, son una forma de rebelión contra la voluntad de Dios y los cristianos no deben participar en ellas” (Singer, 2003, 85-86).
Mientras el comunismo y el socialismo, ahora llamado progresismo, dicen: “Lo tuyo es mío” (arrebatando la propiedad privada ajena), el verdadero cristianismo señala: “Lo mío es tuyo” (dando generosamente, razonando y por su voluntad). Un verdadero creyente y fiel mayordomo del Señor asume la equidad y la justicia social como un reflejo de la justicia imputada de Cristo, quien es en sí mismo, la Justicia perfecta.
Recordemos el texto de J.C. Ryle, que leímos en otra enseñanza: “La igualdad universal es una expresión muy altisonante y una idea favorita de hombres visionarios. Muchos, en todas las épocas, han perturbado la sociedad agitando a los pobres contra los ricos, y predicando la popular doctrina de que todos los hombres deberían ser iguales” y continúa Ryle diciendo que si se recogieran las riquezas de Inglaterra y se repartieran por partes iguales entre cada uno los hombres mayores de 20 años, unos 50 años después, de nuevo habría ricos y pobres, pues algunos serían sabios, trabajadores y más diligentes que otros, que serían necios, perezosos y negligentes, los cuales irían irremediablemente a la pobreza.
¿Y porqué es eso? ¿Porqué siempre hay esa terrible desigualdad que lleva al sufrimiento? Esa pobreza que vemos por todos lados es causada por el pecado, por eso hay ricos con grandes lujos que oprimen con despiadado egoísmo a los pobres que sufren dolorosas necesidades. Por eso Ryle concluye:
“Primeramente debe echarse el pecado fuera del mundo y los corazones de todos los hombres han de ser renovados y santificados [...] El Príncipe de Paz tiene que descender, tomar su gran poder y reinar. Todo esto ha de suceder para que pueda haber felicidad universal o llenarse el abismo que separa actualmente a los ricos y los pobres.
Cuidado con esperar que algún tipo de gobierno, algún sistema educativo o algún partido político origine el cambio [...] Esfuérzate con ahínco en hacer bien a todos los hombres, compadécete de tus pobres hermanos y respalda empresas razonables para sacarlos de su deplorable estado; no aflojes tu mano de ningún empeño para aumentar el conocimiento, promover la moralidad o mejorar la condición temporal de los pobres, pero jamás olvides que vives en un mundo caído, que el pecado te rodea por todas partes y que el diablo anda suelto” (Ryle, 2012, 351-353).
Recordemos que el propósito de Dios es cumplir su plan de redención en la tierra, y un fiel mayordomo debe administrar las finanzas con ese objetivo, bajo la dirección de la inerrante Palabra y del Espíritu Santo, ante la pobreza o la abundancia, sin dejarnos distraer y caer en pecado por la prioridad que el mundo le da a los bienes materiales para alcanzar la felicidad y el destino del ser humano.
La teología de la mayordomía cristiana no debe estar influida por el pensamiento de que todo lo material es perverso y maligno, pero si debe reconocer la superioridad de lo eterno sobre lo terrenal; la supremacía de lo espiritual sobre lo material y la trascendencia de lo divino sobre lo humano porque son infinitamente mejores los tesoros en el cielo, y esos los adquirimos ejerciendo una fiel mayordomía bíblica.
La base fundamental de nuestra
vida es Cristo, y Él mismo nos dejó esta enseñanza que nos ayuda a entender
mejor la vida de un fiel mayordomo del Señor, nuestras bases son la fe (la
confianza en Dios) y el hacer su voluntad.
Buscad primeramente el reino de Dios
El afán y la ansiedad. Mateo 6:25-34 (Lc. 12.22-31)
“25 Por tanto os digo: No os afanéis
por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis
de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis
de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no
siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las
alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién
de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis?
Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con
toda su gloria se vistió así
como uno de ellos. 30 Y si la
hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no
hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis,
pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas
cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas estas cosas. 33 Mas
buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”. Mateo 6:25-34
El Señor Jesús llama afán, es decir la preocupación ansiosa, a un perverso grupo de pecados acerca de los cuales amonestó amplia y seriamente a sus discípulos, entre ellos están las preocupaciones inquietantes, la desconfianza, el temor del futuro, y todo aquello que nos distraiga con angustia de nuestras de nuestras obligaciones diarias, y que nos quiten el gozo de saber que estamos bajo las alas protectoras del Señor. A continuación algunas ideas extractadas del comentario de Matthew Henry sobre este pasaje.
El Señor ordena con claridad, “os digo: no nos afanéis por las cosas de este mundo”… por ser Cristo el Soberano de nuestros corazones, pero además nuestro amoroso consolador y quien nos trae el gozo de vivir en su presencia, debemos obedecerle, pues sabemos que Él quiere lo mejor para sus hijos.
