17. Diligencia en el trabajo - Parte 1
17.
Diligencia en el trabajo - Parte 1
“22Así,
pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su
trabajo, porque ésta es su parte;...”. Eclesiastés 3:22
OREMOS
Diligencia en el trabajo
El
problema del hombre es que el trabajo también ha sido manchado por el pecado,
sin embargo, de ninguna manera lo podemos llamar maldición, sino todo lo
contrario, y esa será la mejor cosa para el hombre,
que aprenda a alegrarse en su trabajo.
Si nuestro trabajo es honesto, podremos disfrutar tranquilamente del fruto de nuestras manos, y eso nos ayudará a vivir en contentamiento, pues será de mucho gozo ver que Dios ha prosperado la obra de nuestras manos.
Como resultado de ver el trabajo como realmente es, es decir, como una bendición, nuestra vida nunca será una carga difícil de llevar, primeramente porque Cristo ya ha cargado con la maldición del pecado, y además porque, el Señor nos ha dado muchas bendiciones para que, aun en este mundo caído, podamos vivir en contentamiento disfrutando de lo que Él nos provee a través del trabajo. Para lograr eso vamos a profundizar en como Dios ve el trabajo, y como siempre lo entenderemos desde la Biblia.
Es por eso que trabajar con diligencia es una característica fundamental de un fiel mayordomo o administrador de los tesoros del Reino de Dios aquí en la tierra. No somos diligentes en el trabajo para ser salvos, más bien somos salvados para trabajar con diligencia, pero necesitamos la gracia constante de nuestro Dios para lograr este propósito y entender lo que esto significa, para que la gracia de la salvación y la justificación produzcan en nosotros diligencia en el trabajo porque ésta es una de las tres maneras legítimas (además de las ofrendas –donaciones, regalos y herencias– y el ahorro) que Dios ha designado para entregarnos la provisión.
En esta primera parte veremos las bases bíblicas del trabajo, y los enfocaremos desde tres puntos de vista: 1) Perspectiva del mundo acerca del trabajo, 2) Perspectiva bíblica del trabajo y 3) Propósitos bíblicos del trabajo… y Dios mediante en la próxima enseñanza veremos las aplicaciones bíblicas: 4) Responsabilidad de los empleadores, 5) Responsabilidad como empleados y 6) Últimas notas sobre el trabajo y 7)Legado para nuestros hijos.
Veamos
entonces como podemos definir el trabajo.
1. Perspectiva del mundo acerca del trabajo
Muchos en el mundo de hoy, ven el trabajo desde dos puntos de vista equivocados: Algunos no valoran el trabajo, y otros son adictos al trabajo.
A. No se valora el trabajo
En primer lugar, no se valora el trabajo, ya sea porque algunas personas son mentalmente desorganizadas, tienen deficiencias en su voluntad, no aprendieron el valor del trabajo en el propio hogar porque sus padres no exigieron de ellos ningún esfuerzo o responsabilidad, o por la molestia manifiesta por la queja cotidiana de su padre por tener que trabajar.
También puede ser que, por la filosofía posmodernista imperante con su exaltación del placer y anhelo de hacerse rico rápidamente, muchos no quieren trabajar y, más bien, aspiran conseguir “dinero fácil”, a través de juegos de azar, fraudes, inversiones arriesgadas, e incluso, prostitución (física o virtual) o negocios ilícitos como el narcotráfico, entre otros. La pereza y la vagancia en este mundo facilista y pragmático se han vuelto conductas comunes, que como mencionamos antes, van en clara contravía de la mayordomía bíblica.
En este momento hay cada vez menos jóvenes que desean prepararse para la economía real, es decir, para generar o comercializar productos, bienes y servicios tangibles, que es lo contrario a la economía financiera, que se enfoca en la gestión de activos financieros, como acciones, bonos, préstamos, etc.
En la economía financiera es común la práctica de la especulación, la cual podemos definir como la obtención de beneficios a través del comercio de bienes reales o intangibles, sin añadir plusvalía. El negocio es comprar a un precio y vender por un precio mayor, sin importar que tipo de producto está comercializando.
Por otro lado hay jóvenes que tienen como meta hacerse ricos siendo influenciadores, o lo que es peor vendiendo su cuerpo a través de una cámara de video.
