14. Dar con alegría —Segunda parte—
14. Dar con
alegría
—Segunda parte—
“10Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia”. 2 Corintios 9:10
Oremos
Padre santo, por favor quita de nosotros los pecados de la avaricia, la codicia y el egoísmo, y danos ese don de dar con alegría, que nuestro corazón se llene de gozo cuando demos generosamente, aun más allá de nuestras fuerzas.
Haznos unos fieles mayordomos para que podamos entender que todas las cosas materiales que están en nuestras manos, incluido el dinero, son tuyas y que las debemos usar para el avance de tu reino, pues han sido entregadas por Ti para que las administremos según tu voluntad.
Nosotros sabemos que todo lo bueno viene de Tí, y nos alegramos de saber que además de la bendición de lo material, tu también nos capacitas para ser generosos.
No permitas que nos dejemos deslumbrar por el brillo engañoso de las riquezas materiales, y que más bien podamos ver el verdadero valor de las riquezas espirituales que son los tesoros en el cielo.
Danos sabiduría Señor y enséñanos a conocer tu voluntad, y sobre todo ayúdanos a ponerla por práctica en nuestra vida, para que la generosidad sea una de nuestras principales virtudes.
En el nombre de nuestro amado Salvador te lo pedimos.
Amén
Buenos días amados hermanos, esta es la segunda parte de la enseñanza 14 “Dar con alegría”, en la primera parte tratamos de responder dos preguntas que es 1) Que es dar según la Biblia y 2) ¿Como debemos dar?, y en esta segunda parte trataremos de responder otras tres preguntas 3) ¿A quién debemos dar? 4) ¿Cuanto debemos dar? y 5) ¿Por qué dar?
“26 Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27 y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo”. Marcos 4:26-27
Hermanos, es muy importante que entendamos que hay muchas cosas que nuestros sentidos físicos no pueden ver, cosas que crecen sin que sepamos cómo… cosas que los creyentes tenemos la posibilidad de percibir por medio de la fe, y que con un buen fundamento escritural podemos empezar a comprenderlas mejor.
Ese es el caso del Reino de Dios, sin embargo algunos creyentes están tan contaminados del mundo que no lo ven tan claro, y por eso se pierden de muchas bendiciones por falta de oración y estudio bíblico.
Cuando entendemos que somos peregrinos, que aquí estamos sólo de paso, y que nuestra meta es el Reino Celestial, una de las consecuencias es la generosidad, pues ¿Para que voy a atesorar cosas que no me puedo llevar a las moradas eternas? Y lo que es peor, en muchas ocasiones esas cosas se vuelven lastres para nuestro avance espiritual, pero si soy generoso al darlas con alegría, esas mismas cosas pueden servir para presentar el Reino de los Cielos a otros.
Es claro entonces, que la generosidad es un don de Dios y que es una virtud que al ponerla en práctica nos permite participar en el avance del Reino de los Cielos en este mundo, en la iglesia y en nuestros corazones, y lo más importante es que se hace visible para muchos, y es importante por que una de los objetivos de la iglesia es hacer visible el Reino de Dios en este mundo.
3. ¿A quién debemos dar?
Debemos dar para la obra de Dios y para que no haya pobreza, y ojalá ni siquiera escasez. Es preciso aclarar que no estamos hablando aquí de buscar igualdad en masa, como lo pretenden sistemas comunistas o socialistas, puesto que sólo Dios puede decidir a quienes da más y a quienes da menos, según su voluntad y propósito para cada uno. El pastor J.C. Ryle nos dejó esta reflexión al respecto:
Arrebata por la fuerza todas las propiedades de Inglaterra en este día, divídelas en porciones iguales entre todos los habitantes. Da a cada hombre mayor de 20 años una parte igual; que cada uno tome una porción equivalente a la de otros; y comienza el mundo de nuevo. Hazlo, y verás dónde te encuentras al cabo de 50 años: Habrás vuelto, simplemente, al punto de donde partiste y encontrarás las cosas tan desiguales como antes. Algunos habrán trabajado y otros estado ociosos; algunos habrán sido siempre despreocupados y otros continuamente diligentes; algunos habrán vendido y otros habrán comprado; algunos habrán despilfarrado y otros habrán ahorrado; y el resultado será que algunos serán ricos y otros pobres. J.C. Ryle (1816- 1900)
Hermanos mientras vivamos en este mundo de pecado habrá desigualdad, sin embargo esa no puede ser una excusa para la avaricia, pues estamos llamados a dar generosa y abundantemente para aliviar las dificultades de nuestro prójimo.