¿Qué nos dice el Señor? … “el que tenga oídos para oír, que oiga” … 1) “No os afanéis por vuestra vida… ni por vuestro cuerpo” (v. 25). 2) “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos?” (v. 31) y 3) “no os afanéis por el día de mañana” (v. 34).
No os afanéis. Es una advertencia que se repite tres veces, contra las preocupaciones mundanas, y sin embargo esta no es una repetición vana: pues este afán es un pecado que nos asedia todo el tiempo y encubre su maldad con un disfraz de responsabilidad y previsión futura, y aunque estas son dos características de un fiel mayordomo del Señor, estas, cuando son virtudes y no temores, deben ser ejercidas sin afanes, sin angustias, sin preocupaciones, sabiendo que cada uno de nosotros debe cumplir con sus responsabilidades, pero confiando en que el Señor está en control de los resultados
“El caballo se alista para el día de la batalla; Mas Jehová es el que da la victoria”. Proverbios 21:31
Este mandato del Señor es una muestra de su amor por nosotros, pues con él nos lleva a esa “paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”, con la cual “guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil 4:7). El plan de Dios para sus hijos es que no se devanen los sesos con los afanes, o las preocupaciones de este mundo, sino que pongan sus pensamientos en el reino de los cielos.
1. Ese afán inquietante, que atormenta y que perturba nuestro gozo, es un sentimiento que debemos combatir, pues es claro que no viene del Señor, debido a que hace que decaiga nuestra fe, nos quita el sueño, y obstaculiza nuestro gozo, de tal manera que no disfrutamos de nosotros mismos, de nuestros hermanos, y de lo que Dios nos ha dado.
2. Ese afán es desconfianza e incredulidad. Pues nos hace olvidar que Dios ha prometido a sus hijos todo lo necesario para esta vida, en este caso alimento y abrigo: no manjares, sino las cosas necesarias. Nunca dijo: “Serán agasajados en fastuosos banquetes”, sino: “Ciertamente, serán alimentados”.
Este es ese gran pecado del cual el Señor nos habla: No confiar en estas promesas del sustento diario, no confiar en la sabiduría y bondad de la Divina Providencia, que nos asegura nuestra provisión de hoy y del futuro, y aunque sabemos que el Señor nos ha dado inteligencia y manos para, siendo diligentes, obtener el alimento, también debemos orar por nuestro pan de cada día, entregando nuestra preocupación a Dios, y no tener afanes. Porque Dios es sabio para darnos lo que necesitamos cuando nosotros no sabemos como conseguirlo.
¡Oh Señor, que nuestras almas habiten tranquilas en Tí! ¡Que descansen en Tí!
Cuando por la gracia de Dios no tienes afanes, ni preocupaciones, lo podemos comparar con ese sueño que Dios da a su amado, en oposición al trabajo fatigoso del mundano.
“Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño”. Salmos 127:2
Mientras que la vida del fiel mayordomo, es decir, del hombre piadoso, que confía en su Señor es así:
“En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”. Salmos 4:8
Es posible que entiendas esto de manera teórica y superficial, pero para llevarlo a nueva vida práctica, debemos profundizar más en esta maravillosa bendición del Señor
(1.) No os afanéis por vuestra tu vida. La vida es nuestra mayor preocupación en este mundo; todo lo que el hombre tiene dará por su vida (Job 2:4) le dijo Satanás al Señor hablando de Job; sin embargo, no te afanes por ella. [1] Debes estar siempre preparado para el día de rendir cuentas, pero no te afanes tratando de saber cuando será ese día; que Dios alargue o acorte tu vida en esta tierra según le plazca, ese no es tu problema; “En tu mano están mis tiempos” (Sal 31:15), y están en buenas manos. [2] Tampoco te afanes por las comodidades de esta vida; que Dios la amargue o la endulce como a Él le plazca. El Señor enviará motivos de alegría y motivos de aflicción, pero entiende que ninguno de ellos te acompañará a la eternidad, así que medita profundamente en cada cosa y aprende de la mano del Señor, pero “por nada estéis afanosos” (Fil 6:4). [3] Y menos preocuparte, por el sustento diario, el alimento y el vestido; esto Dios lo ha prometido, y por lo tanto podemos esperarlo con total confianza; nunca digas: ¿Qué comeremos? Ese es el lenguaje de alguien perdido y casi desesperado; un hijo de Dios tiene el sustento asegurado, no por tu esfuerzo, sino “porque Jehová lo ha dicho” Isaias 25:8.
(2.) No os afanéis por el día de mañana. No te preocupes por el futuro, ni de donde provendrá tu sustento el próximo año, o cuando seas viejo, o que pasará cuando mueras. Así como no debemos jactarnos del mañana (Proverbios 27:1), tampoco debemos preocuparnos por el mañana ni por lo que ha de acontecer entonces.