Nuestra cultura está plagada de refranes que se repiten una y otra vez en nuestro discurso cotidiano como fruto de lo que pensamos y creemos, como por ejemplo: “Trabajar es tan desagradable que le pagan a uno” o “lo mejor del trabajo son las vacaciones”, entre muchos otros.
Incluso, este desamor al trabajo puede ser disfrazado con ideas falsamente piadosas, las cuales no son nuevas, recuerden la mala conducta de algunos creyentes de Tesalónica que entendieron mal las palabras de Pablo, “y andaban desordenadamente” (v. 6) pensando que si Jesús volvía pronto, no había necesidad de trabajar. Se dedicaron a andar de casa en casa, comiendo y bebiendo a costa de los hermanos, a los cuales Pablo recomendó: “A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (2 Tesalonicenses 3:12), es decir el pan que se ganen por su trabajo, y en el versículo 10, les dice drásticamente: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”. El autor se refiere a los que no quieren trabajar, pues si no, se restringiría mucho el campo de la generosidad cristiana. Si una persona quiere trabajar, pero “no puede” porque no encuentra trabajo, tiene problemas de salud o le faltan los documentos apropiados, debe recibir tu ayuda, dentro de tus posibilidades. Este principio es para aquellos que “pueden” trabajar, pero “no quieren” hacerlo. Para estos que quieren vivir a costa de los hermanos, Pablo recomienda: “...no os juntéis con él, para que se avergüence” (2 Tesalonicenses 3:14), está repitiendo la orden del verso 6: “que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente”… Si se repite, debe ser importante.
Y todavía subsisten, en la mente de muchos cristianos, algunos restos del pensamiento griego (Platónico), que influenció la Iglesia del primer siglo y se fortaleció en el Medievo, de que el trabajo es el castigo por el pecado original y que el ideal del ser humano es dedicarse solamente a los intereses del espíritu. Calvino, en su Comentario a Lucas 10:38-42, acerca de Marta y María dice: “Es un error el afirmar que aquellos que huyen de los asuntos del mundo y se dedican a la contemplación están llevando una vida angélica...”. Este error parte de una visión dual del ser humano que pone en oposición el espíritu (o alma) y el cuerpo. Ésta no es una visión bíblica, sino más bien asceta[1] estoica[2] basada en una inadecuada interpretación del capítulo 3 del libro de Génesis.
Este profundo sentir se evidencia, incluso, en canciones populares como El negrito del Batey de Medardo Guzmán que dice: “El trabajo es para mí un enemigo, el trabajar se lo dejo sólo al buey porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”. ¡Esto es falso!
Por el contrario, la Biblia dice que:
“2Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien”. Salmos 128:2
En Proverbios 6:6-11, la Palabra usa el ejemplo del trabajo esforzado de la hormiga y la recompensa que obtiene, pero le llama la atención al perezoso y le advierte las consecuencias de su actitud. La Biblia es pródiga al condenar la pereza en repetidas ocasiones.
“27El indolente ni aun asará lo que ha cazado; pero haber precioso del hombre es la diligencia”. Proverbios 12:27
“9También el que es negligente en su trabajo es hermano del hombre disipador”. Proverbios 18:9
“18Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa”. Eclesiastés 10:18
De hecho, Ezequiel 16:49 aclara que Sodoma era inmensamente rica, lo cual la llevó a llenarse de soberbia; a menospreciar el valor del trabajo y a estar en ociosidad. Esto desembocó en otros pecados como la homosexualidad; la violencia y la indiferencia con los necesitados, por lo cual atrajo el juicio de Dios. Es evidente el peligro de la ociosidad y la negligencia. En nuestra cultura se dice popularmente que “la ociosidad es la madre de todos los vicios”.
“49 He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso”. Ezequiel 16:49
Por el contrario, la vida de Pablo es un ejemplo de trabajo duro, lo cual le da autoridad para exhortar:
“6Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 7Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 8ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; 9no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. 10Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 11Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. 12A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”. 2 Tesalonicenses 3:6-12
Y volviendo a Salmos 128:2: “Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien”. Lutero en su Exposición de Salmos dice: “Vuestro trabajo es un asunto muy sagrado. Dios se deleita en él y a través de él desea conceder su bendición sobre vosotros”.