“13Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, 14sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, 15como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos”. 2 Corintios 8:13-15
Existen cuatro áreas básicas para las cuales debemos dar, pero a quién y en qué medida, puede variar según el plan de Dios, a quien debemos consultar en oración y seguir la dirección del Espíritu Santo.
“10Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia”. 2 Corintios 9:10
Este texto nos indica los objetivos de nuestra generosidad, y nos ayuda a responder la pregunta ¿A quien debemos dar?
1. ¿A la Iglesia, el cuerpo de Cristo en la tierra:
“… el que da semilla al que siembra…”
Porque Dios, que es quien “da la semilla” y nos usa como un medio de distribución para entregarla a quienes llevan a cabo su obra y siembran la semilla del Evangelio, y es decir a la Iglesia, quien se encarga de entregar nuestras ofrendas a los que trabajan en la obra de Dios, es decir, pastores, misioneros, maestros, diáconos y demás, y también se encarga de pagar los gastos que implican el lugar de reunión y de hacer donaciones de misericordia a los necesitados.
Aunque el apóstol Pablo nunca quiso ser una carga para nadie y se sostenía con su trabajo fabricando carpas; en el Nuevo Testamento se encuentran las instrucciones que el mismo dio a Timoteo, a los gálatas, a los corintios y a Tito, entre otros, para que se sustentara a quienes trabajaban en la predicación del Evangelio.
“17Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en
predicar y enseñar. 18Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla [1 Corintios 9:9]; y:
Digno es el obrero de su salario [Lucas 10:7]”.
1 Timoteo 5:17-18
El término griego “doble honor”, significa que debemos, tanto respetarlos en nuestro trato, como prodigarles la paga por su trabajo para que puedan vivir de una manera honorable, o como dice Matthew Henry en su comentario, se les debe dar el doble de lo que han recibido antes, o el doble de lo que otros reciben.
Hay una mentalidad muy arraigada en nuestro medio acerca de que los obreros cristianos deben hacer un “voto de pobreza” o, por lo menos ser pobres, pero esto no es bíblico. Por el contrario, la Biblia nos exhorta a sustentar adecuadamente a los pastores, misioneros y maestros para que puedan dedicarse a la obra del Señor, sin preocupaciones ni distracciones, debido a la exigencia de su trabajo, pues sólo los necios piensan que la vida del pastor es fácil y descansada. Es más, las Escrituras nos llevan a un punto más excelso, nos animan a bendecirlos con ofrendas de amor:
“6El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye”. Gálatas 6:6
Si usted lo desea, puede bendecir con una ofrenda a su pastor o específicamente a cualquier otro en su congregación, pero se recomienda hacerlo entregando el dinero dentro de un sobre marcado con el nombre de a quien va dirigida la ofrenda, pero sin poner su nombre como remitente, así quien recibe le dará gracias a Dios y la gloria al Señor, y usted se evitará el orgullo y la vanagloria. Cuando el donante ha orado y ha sido dirigido por Dios para entregar su ofrenda con una destinación determinada, los diáconos de la congregación local deben recibirla y respetar la destinación especificada.
Cuando el pueblo del Señor da según el corazón de Dios y hace el trabajo al que Él lo ha llamado, a la manera de Dios, esas ofrendas de corazón serán suficientes y más que suficientes. ¡La clave es un corazón dispuesto y diligente!
Sabemos de las preocupaciones por el sustento diario, por eso a los diáconos de la Iglesia, se les anima a confiar en la generosidad del pueblo de Dios y a realizar la adoración, las misiones, el evangelismo y toda ayuda, además del mantenimiento del lugar, con los recursos financieros generados dentro de la misma congregación, pues es a través de las ofrendas que los miembros pueden integrarse más al reino de Dios y no debe privárseles de desarrollar la gracia de la generosidad.
