17. Diligencia en el trabajo - Parte 1


 

17. Diligencia en el trabajo - Parte 1

 

22Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque ésta es su parte;...”.  Eclesiastés 3:22

 

OREMOS

 Padre amado permítenos ver el trabajo como una bendición, así como tú lo ves, pues lo creaste para nosotros, y aunque se haya contaminado en este mundo caído, sabemos que lo diseñaste como un bien para nosotros, pues todo lo que Tú haces es bueno.

 Te pedimos que nuestro corazón y nuestra mente estén preparados para profundizar en este tema y que podamos sacar el mejor provecho de esta enseñanza, para de esta manera trabajar siempre pensando en tu honra y en tu gloria.

 Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén 

 

Diligencia en el trabajo

 Amados hermanos, como dice Salomón en el libro de Eclesiastés, “he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo”… y eso cierto, el trabajo es una creación de Dios para la bendición del hombre y toda bendición de Dios debe alegrar al hombre.

El problema del hombre es que el trabajo también ha sido manchado por el pecado, sin embargo, de ninguna manera lo podemos llamar maldición, sino todo lo contrario, y esa será la mejor cosa para el hombre, que aprenda a alegrarse en su trabajo.

Si nuestro trabajo es honesto, podremos disfrutar tranquilamente del fruto de nuestras manos, y eso nos ayudará a vivir en contentamiento, pues será de mucho gozo ver que Dios ha prosperado la obra de nuestras manos.

Como resultado de ver el trabajo como realmente es, es decir, como una bendición, nuestra vida nunca será una carga difícil de llevar, primeramente porque Cristo ya ha cargado con la maldición del pecado, y además porque, el Señor nos ha dado muchas bendiciones para que, aun en este mundo caído, podamos vivir en contentamiento disfrutando de lo que Él nos provee a través del trabajo. Para lograr eso vamos a profundizar en como Dios ve el trabajo, y como siempre lo entenderemos desde la Biblia.

Es por eso que trabajar con diligencia es una característica fundamental de un fiel mayordomo o administrador de los tesoros del Reino de Dios aquí en la tierra. No somos diligentes en el trabajo para ser salvos, más bien somos salvados para trabajar con diligencia, pero necesitamos la gracia constante de nuestro Dios para lograr este propósito y entender lo que esto significa, para que la gracia de la salvación y la justificación produzcan en nosotros diligencia en el trabajo porque ésta es una de las tres maneras legítimas (además de las ofrendasdonaciones, regalos y herencias– y el ahorro) que Dios ha designado para entregarnos la provisión.

En esta primera parte veremos las bases bíblicas del trabajo, y los enfocaremos desde tres puntos de vista: 1) Perspectiva del mundo acerca del trabajo, 2) Perspectiva bíblica del trabajo y 3) Propósitos bíblicos del trabajo… y Dios mediante en la próxima enseñanza veremos las aplicaciones bíblicas: 4) Responsabilidad de los empleadores, 5) Responsabilidad como empleados y 6) Últimas notas sobre el trabajo y 7)Legado para nuestros hijos.

Veamos entonces como podemos definir el trabajo.


1. Perspectiva del mundo acerca del trabajo 

Muchos en el mundo de hoy, ven el trabajo desde dos puntos de vista equivocados: Algunos no valoran el trabajo, y otros son adictos al trabajo.

A. No se valora el trabajo

En primer lugar, no se valora el trabajo, ya sea porque algunas personas son mentalmente desorganizadas, tienen deficiencias en su voluntad, no aprendieron el valor del trabajo en el propio hogar porque sus padres no exigieron de ellos ningún esfuerzo o responsabilidad, o por la molestia manifiesta por la queja cotidiana de su padre por tener que trabajar.

También puede ser que, por la filosofía posmodernista imperante con su exaltación del placer y anhelo de hacerse rico rápidamente, muchos no quieren trabajar y, más bien, aspiran conseguir “dinero fácil”, a través de juegos de azar, fraudes, inversiones arriesgadas, e incluso, prostitución (física o virtual) o negocios ilícitos como el narcotráfico, entre otros. La pereza y la vagancia en este mundo facilista y pragmático se han vuelto conductas comunes, que como mencionamos antes, van en clara contravía de la mayordomía bíblica.