Debemos “trabajar lo suficientemente duro como para que la gente nunca relacione la pereza y la mediocridad con Dios” (Dayton, 2005, 166). No podemos esperar que todo nos llegue sin esfuerzo. Debemos recordar que el cristianismo no es el sombrío fatalismo ni el determinismo de las religiones paganas que con una estoica resignación, piensan que Dios dará lo que Él quiera. Por el contrario, la cosmovisión cristiana es la única con un equilibrio perfecto entre la Soberanía de Dios y la Responsabilidad del hombre. Por tanto, debemos hacer nuestra parte y ser diligentes en nuestro trabajo porque Dios sabe hasta dónde podemos dar y llegar. No se nos pide que seamos “supertrabajadores” o personas que nunca cometen errores. Más bien, el Señor espera que hagamos lo mejor que podemos hacer.
B. Adicción al trabajo
En segundo lugar, está la posición opuesta. Trabajar en exceso se ha convertido en una epidemia en nuestra cultura occidental. Esta conducta es generada por la ambición, por querer llenar vacíos en una existencia desbalanceada emocionalmente, por falta de fe o por no entender el orden de prioridades de Dios para nuestras vidas que son, primeramente, nuestra relación con Él: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33) y seguidamente, nuestra familia.
“Si nuestro trabajo nos quita tanto tiempo y energía a tal punto, que lleguemos a descuidar nuestra relación con el Señor o con nuestra familia, entonces estamos trabajando en exceso” (Dayton, 2005, 166). Pero el trabajo equilibrado es necesario y la Biblia nos anima a trabajar duro y a ser diligentes:
“10Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. Eclesiastés 9:10
Con su ejemplo, Dios exige un equilibrio en nuestra vida. Él mismo descansó el séptimo día, después de seis días de creación (Génesis 2:2). Por lo tanto, el hombre debe hacer lo mismo.
“21Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás”. Éxodo 34:21
Aunque pareciera difícil lograr este equilibrio con los afanes de los días actuales, más la presión y competencia laboral, cuando el trabajo se ha llevado a la casa a causa de los adelantos tecnológicos y se hace muy complicado separar el tiempo del trabajo y el del hogar, el día de reposo debe convertirse en un asunto de fe al creer que Dios puede hacer nuestros seis días de trabajo lo suficientemente productivos para suplir todas nuestras necesidades aun reposando el Día del Señor. Al no entender esto, muchos están enfermos por la ansiedad y afligidos (lo que la psicología llama estrés y depresión), por una fuerte presión de trabajo y por falta de reposo. Para evitar esto, el Señor instituyó el descanso semanal para nuestra salud física, mental y espiritual.
Al respecto, Calvino insistía que “es necesario proporcionar un día de descanso a los trabajadores, que es el [reposo] cristiano –el domingo– conforme a su interpretación del Cuarto Mandamiento (Éxodo 20:8-11). El descanso físico, por lo tanto, está íntimamente ligado al descanso espiritual: Sin Cristo, no hay descanso verdadero el domingo. Es por esto que Calvino veía la profanación del domingo como el origen de la corrupción del trabajo. Según él, es necesario descansar de nuestras labores como Dios descansó de las suyas” (Lopes, 2009, 122).
“4Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día”. Hebreos 4:4
Así, el lema de Dios podría ser: Trabajo duro con descanso apropiado. El trabajo no puede convertirse en el fin último y único de nuestras vidas. El fiel mayordomo cristiano debe saber balancear, en justa medida, el tiempo y los esfuerzos empleados en el trabajo, descanso y vida espiritual, de manera que tenga una vida equilibrada.
Tanto la desvalorización como la adicción al trabajo, tienen la misma idea en común de que el trabajo es una maldición, dado que la perspectiva divina sobre el trabajo se perdió a causa de la Caída.
Moisés mismo, al liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, tuvo que enseñarles a través de los Mandamientos dados por Dios, en primer lugar, Quién era el verdadero Dios y, seguidamente, el valor que Él les daba. Habían sido esclavos por más de 430 años. Cada generación durante este tiempo experimentó el trabajo forzado, el maltrato en todas las áreas, física y emocional, casi desde que nacían. Pero, por más extraño que parezca, estaban tan acostumbrados a esto que más tarde dirían: “18..¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto!...” (Números 11:18; Éxodo 14:12 y 16:3).