También la Iglesia se encarga de que nuestras ofrendas lleguen a los pobres, tanto de nuestra iglesia local, como de otras congregaciones, como leímos en 2 Corintios, e incluso a personas que aun no conocen el evangelio, pero siempre con la aprobación de los ancianos de la Iglesia, quienes reciben la orientación del Espíritu Santo.
Por eso cuando entendemos que confiar en nuestra iglesia local al entregar nuestras ofrendas, favorecemos el avance el Reino de Dios y este se hace visible para muchos. En contraprestación la confianza de los fieles debe generar una mayor responsabilidad y fidelidad en los diáconos encargados de administrar dichas ofrendas.
2. A los necesitados:
A. Los pobres
“9El … misericordioso será bendito, Porque dio de su pan al indigente”. Proverbios 22:9
Pero,
“13El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído”. Proverbios 21:13
Cuando la Biblia habla de los pobres puede referirse a aquellos que no son creyentes o a aquellos que hacen parte de la Iglesia de Cristo. Sea cual fuere, la Palabra nos exhorta a ayudarles, pues “De una manera misteriosa que no podemos comprender totalmente, Jesús, el Creador de todas las cosas, personalmente se identifica a sí mismo con los pobres” (Dayton, 2005, 134).
“34Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”. Mateo 25:34-45
Así que, cuando le damos a los necesitados del pueblo de Dios, le damos a Él, pero cuando no lo hacemos, también se lo negamos a Él. Esto no quiere decir que tengamos que darle a todos los pobres del mundo, pues sería imposible, pero si debemos incluir en nuestro presupuesto una destinación para tener en cuenta estas personas que Dios nos llama con tanta urgencia a ayudar y también a desarrollar tal relación con el Espíritu Santo que podamos descubrir a Jesucristo detrás del pobre necesitado que se nos acerca.
“7Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien;...”. Marcos 14:7
Volviendo nuestro texto en 2 Corintios 9:10, este acto de dar puede denominarse: “10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come…” (2 Corintios 9:10b), puesto que Dios nos da para poder suplir lo más básico que una persona en pobreza pueda necesitar, es decir, para cubrir su necesidad de alimento y abrigo, que según Mateo 6, son las necesidades básicas de un ser humano y para las cuales, Dios provee a través de sus hijos o mayordomos aquí en la Tierra.
Dar a los pobres era una parte natural y consistente en la vida de Jesús y sus discípulos la heredaron, tanto que Pablo dice en su carta a los gálatas cuando anuncia su llamado a los gentiles:
“10Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer”. Gálatas 2:10
¿Es claro para ustedes que cuando nos acordamos de los pobres, el Reino de Dios avanza y se hace visible para muchos?
Con respecto a este tema hay una precisión que debemos hacer y es que debemos pedir al Señor sabiduría al momento de dar, de tal manera que podamos hacerlo según la voluntad de Dios, me explico, si das una ofrenda a un pobre deberías asegurarte que esa ofrenda no será usada para alimentar vicios o mantener una forma de vida alejada de los preceptos del Señor, pues tu ofrenda servirá para que esa persona siga caminando hacia su destrucción.
Como la Biblia es suficiente, podemos recurrir a ella por consejo ante una situación como esta, recordando a Pablo en 2 Tesalonicenses 3:10, donde dice: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”. Podemos entender que, como regla general, no demos a aquellos que no quieren trabajar.
B. Viudas, huérfanos y extranjeros
Para este segmento de necesitados, aplica todo lo que hemos visto en el punto anterior. Dios ha establecido un grupo selecto de personas que debemos tratar con sumo cuidado y que no sólo debemos evitar maltratar a toda costa, sino bendecir a través del trato con ellos y también con nuestras finanzas. Estos son: Las viudas, los huérfanos y los extranjeros.
Este grupo de personas es muy importante para el Señor, pues ellos son ejemplo extremo de desamparo, pues no tienen ninguna protección familiar, por eso tengamos cuidado en como los tratamos.