Argumentos para obedecer esta orden del Señor
Sólo por el hecho de ser una orden de nuestro Señor deberíamos evitar ese insensato pecado de inquietantes afanes y desconfiadas preocupaciones, sin embargo el Señor conoce nuestro débil corazón y se complace… en los que esperan en su misericordia (Salmos 147:11). Así que, por el bondadoso amor de nuestro Señor, este mandato está respaldado con argumentos razonables, argumentos que entenderán los hijos de Dios, pues es evidente que los impíos no entenderán, “porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13:13, citando el Señor la profecía de Isaías 6:9-10), pues ellos creen que son más sabios que el Señor y fundamentan su vida en sus propias razones, y para colmo, en muchas ocasiones, ellos son gobernados por sus propios temores.
Así que para librarnos de los ansiosos afanes y expulsarlos, Cristo nos sugiere aquí pensamientos reconfortantes, para que nos llenemos de ellos, y nos esforcemos para que nuestro corazón esté libre de esas inquietantes preocupaciones y avergonzarnos de ellas. Estos afanes pueden ser debilitados por las razones correctas, pero sólo una fe activa puede vencerlos. Meditemos en la palabra del Señor.
1. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Mt. 6:25). Claro que si, no hay ninguna duda de eso, así lo dice Aquel que comprende todo el universo, pues Él lo hizo, Él lo sustenta y sustenta nuestra vida.
A. El alimento y el vestido son sólo medios para sustentar la vida, pero siendo la vida más importante que los medios, muchas veces dedicamos más tiempo y esfuerzo a los medios y descuidamos nuestra vida, pues no entendemos que “el alimento más delicado y el vestido más fino proceden de la tierra, pero la vida del aliento de Dios” (Matthew Henry).
B. Esto es un estímulo para que confiemos en Dios para el alimento y el vestido, y así aliviarnos de todo angustioso afán. Él, con su poder y su amor, nos ha dado la vida, y nos ha dado el cuerpo; y lo hizo sin necesidad de que nosotros nos preocupáramos por eso, sin necesidad de nuestra supervisión. ¿Si Él hizo todo esto, que no hará por nosotros?
“¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia”. Job 38:4
Si buscamos el reino de Dios y pensamos más en la eternidad, que en los afanes de este mundo, seguramente Dios nos proveerá de alimento y vestido. Él ha mantenido nuestras vidas hasta ahora; a veces en escasez, ya sea como prueba o disciplina, pero nos ha protegido y mantenido vivos.
2. Mirad las aves del cielo, y considerad los lirios del campo. Para un creyente este es un ejemplo claro de la amorosa provisión de Dios para todas sus criaturas, pero para un impío es un amargo recordatorio que debe ser enviado a la escuela de las aves del cielo, para aprender de ellas. (Job 12:7-8).
“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán; o habla a la tierra, y ella te enseñará; los peces del mar te lo declararán también”. Job 12:7-8.
A. Mirad a las aves, y aprende a confiar en Dios para el alimento (Mt. 6:26), y no os afanéis pensando ¿qué comeremos?
[1.] Observa la providencia de Dios con respecto a ellas. Todas las aves son alimentadas por el Señor, cada una con su tipo especial de comida, son alimentadas, no sabemos cómo, y es vuestro Padre celestial quien las alimenta; él conoce a todas las aves de los montes, (Sal. 50:11). Pero lo que se observa especialmente aquí es que se alimentan sin ninguna preocupación o proyecto propio; no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros. En cambio la hormiga sí lo hace, y la abeja también, y se nos ponen como ejemplos de prudencia y diligencia; pero las aves del cielo no; ellas mismas no hacen provisión para el futuro, y sin embargo cada día, tan pronto como llega el día, el Señor hace provisión para ellas, y sus ojos esperan en Dios, ese grande y buen Amo, que da alimento a todo ser viviente, pues para siempre es su misericordia (Salmos 136:25).
[2.] Esto debe ser un estimulo para confiar en Dios. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Claro que si, los herederos del cielo valemos mucho más que las aves del cielo; somos hechos a imagen y semejanza de Dios, por eso somos seres más nobles y excelentes, y, por la fe, nos elevamos más alto; somos de mejor naturaleza y crianza, más sabios que las aves del cielo (Job 35:11); Dios es nuestro Padre, y para Él somos de más valor que muchos gorriones; somos sus hijos; ahora bien, el que alimenta a sus aves ciertamente no dejará morir de hambre a sus hijos. Quienes dependen de la providencia del Señor se despreocupan del día siguiente; por eso viven las vidas más alegres de todas las criaturas; y por eso, como las aves, cantan entre las ramas (Sal. 104:12), y, en la medida de sus fuerzas, alaban a su Creador. Si nosotros, por fe, no nos afanáramos por el día siguiente como ellas, cantaríamos tan alegremente como ellas; porque es la preocupación mundana la que roba nuestra alegría, empaña nuestro gozo, y silencia nuestra alabanza.