Por esta razón, Moisés debió enseñarles, primeramente, que los dioses de Egipto eran falsos y mostrarles al Dios verdadero, quien había creado al hombre con una alta estima a sus ojos por haber sido creado a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). Pero, ¿qué perspectiva del trabajo puede tener un pueblo esclavo? Moisés debe empezar entonces, a cambiar la cosmovisión de este pueblo esclavo por una cosmovisión correcta y continúa ahora con la cosmovisión sobre el trabajo mostrándoles el claro significado y propósito de Dios con éste como una bendición, primeramente en Génesis 1 y 2 con el Mandato de dominio cultural en el Jardín del Edén y, seguidamente, en el Cuarto Mandamiento.
Aunque por la Caída, el mundo continua teniendo una perspectiva o cosmovisión tergiversada del trabajo, la buena noticia es que, como dice Gálatas 3:13, aquellos que hemos tenido un verdadero arrepentimiento y hemos creído en Cristo, hemos sido rescatados de toda maldición, entonces, para los creyentes, Cristo ha recuperado la dignidad original del trabajo.
La
regeneración espiritual del hombre por el evangelio de Cristo debe dar como
resultado una transformación tal, que Dios, a través de él y su trabajo, gobierne la tierra para su Gloria y en beneficio del
propio hombre.
2.
Una perspectiva bíblica sobre el trabajo
“15Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. Génesis 2:15
Lastimosamente, durante siglos, con el dominio del catolicismo romano, la dignidad original del trabajo se fue diluyendo de nuevo. Eusebio[6] (263 - 339), en el siglo IV, escribía: “Dos formas de vida fueron dadas por la ley de Cristo a su Iglesia. Una es sobrenatural y sobrepasa la forma de vida común... Completa y permanentemente se separa de la vida común y ordinaria de la humanidad, y se dedica sólo al servicio de Dios... Esa es la forma perfecta de vida cristiana. Y la otra, más humilde, más humana, permite a los hombres... dedicarse a la agricultura, al comercio y a otros intereses más seculares, al igual que a la religión... Y una especie de piedad de segunda clase se les atribuye”[7]. Esta es una distorsión corregida por la Reforma del siglo 16.
Pero
los reformadores presentaron una visión radicalmente distinta del trabajo y le
transmitieron de nuevo, la verdadera identidad y el real propósito desde las
Escrituras, al igual que más tarde los puritanos, quienes
se dedicaron, mayormente, a las actividades agropecuarias, al comercio y a la
ciencia, a las cuales prodigaron muchos avances.
“Sólo Dios alimenta al hombre y
de Él vienen las fuerzas y las condiciones para que
el hombre trabaje y, con su sudor, compre su pan. De modo que el trabajo es
eminentemente digno, pues es la realización de la voluntad de Dios para el
hombre. Asimismo, el hombre no se realiza plenamente si no trabaja, pues fue
para esto que fue creado y llamado a su vocación, conforme a lo escrito en Génesis 1 y 2. El pecado arrebató la alegría y el gusto que acompañaba el trabajo
en el principio. La caída
introdujo en el mundo y en la sociedad humana los trastornos sociales
relacionados con el trabajo (Génesis 3), pero en Cristo, el hombre reencuentra la alegría y el gusto en sus labores” (Lopes, 2009, 122).
La
ética protestante del trabajo
Pero antes, Calvino, en nombre
de la Reforma y como uno de sus mejores teólogos y expositores, mostró a los
hombres de todos los tiempos, el único fundamento firme para una
vida financiera verdaderamente libre, la palabra de Dios, pero no puede
esperarse que sus conceptos económicos sean escuchados por un pueblo que
rechaza su teología de la mayordomía inscrita dentro del marco bíblico.
, y más parecido al fraude de la
actual doctrina de la prosperidad.
3.
Propósitos bíblicos del
trabajo
En
primer lugar, porque el trabajo es una manera de adorar a Dios y mostrarle
gratitud por su amor hacia nosotros. Para el mayordomo cristiano, la principal
razón del trabajo debe ser la adoración a Dios,
pues las Escrituras nos revelan que en nuestro trabajo servimos al Señor y no a
los hombres:
Una segunda razón es la vocación o tarea particular que Dios ha dado a cada uno, por la cual demanda un resultado, según su Decreto divino.