En el Antiguo Testamento la referencia en cuanto a estas personas es reiterativa y, generalmente, evidencia lo importantes que son para Dios y su protección especial sobre ellos, por eso Dios se compromete con ellos:
“18que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. 19Amaréis, pues, al extranjero;...”. Deuteronomio 10:18-19a
En cuanto a sus derechos, les recuerda:
“19Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén”. Deuteronomio 27:19
Por eso quien entiende que este grupo de personas es un tesoro sumamente delicado para Dios, y es generoso con ellos verá como el Reino de Dios avanza y es visible para muchos.
3. A la familia:
Dentro de la familia existen dos áreas donde podemos y debemos ejercitar nuestra generosidad. Este acto de dar puede denominarse: “10Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera” (2 Corintios 9:10c) porque es la provisión que Dios da para ir más allá de la necesidad básica de nuestros más cercanos. Sin embargo, este destinatario prioritario ha sido severamente descuidado en nuestros días.
A. Cónyuge e hijos
El proveer para nuestra familia nuclear debe ser una prioridad. En la actualidad, es cada vez más común que los esposos fallen en proveerle a sus esposas, descuiden o abandonen a sus hijos y, en general, no suplan para las necesidades de su familia.
“8porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su
casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”.
1 Timoteo 5:8
Cuando entiendas que la familia es el mejor escenario para desarrollar la generosidad, verás como el Reino de Dios avanza y se hace visible para muchos.
B. Honrar padre y madre
De la misma manera, a los hijos ya adultos que se han olvidado de sus padres, la Biblia les condena fuertemente tal negligencia, pues al “17 El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila”. Proverbios 30:17… O como dice otra traducción de la Biblia: “Al que mira con desdén a su padre y desprecia a su anciana madre, que los cuervos del valle le saquen los ojos y que se lo coman los buitres”
No depende de que tan buenos o malos hayan sido los padres, Dios nos mandó a honrarlos, no a juzgarlos. Tampoco podemos pensar que no tenemos que darles porque no les hace falta nada material. Le exhortamos a no pensar así, ni tampoco esperar a que ellos lleguen a momentos de extrema necesidad para honrarlos.
Los padres deben ser honrados por sus hijos en la abundancia o en la escasez, y podemos ir más lejos: Hacer provisión para no dejarlos descuidados si llegamos a faltar primero.
“22Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies”. Proverbios 23:22
Si nuestros padres aún están vivos, considéralo un privilegio, pues debemos honrar a padre y madre, antes que a cualquier compromiso religioso, pues muchos colocan sus tradiciones por delante de todo.
Las personas que no tienen ingresos o finanzas establecidas, no están exentos de honrar a sus padres. Hay diversas maneras de hacerlo. Por ejemplo, un hijo puede honrar a sus padres con parte de sus mesadas. También puede honrarlos colaborando con los diferentes oficios de la rutina diaria en casa, visitándolos si viven independientes o haciendo bien los deberes para beneficio de ellos. Si usted no es fiel con sus padres a quienes puede ver, difícilmente lo será con Dios.
“1Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 2Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 3para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. Efesios 6:1-3
Cuando honras a padre y madre (y a tus suegros) con amor, das para ellos dede tu tiempo y tus finanzas, el Reino de Dios avanza y se hace visible para muchos.
4. Aumento de los frutos de justicia:
Otro renglón de la sociedad con quienes podemos desplegar la gracia de la generosidad es con aquellos que se hallan en esclavitud o que aún no conocen del amor de Dios, que aunque no están en los grupos mencionados anteriormente, pueden necesitar una ayuda eventual. En este caso, este acto de dar “10 …aumentará los frutos de vuestra justicia”. (2 Corintios 9:10d)
En el primer caso, para producir una cosecha de justicia, podríamos usar los recursos financieros para libertar a las personas de la esclavitud de las deudas o, por ejemplo, de un pecado de abuso de drogas.
Pues al darle a los que no son creyentes, podemos abrir una puerta para que, al suplirles una necesidad, en agradecimiento y reciprocidad, se sientan atraídos a oír lo que tenemos que decirles de la palabra de Dios.
“9Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”. Lucas 16:9
Por eso cuando eres generoso con personas que están en problemas, y eso te da la oportunidad de predicarles las Buenas Nuevas de Salvación, el Reino de Dios avanza y se hace visible para muchos.