En este momento hay cada vez menos jóvenes que desean prepararse para la economía real, es decir, para generar o comercializar productos, bienes y servicios tangibles, que es lo contrario a la economía financiera, que se enfoca en la gestión de activos financieros, como acciones, bonos, préstamos, etc.

En la economía financiera es común la práctica de la especulación, la cual podemos definir como la obtención de beneficios a través del comercio de bienes reales o intangibles, sin añadir plusvalía. El negocio es comprar a un precio y vender por un precio mayor, sin importar que tipo de producto está comercializando.

Por otro lado hay jóvenes que tienen como meta hacerse ricos siendo influenciadores, o lo que es peor vendiendo su cuerpo a través de una cámara de video.

Nuestra cultura está plagada de refranes que se repiten una y otra vez en nuestro discurso cotidiano como fruto de lo que pensamos y creemos, como por ejemplo: “Trabajar es tan desagradable que le pagan a uno” o “lo mejor del trabajo son las vacaciones”, entre muchos otros.

Incluso, este desamor al trabajo puede ser disfrazado con ideas falsamente piadosas, las cuales no son nuevas, recuerden la mala conducta de algunos creyentes de Tesalónica que entendieron mal las palabras de Pablo, “y andaban desordenadamente” (v. 6) pensando que si Jesús volvía pronto, no había necesidad de trabajar. Se dedicaron a andar de casa en casa, comiendo y bebiendo a costa de los hermanos, a los cuales Pablo recomendó: “A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (2 Tesalonicenses 3:12), es decir el pan que se ganen por su trabajo, y en el versículo 10, les dice drásticamente: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”. El autor se refiere a los que no quieren trabajar, pues si no, se restringiría mucho el campo de la generosidad cristiana. Si una persona quiere trabajar, pero “no puede” porque no encuentra trabajo, tiene problemas de salud o le faltan los documentos apropiados, debe recibir tu ayuda, dentro de tus posibilidades. Este principio es para aquellos que “pueden” trabajar, pero “no quieren” hacerlo. Para estos que quieren vivir a costa de los hermanos, Pablo recomienda: ...no os juntéis con él, para que se avergüence(2 Tesalonicenses 3:14), está repitiendo la orden del verso 6: “que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente”… Si se repite, debe ser importante.

Y todavía subsisten, en la mente de muchos cristianos, algunos restos del pensamiento griego (Platónico), que influenció la Iglesia del primer siglo y se fortaleció en el Medievo, de que el trabajo es el castigo por el pecado original y que el ideal del ser humano es dedicarse solamente a los intereses del espíritu. Calvino, en su Comentario a Lucas 10:38-42, acerca de Marta y María dice: “Es un error el afirmar que aquellos que huyen de los asuntos del mundo y se dedican a la contemplación están llevando una vida angélica.... Este error parte de una visión dual del ser humano que pone en oposición el espíritu (o alma) y el cuerpo. Ésta no es una visión bíblica, sino más bien asceta[1] estoica[2] basada en una inadecuada interpretación del capítulo 3 del libro de Génesis.

Este profundo sentir se evidencia, incluso, en canciones populares como El negrito del Batey de Medardo Guzmán que dice: El trabajo es para mí un enemigo, el trabajar se lo dejo sólo al buey porque el trabajo lo hizo Dios como castigo. ¡Esto es falso!

Por el contrario, la Biblia dice que:

2Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien”.  Salmos 128:2

En Proverbios 6:6-11, la Palabra usa el ejemplo del trabajo esforzado de la hormiga y la recompensa que obtiene, pero le llama la atención al perezoso y le advierte las consecuencias de su actitud. La Biblia es pródiga al condenar la pereza en repetidas ocasiones.

27El indolente ni aun asará lo que ha cazado; pero haber precioso del hombre es la diligencia”. Proverbios 12:27

9También el que es negligente en su trabajo es hermano del hombre disipador”. Proverbios 18:9

18Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa. Eclesiastés 10:18

De hecho, Ezequiel 16:49 aclara que Sodoma era inmensamente rica, lo cual la llevó a  llenarse de soberbia; a menospreciar el valor del trabajo y a estar en ociosidad. Esto desembocó en otros pecados como la homosexualidad; la violencia y la indiferencia con los necesitados, por lo cual atrajo el juicio de Dios. Es evidente el peligro de la ociosidad y la negligencia. En nuestra cultura se dice popularmente que “la ociosidad es la madre de todos los vicios”.