“10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano
para que anduviésemos en ellas”. Efesios 2:10
“5no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de
nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene
de Dios”. 2 Corintios 3:5
Dios
nos ha concedido tanto dones espirituales como naturales.
Dones naturales Dones espirituales
Congénitos: Herencia genética Concedidos por el Espíritu Santo
Capacitación
mental y física Capacitación espiritual
Universales
(Todos los poseen) Particulares (Sólo los redimidos los poseen)
Pertenecen
a la persona Propiedad del Espíritu Santo
Controlados
por el individuo Controlados por el Espíritu Santo
Usados para fines personales Usados “para provecho” del cuerpo de Cristo
Glorifican
al hombre Glorifican a Dios
“18Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas,...”.
Porque el Señor, no sólo nos dio la naturaleza como materia prima, sino que nos ha dado la capacidad mental y física para producir las riquezas y usarlas.
Como ciudadanos del cielo, debemos comportarnos como tales en cualquier lugar y cualquier circunstancia según nuestra ciudadanía celestial, de esa manera podemos entender que no hay dos mundos, el cristiano y el secular. Donde Dios nos ha puesto, en un ministerio, como empleado, como empleador o en el hogar, estamos sirviéndole a Dios. “Lo importante aquí es ver que el llamado de Dios a una vocación santa llega a todos los lugares de la vida. ¡Dios coloca estratégicamente en el mundo a todos y cada uno de sus hijos!” (Dayton, 2005, 173). Así que lo relevante no es en qué trabajamos, sino qué tan fieles somos al Señor en esa tarea que nos ha asignado.
Calvino y otros reformadores ayudaron a retirar la distinción entre lo sagrado y lo secular. Ellos entendieron que una persona podía servir a Dios en cualquier área o labor (obviamente según su diseño o rol) y glorificarle. Calvino se reunió con muchos líderes, empresarios, impresores y mercaderes de su tiempo y no deshonró ningún llamado legítimo. Al respecto, William Perkins (1558-1602), uno de los teólogos puritanos más relevantes, señalaría: “La acción de un pastor que guarda las ovejas... es tan buena obra ante Dios como la acción de un juez que dicta sentencia, un magistrado que gobierna o un ministro que predica”.
Así, la obra de Cristo ennoblece todo buen trabajo lícito y llama a sus seguidores a ser líderes en todos los campos.
“Vocación es el llamado de Dios para una vida de servicio. Gardner toma la palabra vocación, no en su sentido popular de aptitud, habilidad para determinada actividad, [sino] manifestando que la opinión de toda vocación es una dádiva de Dios y debe ser realizada con esa conciencia” (Sobrinho, 1990, 108).
Antes de Calvino y La Reforma Protestante, se pensaba que la doctrina de la vocación o el llamado era sólo para el clero. Sin embargo, su posición respecto al trabajo como inherentemente dignificado por nuestro Creador, elevó todas las disciplinas y vocaciones legítimas al estado de santo llamado. Un hombre podía, tras La Reforma, ser tan llamado a la medicina, al derecho o a labrar la tierra, como un pastor era llamado a servir a la Iglesia. E incluso, Calvino resaltó la dignidad que la Biblia le da a la labor de ama de casa, considerándola igualmente, como la vocación o el llamado de Dios a la mujer. Al respecto, William Perkins añade que la gente puede servir a Dios “en cualquier clase de vocación, aunque sea barrer la casa o guardar ganado”.
Otro puritano, Richard Steele[15] (1629-1692), en un texto llamado de manera bien significativa The Trademan ́s Calling (La vocación del comerciante), afirmó que en el comercio “se puede esperar de la manera más confiada la presencia y la bendición de Dios”. Por su parte, John Dod[16] (1549 - 1645) y Robert Cleaver[17] (?-1613) volverían a ese tema afirmando que “el gran y reverendo Dios no despreció el comercio honrado... por humilde que fuera, sino que lo coronó con su bendición” y, como señalaría un panfleto publicado a finales del siglo 17 en Inglaterra, con el revelador título de Paul the Tentmaker (Pablo, el fabricante de tiendas), el protestantismo había impulsado un “deleite en los empleos seculares”.