4. ¿Cuánto debemos dar?
En cuanto a la cantidad que deberíamos dar, la Biblia sólo menciona el quantum del diezmo. Igual que en español, la palabra en hebreo maasér o maasrah, traduce décima parte, y en el griego, la palabra para décima parte es apodekatoo, estos términos significan el pago o dádiva de una décima parte.
En los tiempos del Antiguo Testamento, el diezmo era una práctica casi universal, observada en diferentes pueblos de todo el mundo para ofrecer dádivas a sus dioses. Hay registros de pago de diezmos en la historia de los egipcios, griegos y pueblos de Mesopotamia. Desde esta perspectiva, el diezmo era entendido como un tributo para dar sustento a los cultos y sacerdocios. Así que ese porcentaje prescrito en la ley mosaica, no fue exclusivo de los judíos.
Aunque la mayoría de las personas aprecian que el diezmo u otra ofrenda, sean basadas en un porcentaje por ser algo sistemático y fácil de calcular; esto puede llegar a convertirse en una fórmula matemática, en un pago mensual más o llevarnos a perder el privilegio de ser guiados por Dios acerca de a quien dar cada día y cuánto.
La Biblia dice que se debe ofrendar: 1) según el Señor nos halla prosperado, 2) que nuestras ofrendas serán aceptas según lo que tenemos, no según lo que no tenemos y 3) que la cantidad debe ser lo que cada uno se “propuso en su corazón” (2 Co. 9:7).
Debido a eso, bajo la Gracia, la palabra diezmo se convierte en una referencia simbólica, pero no es una imposición. Por eso no deberíamos usar la palabra diezmo, la cual implica invariablemente un valor estrictamente definido. Más bien, debemos usar la palabra ofrenda (en hebreo minkjá[1], que significa tributo, presente, sacrificio) o dádiva de amor, pues ofrendamos por gracia, una gracia que Pablo llama generosidad, y esta generosidad no se mide en forma aritmética, pero si en la intensidad del amor.
“12Porque si primero hay la voluntad dispuesta, [la ofrenda] será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene”. 2 Corintios 8:12
¿Debemos dar nosotros? ¡Si, benévola, generosa y abundantemente!
Entonces, ¿cuánto debemos dar? Si una condición es entregarnos primero nosotros mismos, si somos de Dios, entonces lo que Él nos ha dado para administrar también es de Él, es decir, la proporción para dedicar al Señor, según la gracia, es el 100%. Al menos esa debe ser nuestra meta, y una excelente manera de lograrla es trabajando en el objetivo de vivir con unas “finanzas cerradas” como lo vimos en la enseñanza 13: Planeando el futuro, Terminando bien la carrera.
Por eso si quieres ver como el Reino de Dios avanza, dedícate a buscar la voluntad de Dios para esta área de tu vida, ordena tus finanzas de manera que puedas ofrendar el máximo posible y así el Reino de Dios será visible para muchos.
5. ¿Por qué dar?
La Palabra nos enseña sobre el cómo, a quien y cuánto dar, haciendo énfasis en que no se trata de fórmulas, sino de amor por el Señor y por nuestro prójimo, se trata de sabiduría bíblica.
Sea cual sea la cantidad a dar, lo importante es nuestra verdadera motivación y lo que hay en nuestro corazón porque “donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).
Dar a la obra del Señor debe ser motivado por nuestro amor a Dios y según su dirección, recordando en todo momento que somos sus mayordomos o administradores y que nada nos pertenece. Somos libres para dar libremente, pero no se nos exime de la obligación de dar. Aún así, Dios ha prometido bendecir a quienes dan con generosidad.
1. Dar
es una bendición para el que da porque aumenta su intimidad con Cristo.
2. Dar es una bendición para el que da porque madura su carácter como mayordomo o administrador de los recursos del reino de Dios.
Realmente la única manera en que podemos conformarnos a la imagen de Jesucristo es dando, así como Él dió toda su vida por los escogidos. Todos necesitamos que el Espíritu Santo nos muestre nuestro corazón egoísta y que el Señor nos ayude a mortificar ese pecado.