B. Mira los lirios, y aprende a confiar en Dios para el vestido. Esa es otra parte de nuestros afanes, lo que vamos a vestir; por decencia, para cubrirnos, para defendernos del clima; pero para otros, por dignidad y ornamento, para que se vean grandiosos y refinados; y tanto se afanan por la vistosidad y la variedad en su ropa, que esta preocupación se vuelve como la del pan de cada día.
En la historia del siglo 20 hay un buen ejemplo en Albert Einstein, pues en su armario predominaban las camisas blancas y los pantalones negros, de esta manera no perdía tiempo ni energía pensando en que ponerse, sino en las cosas importantes… deberíamos hacer lo mismo para liberar nuestro tiempo para lo verdaderamente necesario, en nuestro caso “Buscar primeramente el reino de Dios y su justicia”.
Ahora, para evitarnos ese afán, consideremos los lirios del campo; no sólo mirémoslos, sino considerémoslos, pues hay muchas cosas buenas que aprender de lo que vemos cada día, si lo consideráramos, es decir si meditamos profundamente en eso. (Prov. 6:6[2]; 24:32[3]).
[1.] Considera cuán frágiles son los lirios; ellos son la hierba del campo. Los lirios, aunque se distinguen por sus colores, no dejan de ser hierba. Así, toda carne es hierba (Is. 40:6 y 1 P. 1:24): aunque algunos hombres, por sus dotes corporales y mentales, sean como hermosos lirios, muy admirados, no dejan de ser hierba; hierba del campo en su naturaleza y constitución; ellos están al mismo nivel que los demás. Los días del hombre, en el mejor de los casos, son como la hierba, como la flor de la hierba (1 Pedro 1:24). Esta hierba está hoy, y mañana es echada en el horno; dentro de poco en el lugar que nos conocen, no nos conocerán más. El sepulcro es el horno en el cual seremos echados, y en el cual seremos consumidos como hierba en el fuego, (Sal. 49:14[4]). Esto indica una razón por la cual no debemos perder el tiempo pensando en lo que nos pondremos mañana, porque tal vez mañana sea la ocasión de que nuestra vestidura sea la mortaja.
[2.] Considera cuán libres de preocupaciones están los lirios: no trabajan como los hombres, para comprar vestidos hermosos; ni hilan, como las mujeres, para hacer sus vestidos. Pero esto no quiere decir que podamos descuidar, o ser negligentes con los asuntos propios de esta vida; es alabanza de la mujer virtuosa, que aplica su mano al huso, hace telas y vende… (Prov. 31:19, 24). Dios no aprueba la ociosidad, y la ociosidad nada tiene que ver con confiar en Él; pero el que provee para las criaturas inferiores, sin que ellas trabajen, mucho más proveerá para nosotros, bendiciendo nuestro trabajo, el cual ha hecho nuestro deber. Y si por enfermedad no pudiéramos trabajar e hilar, Dios puede proveernos de lo necesario.
[3.] Considera cuán hermosos, cuán refinados son los lirios. La raíz del lirio en invierno se pierde y se entierra bajo tierra; sin embargo, cuando vuelve la primavera, aparece y brota en poco tiempo, en pocas semanas llegan a ser tan vistosos, que ni siquiera Salomón, con toda su gloria, se vistió así como uno de ellos. El atuendo de Salomón era muy espléndido y magnífico: él que tenía la riqueza de los reyes y de las provincias que gobernaba, y que se preocupaba por la pompa y la gallardía, sin duda tenía la ropa más rica, y la mejor confeccionada, que se podía conseguir; especialmente cuando aparecía en su gloria en sus mejores días. Y, sin embargo, aunque se vistiera lo mejor que pudiera, estaba muy lejos de la belleza de los lirios, y un solo ramo de lirios lo eclipsaba. Por tanto, ambicionemos más la sabiduría de Salomón, en la que no fue superado por nadie, (esa sabiduría que nos lleva a cumplir con nuestro deber a cada uno en su lugar), que la gloria de Salomón, en la que fue superado por los lirios. El conocimiento del Señor y la gracia de Dios son la perfección del hombre, no la belleza, ni mucho menos los vestidos finos. Ahora bien, aquí se dice que Dios viste así a la hierba del campo, entendamos que todas las excelencias de la criatura fluyen de Dios, quien es la Fuente y manantial de ellas. Fue Él quien dio al caballo su fuerza, y al lirio su belleza; cada criatura es en sí misma, así como para nosotros, lo que Él hace que esa criatura sea.