“Calvino enseñó que cualquier área del trabajo –el hogar, la agricultura, la enseñanza, el gobierno, los negocios– podía ser un llamado válido de Dios, tan sagrado como servir en un ministerio. Éste fue un cambio radical en la cosmovisión, el cual, en última instancia alteraría muchas economías, culturas y vidas humanas” (Hall, 2009, 98).
Por
lo tanto, el trabajo diario es una acto de alabanza a Dios, quien le llamó y le
capacitó para hacerlo.
3. Formación del carácter
En tercer lugar, desarrollar estos dones o talentos es, además de honrar a Dios, una forma de desarrollar nuestro carácter hacia la estatura de la plenitud de Cristo. La diligencia en el trabajo, además de ser una característica de un mayordomo cristiano, ayuda en la formación de las demás características.
“A
medida que un constructor edifica una casa, la casa, a su vez, edifica al
constructor. Su habilidad, diligencia, destreza manual y su juicio se están refinado en la medida en la
que trabaja... Un trabajo no es solamente una tarea que hay que cumplir para
recibir una paga; su propósito es también crear y edificar el carácter de Cristo en la vida del trabajador” (Dayton, 2005, 163-164).
En cuarto lugar, aunque para la sociedad actual, el principal propósito del trabajo es la subsistencia, ésta es la menos importante en la escala de Dios, pues Él es nuestro proveedor y tiene la Soberanía para designar el canal a través del cual darnos la provisión y ha elegido al varón como sacerdote del hogar para este menester, salvo casos muy excepcionales (Efesios 5:29). Ante esto, su exigencia es bastante estricta.
“8Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su
casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”.
1 Timoteo 5:8
Para ser canales de provisión, Él utiliza nuestros dones o talentos y, a veces, las habilidades desarrolladas, si están alineadas con su diseño, a fin de llevar a cabo el trabajo que nos ha encomendado y, como consecuencia secundaria, entregar el sustento.
“18Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla [Dt. 25:4]; y: Digno es el obrero de su
salario [Mt. 10:10 y Lc. 10:7]”.
1 Timoteo 5:18
Por
esta razón, es necesario entender el trabajo como una bendición para nuestra
manutención.
“15Por tanto, alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol”. Eclesiastés 8:15
“7Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios… 9... porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol”. Eclesiastés 9:7, 9
Para
el mayordomo cristiano el trabajo es también una forma que
Dios usa para proveer los recursos para la consolidación y la expansión del
Evangelio en todo el mundo. Sin una visión misionera impulsada por el amor, el
trabajo se limitaría solamente a un medio para proveer la subsistencia. Por
eso, este que es un medio de realización personal, debe tener como fruto una
genuina solidaridad humana, pero si pierde su dimensión trascendente, también se pierde la dimensión más elevada de su responsabilidad.
“7Cada uno dé como
propuso en su corazón: no
con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en
vosotros toda gracia, a fin de que,
teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;… 10Y
el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra
justicia, 11para que estéis enriquecidos en todo para
toda liberalidad, la
cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. 12Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; 13pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al
evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y
para todos; 14asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa
de la superabundante gracia de Dios en vosotros”. 2 Corintios 9:7-8, 10-14
6. El éxito
En
la sociedad actual, la valoración del éxito personal es demasiado
grande, tanto que muchos piensan que para ser exitosos deben hacer lo que sea
en sus propias fuerzas sin importar el cómo, es por eso que vemos artículos titulados: “Logre
el éxito en 12 pasos” o “sea un
emprendedor exitoso”.
Aunque todos tenemos responsabilidades delante de Dios con nuestro trabajo, por eso debemos hacerlo en excelencia, y reconocer que es Él quien da el éxito y controla los ascensos, según su voluntad y para su gloria y no para el orgullo humano. La vida del patriarca José es un claro ejemplo.
“2Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. 3Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano”. Génesis 39:2-3
No depende de sus habilidades, de su propio esfuerzo, de su simpatía, de tener alguien que le ayude o interceda a favor suyo, de tener amistades en escenarios estratégicos o de su jefe. El éxito o ensalzamiento proviene, absolutamente, de la mano de Dios.