“ 26…Pero el justo da, y no detiene su mano”. Proverbios 21:26b
“No detiene su mano”, es decir, da con generosidad y permanentemente, por eso los justificados (por la fe) en la Gracia, dan porque es su naturaleza, la naturaleza generosa de nuestro Padre, quien nos conforma a su Imagen.
3. Dar es una bendición para el que da porque aumenta sus tesoros en el cielo. ¡Dios no quiere nuestro dinero! De todas maneras todo es de Él. Somos nosotros quienes lo olvidamos. Quizás la sepultura es un buen recordatorio de ese hecho. ¿Cuánto de lo que cree que es suyo le va a pertenecer al otro lado de la tumba? Algunos de nosotros nos asombraremos de nuestra futilidad y de lo poco que hemos reunido en esta vida. No es tarde para comenzar a reunir tesoros que serán suyos en el cielo (Mateo 6:20).
“17 No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta”. Filipenses 4:17
Lo que el apóstol Pablo quería decir es que no estaba buscando conseguir más ofrendas, sino que estaba tratando de aumentar el crédito de ellos en los tesoros en el cielo.
4. Dar es una bendición para el que ofrenda porque el que ofrenda, es más bendecido.
“24 Hay quienes reparten, y les es añadido más;…” Proverbios 11:24a
Estos son los que con gozo dan a manos llenas y siempre reciben más de lo que dan, pues…
“25 El alma generosa será prosperada;…”. Proverbios 11:25a
Cuando nosotros nos convertimos en un instrumento en las manos de nuestro Dios para bendecir su creación y avanzar su Reino, nosotros mismos somos bendecidos.
En verdad es mejor dar que recibir, así lo hizo nuestro Señor Jesucristo.
“35En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”. Hechos 20:35
Hay un grandioso versículo en 2 Corintios 9, en donde el apóstol Pablo se dirige a nuestros temores humanos. Al enfrentarnos con el reto de ofrendar con liberalidad, quizás seamos tentados a pensar: Pero, ¿qué tal si repentinamente nos encontramos con tiempos difíciles? ¿Qué tal si no estuviera otra vez en la posición de adquirir ciertas cosas que me gustaría tener? y ¿qué tal si mi ingreso me llegara a faltar? A pensamientos semejantes a estos, Pablo dice:
“8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. 2 Corintios 9:8
Dios cuidará de nosotros y nos dará toda gracia para que siempre tengamos lo suficiente, (fíjese bien, no demasiado, sino lo suficiente), para agradar al Señor, para servirle y para crecer en la gracia. Ésta no es una promesa de recompensa material por nuestra mayordomía, sino una promesa de gracia, la cual es un favor de Dios.
Por eso cuando tu eres generoso y ofrendas con una actitud correcta, a quien es debido y donde Él mismo te ha dirigido, Dios te deja ver el avance de su Reino, tanto a ti, como a muchos otros que ven el fruto de un corazón rendido al Señor.
Recuerde: El Señor dijo: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Así como Aquel que lo llamó, es un Dios en extremo generoso, un fiel mayordomo del Señor da con alegría... “Tal es la generación de los que le buscan,...” (Salmos 24:6).
Llamado al arrepentimiento
He conocido a muchas personas muy generosas, que se quitan el pan de la boca para alimentar a los demás, personas que son llevadas por sus sentimientos a crear fundaciones de ayuda a los necesitados, y eso en principio está bien, pero también he visto que muchas de ellas, por su corazón pecador y en su ignorancia bíblica, recorren un camino meramente humano, alejados de Dios, pero pensando que están haciendo el bien, y, ellos mismos, observando sus obras tienen muchas razones para reafirmarse en que están por el camino indicado… Pero ese es un camino de obras, que calma el hambre por un momento, pero no es el Camino, la Verdad y la Vida, que nos lleva a ese Pan que sacia eternamente.
Si tú eres de aquellos que te crees bueno porque das a manos llenas, y ves con orgullo como tu ayuda sirve a los demás, pero con ese activismo ocultas tus pecados, te pido en el nombre del Señor que te arrepientas, que llegues delante de Él de rodillas en oración y súplica para que te limpie de todos tus pecados, no sea que sigas engañado por unas aparentes buenas obras, que te están llevando por el camino de la perdición.