[4.] Considera cuán instructivo es todo esto para nosotros, (Mateo 6:30). En primer lugar, en cuanto a la ropa fina, esto nos enseña a no preocuparnos por ella en absoluto, a no codiciarla, ni enorgullecernos de ella, a no hacer del vestir nuestro adorno, porque después de todos nuestros afanes en esto los lirios nos superarán con creces; no podemos vestirnos tan bien como ellos, ¿por qué entonces deberíamos intentar competir con ellos? Su belleza perecerá pronto, y también la nuestra; se marchitan hoy, y mañana son arrojados, como otros desperdicios, al horno; y las ropas de las cuales nos enorgullecemos se desgastan, el brillo desaparece pronto, el color se desvanece, la forma pasa de moda, o en poco tiempo la prenda misma se desgasta.
“… Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo”. Isaías 40:6-7.
Así es el hombre en toda su pompa, especialmente los hombres ricos; ellos se marchitan en sus caminos.
“… pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba”. Santiago 1:10
En segundo lugar, en cuanto a la ropa necesaria, esto nos enseña a confiar el cuidado de ella a Dios: Jehovah-jireh; confía en el que viste a los lirios para que te proporcione lo que te vas a poner. Si da ropa tan fina a la hierba, mucho más dará ropa adecuada a sus propios hijos. Mucho más nos vestirá a nosotros; porque somos criaturas más nobles, hechos a imagen y semejanza del Creador; si así viste a la hierba efímera, mucho más nos vestirá a nosotros que fuimos hechos para la inmortalidad.
En Mateo 6:30 los llama: ¡Oh hombres de poca fe! De esto podemos deducir que aunque la fe sea poca, la provisión para el sustento será adecuada. O podría tomarse como una reprensión a la fe débil, aunque sea verdadera, (Mt. 14:31[5]). Insinúa que lo que genera nuestros afanes es la debilidad de nuestra fe y el remanente de incredulidad en nosotros. Si tuviéramos más fe, nos preocuparíamos menos.
3. ¿Quién de vosotros, el más sabio, el más fuerte de vosotros, podrá, por mucho que se afane, añadir un codo a su estatura? (Mt. 6:27). Un codo es una medida de longitud de aproximadamente 50 cms. Consideremos, A. No llegamos a la estatura que tenemos por nuestros propios afanes y pensamientos, sino por la providencia de Dios. Un pequeño recién nacido puede llegar a ser un hombre de 1,80 metros de altura, y ¿cómo hizo para añadir tanto a su estatura? no por su propio afán o artificio; creció no supo cómo, por el poder y la bondad de Dios. Ahora bien, el que hizo nuestros cuerpos, y los hizo de tal tamaño, ciertamente tendrá cuidado de proveer para ellos. B. No podemos cambiar la estatura que tenemos, aunque quisiéramos: ¡Es ridículo que un hombre de baja estatura se atormente, pierda el sueño y se rompa la cabeza pensando en cómo podría ser más alto; cuando, después de todo, sabe que no puede lograrlo, y ¡por lo tanto es mejor que se contente y tome las cosas como son! Ahora bien, lo mismo que hacemos con respecto a nuestra estatura corporal, debemos hacer con respecto a nuestro estado en este mundo.
Igual que no debemos codiciar tener mas estatura, tampoco debemos codiciar aumentar nuestro patrimonio con la abundancia de las riquezas de este mundo. Por eso debemos aceptar el valor de nuestro patrimonio igual que aceptamos nuestra estatura; y según el antiguo refrán “lo que no puede remediarse debe aprovecharse”. No podemos alterar las disposiciones de la Providencia, y por lo tanto debemos acomodarnos a ellas lo mejor que podamos, así como lo hizo Zaqueo contra el inconveniente de su estatura, subiéndose al árbol (Lucas 19).
4. Porque los gentiles buscan todas estas cosas (Mt. 6:32). Afanarnos en el mundo es un pecado pagano e impropio de los cristianos. Los gentiles buscan todas estas cosas, porque no conocen cosas mejores; están ansiosos de este mundo, porque no tienen la esperanza de uno mejor; buscan estas cosas con preocupación y ansiedad, porque están sin Dios en el mundo, y no comprenden su providencia. Temen y adoran a sus ídolos, pero aunque piensan que ellos pueden darles salvación y sustento, saben que no pueden confiar en ellos, y, por lo tanto, ellos mismos están llenos de preocupaciones y afanes;
Vivir en afanes es una vergüenza para el cristiano, que tienen una fe sólida que le enseña que hay una Providencia y unas promesas para su bien en esta vida presente… Esa fe que con evidencias y muchas razones les enseña a confiar en Dios y a despreciar el mundo, es denigrada y el nombre de Dios blasfemado, por esos que con vergüenza caminan como los gentiles, con sus cabezas y corazones llenos de estos afanes.
5. Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas (v. 32). Estas cosas necesarias, como alimento y vestido; Él conoce nuestras necesidades mejor que nosotros mismos; aunque Él está en el cielo, y sus hijos en la tierra, Él observa lo que el más pequeño y el más pobre de ellos necesita.
“Yo conozco … tu pobreza (pero tú eres rico)…” Apocalipsis 2:9
Él conoce nuestras necesidades, pero sabe que sus hijos somos ricos, porque tenemos nuestros tesoros en el cielo. Así que nos envía provisiones de alivio pues nos ama y se compadece de nosotros. Por eso nuestro deber es alejar de nuestra vida todos los afanes angustiosos, los pensamientos inquietantes y las preocupaciones. Mejor vamos a nuestro Padre en oración, y con acción de gracias, pidamos por nuestras necesidades y descansemos gozosos en su sabiduría, poder y bondad, para que nos provea. Por lo tanto, debemos aliviarnos de todo afán, entregándolo a Dios, porque Él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7), y ¿qué necesidad hay de tanta angustia y alboroto?… Si Dios se ocupa de nosotros, ¿por qué deberíamos preocuparnos?
6. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33). He aquí un doble argumento contra el pecado del afán; no os afanéis por tu vida, la vida del cuerpo; porque, A. Tienes cosas mayores y mejores en las cuales afanarte, la vida de tu alma, tu felicidad eterna. Un creyente debe hacer como María la hermana de Marta y Lázaro, sentarse a los pies de Jesús y así escoger la parte buena, pues “solo una cosa es necesaria” (Lucas 10:42). Es ahí donde se debe enfocar nuestra mente y corazón, pero por lo general los descuidamos llenándolos con preocupaciones mundanas, que adquieren mucha importancia. Si tuviéramos más cuidado de agradar a Dios y de cuidar nuestra propia salvación, nos preocuparíamos menos de agradarnos a nosotros mismos y de labrarnos un patrimonio en el mundo. El afán por nuestras almas es la cura más eficaz paras los afanes por el mundo. B. Hay una manera más certera y fácil, más segura y más completa de obtener las necesidades de esta vida, que afanándose y preocupándose por ellas; y es buscando primeramente el reino de Dios, y haciendo de eso nuestro asunto mas importante, no es como algunos dicen que esta es la manera más rápida y segura para morir de hambre, ¡No! es todo lo contrario. Buscar el reino de Dios es la manera de estar bien aprovisionado, incluso en este mundo. Observa esto,
[1.] El gran deber requerido: es la suma y la sustancia de todo nuestro deber: “Buscad primeramente el reino de Dios, ten presente los asuntos del Señor como tu mas grande y principal preocupación”. Nuestro deber es buscar; desear, perseguir y apuntar hacia a estos asuntos y aunque no los hayamos alcanzado, pues en muchas cosas fallamos y nos quedamos cortos, la búsqueda sincera (una preocupación cuidadosa y un esfuerzo sincero) es lo que Dios espera, la orden es buscar.
Eso nos lleva a entender que, Primero, El objeto de esta búsqueda es El reino de Dios y su justicia; debemos pensar en el cielo como nuestro fin, y en la santidad como nuestro camino. Nuestra fe no sirve de nada, si no apuntamos hacia el cielo con ella. Y junto con la felicidad de este reino, busquemos la justicia del mismo; la justicia de Dios, la justicia que Él requiere que sea obrada en nosotros, y obrada por nosotros, que exceda a la de los escribas y fariseos; debemos seguir la paz y la santidad, (Heb. 12:14). Segundo, su orden. Buscad primeramente el reino de Dios. Que el afán por vuestras almas y del reino de los cielos ocupe el primer lugar, antes que todos los demás afanes: y que todos los afanes de esta vida queden subordinados a los de la vida venidera: debemos buscar las cosas de Cristo más que nuestras propias cosas; y si entre ellas hay competencia, debemos recordar a cuál debemos dar la preferencia.
[2.] La promesa de gracia anexa: todas estas cosas, los apoyos necesarios para la vida, os serán añadidos; se os darán por añadidura; así está escrito. Tendrás lo que buscas, el reino de Dios y su justicia, porque nunca nadie buscó en vano el reino de Dios.
“7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. Mateo 7:7-8
El que buscó seriamente recibió su recompensa eterna y además de eso, también recibió alimento y vestido, a modo de excedente; es decir como una añadidura. ¡Oh, qué bendito cambio produciría en nuestros corazones y en nuestras vidas, si creyéramos firmemente en esta verdad, que la mejor manera de estar cómodamente aprovisionados en este mundo, es estar más atentos al otro mundo!