“6Porque ni de oriente ni de occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento. 7Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece”. Salmos 75:6-7
El éxito no debe limitar la perspectiva del cristiano. Cuanto mayor es el éxito, más se amplía la perspectiva bíblica del creyente para comprender que “en el reino de Dios, la recompensa por un trabajo bien hecho, es más trabajo” (Barclay, 1983). Por esta razón, debemos entender que “el llamado de Calvino al trabajo duro, no necesariamente equiparaba el éxito o la prosperidad con la bendición divina” (Hall, 2009, 98).
Respecto a esto último, es necesario aclarar que el éxito no siempre es sinónimo ni evidencia absoluta de estar haciendo la voluntad preceptiva de Dios. Porque un proyecto tenga "éxito", en el sentido humano, no quiere decir que sea el resultado de hacer la voluntad expuesta de Dios. Pensar así es pragmatismo. Algunas cosas que están por fuera de lo que Dios ha mandado o le agrada, pueden tener éxito por cierto tiempo, pero aquí o allá, sólo se nos pedirá cuentas por obedecer los mandamientos del Señor.
En resumen, la perspectiva bíblica nos debe hacer pensar en cómo debe afectarnos
el hecho de que el propósito de Dios con el trabajo sea su propia adoración y
gloria; desarrollar la vocación o el llamamiento que Él mismo nos ha hecho; formar nuestro carácter a su
imagen; proveernos para nuestra subsistencia; hacer crecer su Reino y ser
reconocido como el único que puede prodigarnos el éxito.
Llamado
al arrepentimiento
Si
tienes éxito en las cosas materiales te pido que tengas mucho cuidado, no digo
que esto sea malo, pero si te pido que revises tu vida, que con sinceridad
confieses ante Dios tu pecado y que te arrepientas de corazón, no sea que las
riquezas te anestesien y estés bajando tranquilo al infierno, pues los bienes
materiales no le aseguran a nadie la salvación, sólo Cristo salva, corre a
Cristo, aun estás a tiempo.
Oremos
Ayúdanos Señor para que en el trabajo, como en todas las áreas de nuestra vida, seamos irreprensibles, que nadie blasfeme tu nombre por nuestras acciones, que podamos ser laboriosos, que nuestro esfuerzo en el trabajo sea constante, que seamos efectivos, honestos, puntuales, disciplinados y comprometidos con nuestro trabajo.
[1]Ascetismo – Doctrina
filosófica y religiosa mística que busca purificar el espíritu por
medio de la negación de los placeres materiales.
[2]Estoicismo – Escuela
filosófica griega fundada por Zenón de Citio en el siglo IV a. C, la cual está basada en
el dominio y control de los hechos, cosas y pasiones que perturban la vida,
valiéndose de la
valentía y la razón del carácter personal. Su objetivo era alcanzar la
felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales.
[3] Nota del
autor – No avalo, necesariamente, todos los puntos de
vista doctrinales de estos autores, sino exclusivamente lo que cito.
[4] Ibíd.
[5] Hugh Latimer (Thurcaston, h. 1490 - Oxford, 16 de
octubre de 1555) fue un teólogo protestante inglés. Hijo de un
agricultor, se formó en un colegio de Cambridge donde conoció a Thomas Bilney que le
introdujo en las ideas de Lutero. Predicó en la Universidad
de Cambridge hasta 1522. Después fue obispo de Worcester y capellán de Enrique
VIII de Inglaterra, por quien fue encarcelado en dos ocasiones (1539 y 1546). El
16 de octubre de 1555 fue quemado en la hoguera en Oxford como hereje por orden
expresa de María Tudor, conocida como María la
Sangrienta, quien deseaba abrogar la Reforma Anglicana y restaurar
la religión de Roma en Inglaterra e Irlanda.
[6] Eusebio de
Cesárea (263- 339), también conocido como Eusebius
Pamphili (Eusebio Panfilio, o literalmente, ‘Eusebio,
amigo de Pánfilo’), fue obispo de Cesárea, exégeta y asimismo conocido como el padre de la historia
de la Iglesia porque sus escritos están entre los primeros relatos de la historia del cristianismo primitivo. Sus contemporáneos también le denominan Eusebio de
Palestina.