49 He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso”. Ezequiel 16:49

Por el contrario, la vida de Pablo es un ejemplo de trabajo duro, lo cual le da autoridad para exhortar:

6Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 7Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 8ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; 9no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. 10Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 11Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. 12A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”.   2 Tesalonicenses 3:6-12

 Jesús, siendo Dios mismo, no evadió el trabajo que le fue encargado, excusándose en su divinidad. Por el contrario, trabajó arduamente para dejar sentado que ésta es la forma como Dios bendice a sus hijos.

 17Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Juan 5:17

 El deber de trabajar estuvo también en la ética de los Apóstoles y lo ilustraron con la labor del labrador:

 6El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero”. 2 Timoteo 2:6

 Aspirar a obtener grandes ganancias sin que éstas sean el resultado de un trabajo esforzado, no tiene un fundamento bíblico. Más bien la Palabra nos dice:

 11y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, 12a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada”. 1 Tesalonicenses 4:11-12

 Desde la Reforma Protestante del siglo 16 y a través del Ministerio didáctico, los pastores reprendían y denunciaban la vagancia a través de las predicaciones. La vagancia y el ser parásito, es pecado, enseñaba Calvino. Para él, cuando Dios creó al hombre y ordenó que cultivara la tierra, condenó con ese mismo acto la ociosidad y la indolencia. No hay nada más contrario al orden de la propia naturaleza que consagrar la vida a beber, comer y dormir sin pensar en trabajar en algo(Lopes, 2009, 123).

 El comentario de Calvino sobre el Cuarto Mandamiento en Éxodo 20 subraya la dignidad del trabajo. Al igual que Dios mandó al pueblo a descansar el séptimo día, así también el Señor esperaba que ellos trabajaran los demás días. El trabajo era vital para toda la gente creada a imagen de Dios y así, para Calvino, todos los llamados son importantes. La doctrina de Calvino sobre el trabajo se ve más subrayada para no decir, ampliamente popularizadapor su explicación de que el Cuarto Mandamiento que nos ordena descansar un día de siete, igualmente nos llama a trabajar durante los otros seis días” (Hall, 2009, 99).

Y volviendo a Salmos 128:2: “Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien. Lutero en su Exposición de Salmos dice: Vuestro trabajo es un asunto muy sagrado. Dios se deleita en él y a través de él desea conceder su bendición sobre vosotros.

Debemos “trabajar lo suficientemente duro como para que la gente nunca relacione la pereza y la mediocridad con Dios” (Dayton, 2005, 166). No podemos esperar que todo nos llegue sin esfuerzo. Debemos recordar que el cristianismo no es el sombrío fatalismo ni  el determinismo de las religiones paganas que con una estoica resignación, piensan que Dios dará lo que Él quiera. Por el contrario, la cosmovisión cristiana es la única con un equilibrio perfecto entre la Soberanía de Dios y la Responsabilidad del hombre. Por tanto, debemos hacer nuestra parte y ser diligentes en nuestro trabajo porque Dios sabe hasta dónde podemos dar y llegar. No se nos pide que seamos “supertrabajadores” o personas que nunca cometen errores. Más bien, el Señor espera que hagamos lo mejor que podemos hacer.

B. Adicción al trabajo

En segundo lugar, está la posición opuesta. Trabajar en exceso se ha convertido en una epidemia en nuestra cultura occidental. Esta conducta es generada por la ambición, por querer llenar vacíos en una existencia desbalanceada emocionalmente, por falta de fe o por no entender el orden de prioridades de Dios para nuestras vidas que son, primeramente, nuestra relación con Él: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas(Mateo 6:33) y seguidamente, nuestra familia.

Si nuestro trabajo nos quita tanto tiempo y energía a tal punto, que lleguemos a descuidar nuestra relación con el Señor o con nuestra familia, entonces estamos trabajando en exceso(Dayton, 2005, 166). Pero el trabajo equilibrado es necesario y la Biblia nos anima a trabajar duro y a ser diligentes:

10Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. Eclesiastés 9:10

Con su ejemplo, Dios exige un equilibrio en nuestra vida. Él mismo descansó el séptimo día, después de seis días de creación (Génesis 2:2). Por lo tanto, el hombre debe hacer lo mismo.

21Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás”. Éxodo 34:21

Aunque pareciera difícil lograr este equilibrio con los afanes de los días actuales, más la presión y competencia laboral, cuando el trabajo se ha llevado a la casa a causa de los adelantos tecnológicos y se hace muy complicado separar el tiempo del trabajo y el del hogar, el día de reposo debe convertirse en un asunto de fe al creer que Dios puede hacer nuestros seis días de trabajo lo suficientemente productivos para suplir todas nuestras necesidades aun reposando el Día del Señor. Al no entender esto, muchos están enfermos por la ansiedad y afligidos (lo que la psicología llama estrés y depresión), por una fuerte presión de trabajo y por falta de reposo. Para evitar esto, el Señor instituyó el descanso semanal para nuestra salud física, mental y espiritual.

Al respecto, Calvino insistía que es necesario proporcionar un día de descanso a los trabajadores, que es el [reposo] cristiano el domingoconforme a su interpretación del Cuarto Mandamiento (Éxodo 20:8-11). El descanso físico, por lo tanto, está íntimamente ligado al descanso espiritual: Sin Cristo, no hay descanso verdadero el domingo. Es por esto que Calvino veía la profanación del domingo como el origen de la corrupción del trabajo. Según él, es necesario descansar de nuestras labores como Dios descansó de las suyas(Lopes, 2009, 122).

4Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día:  Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día”. Hebreos 4:4

Así, el lema de Dios podría ser: Trabajo duro con descanso apropiado. El trabajo no puede convertirse en el fin último y único de nuestras vidas. El fiel mayordomo cristiano debe saber balancear, en justa medida, el tiempo y los esfuerzos empleados en el trabajo, descanso y vida espiritual, de manera que tenga una vida equilibrada.

Tanto la desvalorización como la adicción al trabajo, tienen la misma idea en común de que el trabajo es una maldición, dado que la perspectiva divina sobre el trabajo se perdió a causa de la Caída.

Moisés mismo, al liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, tuvo que enseñarles a través de los Mandamientos dados por Dios, en primer lugar, Quién era el verdadero Dios y, seguidamente, el valor que Él les daba. Habían sido esclavos por más de 430 años. Cada generación durante este tiempo experimentó el trabajo forzado, el maltrato en todas las áreas, física y emocional, casi desde que nacían. Pero, por más extraño que parezca, estaban tan acostumbrados a esto que más tarde dirían: 18..¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto!...” (meros 11:18; Éxodo 14:12 y 16:3).

Por esta razón, Moisés debió enseñarles, primeramente, que los dioses de Egipto eran falsos y mostrarles al Dios verdadero, quien había creado al hombre con una alta estima a sus ojos por haber sido creado a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). Pero, ¿qué perspectiva del trabajo puede tener un pueblo esclavo? Moisés debe empezar entonces, a cambiar la cosmovisión de este pueblo esclavo por una cosmovisión correcta y continúa ahora con la cosmovisión sobre el trabajo mostrándoles el claro significado y propósito de Dios con éste como una bendición, primeramente en Génesis 1 y 2 con el Mandato de dominio cultural en el Jardín del Edén y, seguidamente, en el Cuarto Mandamiento. 

Aunque por la Caída, el mundo continua teniendo una perspectiva o cosmovisión tergiversada del trabajo, la buena noticia es que, como dice Gálatas 3:13, aquellos que hemos tenido un verdadero arrepentimiento y hemos creído en Cristo, hemos sido rescatados de toda maldición, entonces, para los creyentes, Cristo ha recuperado la dignidad original del trabajo.

La regeneración espiritual del hombre por el evangelio de Cristo debe dar como resultado una transformación tal, que Dios, a través de él y su trabajo, gobierne la tierra para su Gloria y en beneficio del propio hombre.

 

2. Una perspectiva bíblica sobre el trabajo

 Es muy importante recordar que el trabajo fue instituido antes de la Caída del hombre en el Jardín del Edén. Allí, Dios colocó al hombre como mayordomo y le dio un trabajo: Administrar y gobernar la creación para lo cual, le otorgó la facultad de enseñorearse sobre ella, es decir, le dio poder, autoridad y una inteligencia superior. Allí, Adán tenía un trabajo como “gobernante” y una actividad “agropecuaria” (Agricultura y cría de animales).