La manera correcta de empezar nuestro trabajo es empezar con Dios. Si ponemos nuestra diligencia en asegurarnos primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces el Señor proveerá (Jehová-jireh) todas las cosas de esta vida, tanto de ellas como considere bueno para nosotros, e incluso a veces más de lo que desearíamos.
“El justo por la fe vivirá”, Así como hemos confiado en Él para nuestra herencia en nuestra morada celestial ¿no confiaremos en Él para el sustento durante el camino hacia ella? El Israel de Dios no sólo fue llevado a su fin a la Tierra Prometida, sino que sus cargas fueron llevadas a través del desierto y sus ropas y calzado no se desgastaron en la travesía. (Deuteronomio 29:5)
¡Oh, si pusiéramos nuestros ojos en las cosas que no se ven, que son eternas, y no en las cosas que se ven, que son temporales!
7. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal, (Mt. 6:34). No debemos preocuparnos excesivamente por los acontecimientos futuros, porque cada día trae consigo su propia carga de afanes y aflicciones. Hacerlo es permitir que nuestros temores sofoquen los favores que la gracia y la razón ofrecen.
A. Que los afanes por el día de mañana son innecesarios; que en el día de mañana nos afanemos por sus propias cosas. Si hay nuevas necesidades y problemas cada día, también hay ayudas y provisiones nuevas cada día; sus misericordias nuevas son cada mañana, (Lam. 3:22-23). Los santos tienen un Amigo que cada mañana con su brazo les da provisiones frescas diariamente (Isa. 33:2), y todo por orden… cada cosa en su día (Esdras 3:4), y así mantiene a su pueblo en constante dependencia de Él.
Dejemos, pues, las fuerzas de mañana, para hacer el trabajo de mañana, y llevar la carga de mañana. El día de mañana, y sus cosas, se harán aun sin nosotros; ¿por qué hemos de preocuparnos ansiosamente de lo que ya está tan sabiamente preparado? Esto no prohíbe una previsión prudente, y una preparación acorde, sino que nos advierte de un afán desconcertante, y de una expectativa de dificultades y calamidades, que tal vez nunca lleguen, o si llegan, pueden ser fácilmente soportadas, y el mal de ellas prevenido.
El significado es, ocupémonos del deber presente, y luego y lo que acontezca dejémoslo a Dios; hagamos el trabajo del día en su día, y luego dejemos que mañana traiga sus obligaciones junto con él.
B. Que afanarse por el día siguiente es una de esas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición (1 Ti. 6:9), en ellas caen los que quieren ser ricos, y este es uno de los muchos dolores con que se traspasan a sí mismos. Basta a cada día su propio mal. El día de hoy ya tiene suficientes problemas, no necesitamos acumular cargas anticipando nuestros problemas, ni tomar prestadas las confusiones de los males de mañana para añadirlas a las de este día. Es incierto cuáles puedan ser los males de mañana, pero cualesquiera que sean, hay tiempo suficiente para pensar en ellos cuando lleguen.
Qué insensatez es cargarnos hoy de afanes y temores, que pertenecen a otro día, y que, por más que nos preocupemos, nunca serán más livianos cuando lleguen. No carguemos con todo eso anticipadamente, pues la Providencia ha ordenado sabiamente que se cargue todo a su debido tiempo.
La conclusión de todo este asunto es, que es voluntad y mandato del Señor Jesús que sus discípulos no se atormenten ellos mismos, ni hagan su paso por este mundo más oscuro y desagradable, por su temor a los problemas, de lo que Dios lo ha hecho por los problemas mismos. Por medio de nuestras oraciones diarias podemos obtener fuerza para soportar nuestros problemas cotidianos, y para armarnos contra las tentaciones que los acompañan, y entonces no dejar que ninguna de estas cosas nos perturbe.
“6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4:6-7
Llamado al arrepentimiento
Amado hermano por favor analiza tu vida, piensa en cuantas veces te afliges, atemorizas o angustias por posibles problemas, o incluso por problemas reales, ¿crees que esto se ha salido del control del Señor? Esa es una duda pecaminosa y muy ofensiva en contra de la soberanía de Dios, pues sabemos que Él tiene todo bajo control, todo lo que pasa en este mundo está escrito en su decreto eterno.
Cada vez que te afanas, cada que vez que dudas, cada vez que te afliges, cada vez que piensas que no te llegará el sustento, estás diciendo: “el Señor no es bueno, pues permite esto”, ó “el Señor perdió el control de este asunto”, ó “¿que puedo hacer para solucionar esto que Dios no quiere solucionar?” Ese afán es un grave pecado, el cual debemos mortificar en ese mismo momento.