Y después de arrepentirte, persiste con humildad en dar generosamente y no sólo el pan que sacia por un día, sino que compartas el evangelio que es Pan de vida que sacia eternamente, bien lo dijo Spurgeon: “Evangelismo es simplemente un mendigo, diciéndole a otro mendigo donde encontró su pan”.
Para terminar y resumir, recordemos el amor de Jesús, que fue muy generoso sanando a los enfermos, y dando de comer al hambriento, pero también les predicó las Buenas Nuevas de Salvación, es decir, el evangelio y como la mayor muestra de su amor dió su vida por los pecadores.
Y si nosotros, primeramente viviendo una vida de arrepentimiento, damos de comer al hambriento y predicamos el evangelio, veremos como el Reino de los Cielos avanza y es visible para muchos.
Legado para mis hijos
Aunque la generosidad es un don de Dios, este se ejercita, en primer lugar, en el hogar. Los padres deben practicar la generosidad delante de sus hijos y hacérsela notar para que ellos se acostumbren y, posteriormente, la practiquen. Con ejemplos claros, pueden dirigir el corazón de los hijos hacia la disciplina de dar.
Como padres, debemos motivar a nuestros hijos hacia la generosidad, exponiéndoles situaciones en donde ellos mismos pueden ejercer voluntariamente la generosidad con su dinero, juguetes, ropa, libros, tiempo, cariño y buenos tratos para que ellos actúen, con iniciativa personal, en ayudar a los demás.
Es muy importante hacerles ver a los hijos que ejercitar la virtud de la generosidad no se debe dejar para cuando las cosas marchen bien o tengamos excedentes, sino que es necesario ejercitarla habitual y sacrificialmente. Se les debe acostumbrar a que sean generosos en todas las áreas, no sólo con el dinero, sino también con la administración de su tiempo dedicado a la oración, al estudio, a la familia y a la Iglesia. Además, enseñarles a actuar a favor de otras personas, sin esperar nada a cambio.
Es notorio ver que las personas que han tenido carencias económicas son las que con mayor facilidad dan sacrificialmente a quienes están en necesidad, esto se debe a que han pasado por situaciones similares. Es muy posible que si su familia está pasando por una época de escasez este sea un tiempo en el cual el Señor está preparando sus corazones para ser más generosos, por eso dele gracias a Dios por ese tiempo difícil y pídale que le otorgue el don de la generosidad, a usted y a sus hijos, igual que a los Macedonios en 2 Corintios 8.
Inculcarles a nuestros hijos la generosidad, no es tarea fácil dado el mundo en el que vivimos, en el cual los hombres desean todo fácil e instantáneamente, donde el hedonismo (Exaltación del yo y del placer) rige las mentes a través de los medios de comunicación y el ser humano es cada vez más egoísta, pero aún así, es nuestra tarea delante de Dios.
OREMOS
Amado Padre celestial danos ese don, esa virtud, de dar con alegría y con sabiduría, abre nuestros ojos para ver tu gloria, y que así podamos ver el avance de tu Reino en esta tierra, y que muchos más lo puedan ver al recibir de nosotros no sólo el pan que alimenta un día, sino el Pan de vida que sacia para siempre.
Danos la capacidad de usar las riquezas injustas para aumentar los frutos de justicia, es decir, que dando generosamente lo material lo acompañemos con la Verdad del Evangelio, de tal manera que en tus manos se puedan perfeccionar nuestras deficientes ofrendas añadiendo a otros a tu Reino, y así veamos como tu Reino avanza en esta tierra, y veamos con nuestros propios ojos que “las puertas del Hades no prevalecerán” pues tu poderosa Palabra vence cualquier iniquidad.
Te damos gracias Padre, por mostrarnos esta sencilla pero poderosa verdad acerca de la generosidad, y que la podamos conocer como una virtud que sacia al hambriento, y que protege al generoso pecados como la avaricia y la codicia, y que practicando esa virtud, veremos como el Reino de Dios avanza en esta tierra.
Gracias Señor por tu amor y tu misericordia, en el nombre de Jesús hemos orado.
Amén.
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