 28Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Génesis 1:28

 Éste es el llamado Mandato de dominio cultural, es decir, el mandato que Dios le dio al hombre para que labrara su buena creación y sacara de ella, todo su potencial escondido, estudiándola, cultivándola, domándola, utilizándola, disfrutándola y, por supuesto, cuidándola. Entonces, desde esta perspectiva, el hombre ya había recibido el significado del trabajo antes de la Caída, como parte de su carácter, creado a imagen y semejanza del carácter de Dios, quien es un Dios trabajador y por eso el hombre, como su representante, también debe serlo.

 15Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. Génesis 2:15

 Una vez que el hombre fue colocado en la Tierra para preservarla y guardarla el tiempo utilizado en el trabajo, pasó a ser un tiempo usado en servicio prestado a Dios(Engstrom y Mackenzie[3], 1975).

 La inteligencia de Adán, acrecentada en este momento de justicia original, en formidable avance sobre lo que a la ciencia le llevaría milenios para fragmentariamente comenzar a descubrir, aprendió las características [biológicas] de cada especie y a cada una de ellas les dio un nombre [taxonomía] (Génesis 2:19-20)” (Genovois[4], 1965, 20), participando de este modo del trabajo, divinamente entregado, de la mayordomía o administración.

 Desde esta óptica, el trabajo debe ser considerado una bendición. El resultado del pecado no fue el trabajo, pues antes de la Caída, Dios puso al hombre en el Jardín del Edén para que lo administrara y ejerciera dominio. Más bien, el efecto devastador del pecado por la Caída fue el desgaste de la tierra explotada sin tregua, las plagas, el cansancio del trabajador, el miedo al futuro, la incertidumbre frente a los resultados del trabajo, el egoísmo, la pereza, la ganancia como única meta y la búsqueda de placer inmediato a cualquier costo, aun, de la destrucción de la naturaleza, la cual también fue afectada por la Caída. En fin, la consecuencia de la muerte espiritual del hombre fue, a su vez, que su labor no daría los frutos esperados y sería excesivamente arduo, no que el trabajo en sí, sería una maldición.

 17Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. 19Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra,…”. Génesis 3:17-19a

 Pero, a pesar de la Caída, todavía Dios le permite a la humanidad la libertad de utilizar los recursos de la tierra, pero tristemente las personas abusan de esas cosas buenas y las convierten en productos de destrucción... o convierten estos recursos en dioses materiales y, de hecho, adoran esos dioses en lugar de adorar al verdadero Dios. Pero incluso con los excesos pecaminosos de la humanidad al manejar los bienes del mundo, Dios no nos ordena que dejemos de usarlos y disfrutarlos. El pecado no radica en disfrutar de la prodigalidad de la tierra, el pecado radica en el abuso y el desperdicio al ostentar de sus riquezas y dedicarse al consumo egocéntrico y despiadado(MacArthur, 2005, 52). Pero, ¿cuál es la forma bíblica de usar sabiamente los recursos dados por Dios? La respuesta es, a través del trabajo fielmente ejecutado con amor y respeto por la creación, pues este es un regalo y mandato de Dios para la humanidad.

 Cristo le retornó la dignidad original al trabajo con su obra redentora, con su propio cumplimiento de la Ley Moral, su ejemplo y sus enseñanzas. Hugh Latimer[5] (1490-1555), martirizado en la hoguera por la Reina María la sangrienta señaló: Es una cosa maravillosa que el Salvador del mundo y el Rey sobre todos los otros reyes, no se avergonzara de trabajar, sí, y de emplearse en una ocupación tan sencilla. De esa manera, santificó todas las formas de trabajo.

Lastimosamente, durante siglos, con el dominio del catolicismo romano, la dignidad original del trabajo se fue diluyendo de nuevo. Eusebio[6] (263 - 339), en el siglo IV, escribía: Dos formas de vida fueron dadas por la ley de Cristo a su Iglesia. Una es sobrenatural y sobrepasa la forma de vida común... Completa y permanentemente se separa de la vida común y ordinaria de la humanidad, y se dedica sólo al servicio de Dios... Esa es la forma perfecta de vida cristiana. Y la otra, más humilde, más humana, permite a los hombres... dedicarse a la agricultura, al comercio y a otros intereses más seculares, al igual que a la religión... Y una especie de piedad de segunda clase se les atribuye[7]. Esta es una distorsión corregida por la Reforma del siglo 16.