Pues del angustioso afán y la amarga queja, podemos pasar a decidir que es conveniente hacer excepciones a los mandatos del Señor, pues pensamos que en nuestras fuerzas podemos “enderezar las cosas”… Eso es terrible hermanos, es una absoluta falta de fe y un total desconocimiento del amor y de los caminos del Señor. Quizás haya algo que no hemos entendido, o no hemos interpretado bien una situación, pero eso no nos puede llevar a pecar contra el Señor ¡No hermanos, no podemos vivir pensando que hay excepciones! En vez de eso debemos orar, ayunar, y caminar siempre fielmente en sus preceptos, así como Él los estableció, pues en ningún texto bíblico encontrarás que se permiten excepciones.
Pero en el mismo texto el Señor nos da la solución: “Buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” ahí está nuestra recompensa eterna y las provisiones para la vida en esta tierra. Si creemos en la Palabra del Señor y nos ocupamos de buscar primeramente su reino y su justicia, Él añadirá todas esas cosas que requerimos para el sustento diario. Medita en esto, pues el Señor cambiará tu vida a través de esta verdad.
Y como resultado se fortalecerá tu fe, y eso te llevará a mantenerte fiel a sus preceptos, recuerda todo lo que hemos aprendido en todas las enseñanzas de mayordomía bíblica, recuerda que en cada enseñanza te decía que debemos hacer esto o aquello, no como una forma de ganar la salvación, sino por amor al Señor, porque ya somos salvos… Es exactamente a eso que me refiero, cuando tu fe sea fortalecida hará que tus acciones, que tu forma de vivir agraden al Señor, que realmente seas un testimonio de su amor y que tu vida esté enfocada en honrar y glorificar al Señor.
Entenderás que no debes vivir en las excepciones, que los mandamientos y preceptos son para todos y eso te llevará a dar mucho fruto, a eso se refiere la Palabra cuando dice que debemos permanecer en Él, es decir, en sus mandatos, en sus caminos, eso es permanecer en Él.
“4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:4-5
Quien vive en las excepciones no permanece en Él. Por eso un fiel mayordomo permanece en el Señor y vive en el gozo de su Señor y da muchos frutos, pues entiende su Palabra y vive como la Palabra dice que debemos vivir.
Legado para mis hijos
Nuestros hijos deben ver como viven sus padres, ver el amor de sus padres por el Señor, aun verlos sufrir por Cristo, y ver siempre a sus padres alabando al Señor aun en medio de las dificultades y de las pruebas… Ellos son los primeros y mas beneficiados del testimonio de unos padres piadosos, que con todo su corazón aman al Señor.
Unos padres que permanecen en el Señor darán dulces y benditos frutos a sus hijos, pues con su vida mostrarán el camino que ellos deben seguir. Por eso la integridad es una virtud que todo padre piadoso debe tener, es decir, que pueda tener la Palabra de Dios en su mente y en su corazón, y que hable y actúe según la Palabra. Eso es integridad.
Por último nuestros hijos deben entender que vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo, que no deben apegarse a nada de este mundo, que su misión es hacer tesoros en el cielo, pues somos unos peregrinos caminando hacia nuestra patria celestial.
Oremos
Gracias Señor por tu amor y bondad, y por correr un poquito el velo para permitirnos ver algo de tus eternas verdades, gracias Padre pues Tú sabes lo que necesitamos y si has entregado a nosotros esta enseñanza de mayordomía bíblica es porque la necesitamos y porque es provechosa para nuestra edificación.
Ahora que hemos escuchado la sana doctrina (ortodoxia), te pedimos que podamos tener una sana vida practica (ortopraxis) y que vivamos gozosos haciendo tu voluntad (ortopatía), sabemos que estas tres son básicas para la vida del creyente, pero para eso necesario que nos lleves de tu mano para avanzar en el camino de la santificación, pues sin Tí nada podemos hacer.
Graba en nuestras mentes estas sanas doctrinas bíblicas para que las recordemos siempre y que nos sirvan de guía por toda nuestra vida, y que nunca sean letra muerta en nuestra mente, sino que sean palabras de vida, que nos alienten, nos exhorten y nos consuelen.
Padre, nosotros queremos que tu Palabra sea verdaderamente suficiente en nuestras vidas, que siempre busquemos en Ella las respuestas a las confusiones de nuestra existencia.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús.
Amén
[1] Epílogo: Recapitulación de lo dicho en un discurso o en otra composición literaria. Última parte de una obra, en
la que se refieren hechos posteriores a los recogidos en ella o reflexiones relacionadas con su tema central.
[2] Ve a la hormiga, oh perezoso,
[considera] sus caminos, y sé sabio. Proverbios 6:6
[3] Miré, y lo puse en mi corazón; lo [consideré] y tomé consejo. Proverbios 24:32
[4] Como a rebaños que son
conducidos al Seol, la muerte los pastoreará, y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada. Salmos 49:14
[5] Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Mateo 14:31.
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