[7] Tomado de
la pagina de Facebook de Cesar Vidal.
https://www.facebook.com/CesarVidalManzanares/posts/10152058251804363/
[8] Maximilian
Karl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864 - Múnich, 14 de
junio de 1920) fue un sociólogo, economista, jurista, historiador y politólogo alemán, proveniente de una familia protestante de
Thuringia, Alemania y considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un
marcado sentido antipositivista. (El antipositivismo sostiene que las ciencias sociales, como la
sociología, la psicología y la antropología, no pueden ser estudiadas utilizando el mismo método que las ciencias naturales, ya que los objetos de estudio de las
ciencias sociales (la sociedad, el hombre, la cultura) poseen propiedades como
la intencionalidad, la autorreflexividad y la creación de significado, que son
dejados de lado por la epistemología positivista)
[9] John Wesley (Epworth, 17 de junio de 1703 - Londres, 2 de marzo de 1791) Clérigo y
teólogo anglicano inglés, quien junto a su hermano Charles Wesley, es
reconocido como inspirador del Movimiento Metodista inglés, el cual inicio
cuando se adoptó la idea de George Whitefield, de predicar al aire libre.
[10] Nota del
autor – No avalo,
necesariamente, todos los puntos de vista doctrinales de este autor, sino
exclusivamente lo que cito.
[11] Ilustración
o Siglo de las Luces – Época histórica y movimiento intelectual y
cultural europeo (Finales siglo 17 - Inicios Siglo 19) cuyo objetivo era
disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón.
[12] Frugalidad – Moderación económica y
prudencia en el uso de las cosas.
[13]
Johann Sebastian Bach ( Eisenach,
Turingía, Alemania, 31 de
marzo de 1685 -
Leipzig,
Sajonia, Alemania, 28 de julio de 1750) fue un compositor, músico, director de orquesta, maestro de capilla, cantor y
profesor alemán del período barroco.
[14]
Georg Friedrich Handel (Halle, Brandeburgo-Prusia;
23 de febrero - jul./ 5
de marzo de 1685 greg.-Londres;
14 de abril de 1759) fue un compositor alemán,
posteriormente nacionalizado inglés, considerado una de las figuras cumbre de la historia de la música,
especialmente la barroca,
y uno de los más influyentes compositores de
la música occidental y
universal. Su legado musical incluye obras en prácticamente
todos los géneros de su época,
donde 42 óperas, 24
oratorios (entre ellos El
Mesías) y un legado coral son lo más
sobresaliente e importante de su producción musical.
[15] Richard
Steele (1629-1692) Predicador Puritano. Las obras de Richard Steele
son: La vocación del comerciante. Originalmente titulada "The Tradesman's Calling" (1684).
Glorificando a Dios en el trabajo y en tu oficio. Un remedio para los
pensamientos errantes en la adoración a Dios, 1 Cor. 7:35.
[16] John Dod
(1549-1645) era llamada comúnmente el Decalogista, porque él y el Sr. Robert Cleaver, otro ministro
puritano, publicaron "Una Exposición de los Diez Mandamientos" en
1635. También publicaron "El patrimonio de los niños cristianos" y
fueron autores de "Diez sermones para preparar a los hombres para recibir
dignamente la Cena del Señor". También escribió un comentario sobre el libro de los
Proverbios.
[17] Robert
Cleaver ( - 1613) Fue ministro en Drayton, Oxfordshire, pero
fue silenciado por el arzobispo Bancroft por no conformista. Fue un predicador
muy piadoso, excelente y útil. El Sr. Clark lo considera "un ministro
piadoso, una estrella brillante y un hombre de texto muy hábil"
[18] David Livingstone (Blantyre, Escocia; 19 de marzo del 1813-Chitambo, Rodesia
del Norte; 1 de mayo de 1873) fue un médico, explorador y misionero británico, una de
las mayores figuras de la historia de la exploración. Mediante observaciones
astronómicas, estableció situaciones
correctas en la cartografía africana y realizó informes de botánica, geología y zoología. También se distinguió por su lucha contra la esclavitud. Por todo
ello, en la Gran
Bretaña victoriana fue
considerado un héroe
nacional.
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