Pero los reformadores presentaron una visión radicalmente distinta del trabajo y le transmitieron de nuevo, la verdadera identidad y el real propósito desde las Escrituras, al igual que más tarde los puritanos, quienes se dedicaron, mayormente, a las actividades agropecuarias, al comercio y a la ciencia, a las cuales prodigaron muchos avances.

 Así, desde la perspectiva de la Reforma, Calvino escribió en su Institución de la religión cristiana, una enseñanza sobre el trabajo:

“Sólo Dios alimenta al hombre y de Él vienen las fuerzas y las condiciones para que el hombre trabaje y, con su sudor, compre su pan. De modo que el trabajo es eminentemente digno, pues es la realización de la voluntad de Dios para el hombre. Asimismo, el hombre no se realiza plenamente si no trabaja, pues fue para esto que fue creado y llamado a su vocación, conforme a lo escrito en Génesis 1 y 2. El pecado arrebató la alegría y el gusto que acompañaba el trabajo en el principio. La caída introdujo en el mundo y en la sociedad humana los trastornos sociales relacionados con el trabajo (Génesis 3), pero en Cristo, el hombre reencuentra la alegría y el gusto en sus labores(Lopes, 2009, 122).

 Profesionales, amas de casa, trabajadores empíricos, vendedores y todo tipo de empresarios y empleados, sin importar su preparación académica, han experimentado la misma frustración frente al aburrimiento, el descontento, el miedo a perder el empleo, los sueldos inadecuados, el exceso de trabajo y un sinnúmero de presiones, generados por los enfoques distorsionados acerca del trabajo que hemos visto. Pero Dios creó el trabajo en el ambiente libre de pecado del Edén para beneficiarnos y, para asimilar esta verdad y sentirnos satisfechos con nuestra labor, es necesario entonces, entender sus propósitos divinos.

 Habiendo entendido esto, el trabajo puede definirse así: El trabajo de un fiel mayordomo del Señor es la actividad física o intelectual, ejecutada con los dones dados por Dios, puestos al servicio de Dios para su honra y gloria, mediante el cual el trabajador desarrolla su vocación, mientras que Dios forma su carácter a la imagen de Cristo, el trabajo de un fiel mayordomo aporta al avance del reino de Dios en la tierra, genera un bienestar real en la familia, en el prójimo y en la sociedad en general.

 Además cuando honramos a Dios con nuestro trabajo diligente, este es una virtud que nos aleja del ocio y la negligencia, y como consecuencia nos protege de los vicios y las perversiones, recordemos la historia de la caída de Sodoma.

 

La ética protestante del trabajo

 Puesto que se ha asociado profundamente a los protestantes con este concepto de ética protestante del trabajo, es necesario aclarar la realidad de este asunto.

 La ética protestante del trabajo (también conocida como ética puritana del trabajo en Estados Unidos) es un concepto utilizado en sociología, economía e historia, atribuible al trabajo del alemán Max Weber[8] (1864-1920), quien presentó sus ideas compiladas en el libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905), en el cual define el espíritu del capitalismo como aquellos hábitos e ideas que favorecen el comportamiento racional para alcanzar el éxito económico.

 Sin embargo John Wesley[9] (1702-1791), unos 150 años antes, intentó sintetizar la teoría expuesta por Weber en este lema fácil de entender: ¡Trabaja tanto como puedas, ahorra tanto como puedas y da tanto como puedas!, idea que concuerda con la ética protestante del trabajo expuesta por Weber y, en algunos puntos con la perspectiva bíblica; aunque en su “esencia”, difieren seriamente de los fundamentos de la palabra de Dios; pues, la propia naturaleza pecaminosa inclina al ser humano a la avaricia y a la codicia, “Calvino nunca cayó en el error de pensar que si el hombre busca sus intereses y ganancias económicas ayudaría de este modo al bienestar común” (Singer[10], 2003, 85).

 Es verdad que entre todos los reformadores del siglo 16, Calvino fue el teólogo más influyente en la economía de su tiempo. Lamentablemente, Weber tergiversó las ideas financieras de Calvino y lo responsabilizó por el surgimiento del posterior capitalismo. El error se debió a su incapacidad de entender la ética bíblica arraigada en el pensamiento del reformador. El concepto de "libre empresa" que postuló Calvino, debe ser visto a la luz del mandato bíblico para el uso de la creación como un depósito por parte de Dios y completamente sujeto a la voluntad divina; muy diferente al concepto de “libre empresa” que surgió del libro La riqueza de las naciones de Adam Smith (1723-1790), la cual se popularizó con el triunfo de la Ilustración[11], con sus nefastos resultados y que desembocó en el capitalismo salvaje de nuestros tiempos.

Pero antes, Calvino, en nombre de la Reforma y como uno de sus mejores teólogos y expositores, mostró a los hombres de todos los tiempos, el único fundamento firme para una vida financiera verdaderamente libre, la palabra de Dios, pero no puede esperarse que sus conceptos económicos sean escuchados por un pueblo que rechaza su teología de la mayordomía inscrita dentro del marco bíblico.

 Por lo tanto, la noción de ética protestante del trabajo de Max Weber se basa en la idea de que Calvino consideraba la prosperidad económica como una evidencia de la salvación, concepto ciertamente erróneo, y más parecido al fraude de la actual doctrina de la prosperidad.

 En realidad, el énfasis calvinista y luterano, es decir de la Reforma protestante del siglo 16, considera el trabajo diligente y la frugalidad[12] como signos, consecuencias o productos de la gracia, no evidencias absolutas de la salvación. Y obsérvese bien, no la prosperidad, sino la virtud de la diligencia y la frugalidad.

 Aunque el catolicismo romano enseña que las buenas obras son necesarias para la salvación (entendida por ellos como un acontecimiento futuro), la Biblia explica que las buenas obras son sólo una consecuencia de la salvación ya otorgada, puesto que sólo se puede ser salvo por la elección de Dios. Como este acto es una prerrogativa reservada a Él, discernimos que una persona es salva, observando su estilo de vida. En este caso, el trabajo con diligencia es un fruto en el carácter de un creyente transformado por Dios.

 

3. Propósitos bíblicos del trabajo

 La Biblia nos da las razones o propósitos divinos por los cuales el trabajo es tan importante a los ojos de Dios.

 1. Adoración

En primer lugar, porque el trabajo es una manera de adorar a Dios y mostrarle gratitud por su amor hacia nosotros. Para el mayordomo cristiano, la principal razón del trabajo debe ser la adoración a Dios, pues las Escrituras nos revelan que en nuestro trabajo servimos al Señor y no a los hombres:

 23Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; 24sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Colosenses 3:23-24

 Las implicaciones de esta realidad son bastante profundas porque nos llevan a considerar qué tanto nos esmeraríamos si estuviéramos conscientes de que Jesucristo es nuestro jefe, pues aunque no lo vemos, en realidad lo es. Para muchos, el trabajo se ha convertido en una tortura, dado que no han comprendido para quien lo hacen y de quien proviene la recompensa. Estas personas, lastimosamente, necesitan un jefe comportándose como un vigilante sobre ellos para cumplir sus responsabilidades. La motivación para trabajar debe provenir de nuestro amor por Dios.

 Ya sea que comamos o bebamos, Calvino concuerda con Pablo en que hacemos todo para la gloria de Dios. Por esto, producto de la Reforma de siglo 16, el gran compositor Johann Sebastian Bach[13] (1685-1750) firmaba cada una de sus obras con las iniciales SDG. Al igual que Georg Friedrich Händel[14]. Estas letras representan la frase en latín Soli Deo Gloria (Sólo la gloria a Dios). Bach especialmente, conocía el carácter del verdadero cristianismo y lo aplicaba a su oficio. Algunos de los más excelentes cristianos de la historia, también han aplicado el señorío de Cristo a sus propias vocaciones y han servido como líderes en varios campos para la gloria de Dios. Entre ellos encontramos al político y abolicionista William Wilberforce (1759-1833) y algunos científicos como Nicolás Copérnico (1473-1543), Francis Bacon (1561-1626), Galileo Galilei (1564-1642), Johannes Kepler (1571- 1630), Robert Boyle (1627-1691), Isaac Newton (1643-1727), Leonhard Euler (1707-1783), Augustin Louis Cauchy (1789 1857), Michael Faraday (1791-1867), entre muchos otros cristianos eminentes que hicieron grandes aportes a las sociedades de sus tiempos. Nuestras vidas han de vivirse coram Deo, es decir, delante del rostro de Dios.

 31Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. 1 Corintios 10:31

 Lutero solía decir que, de manera similar, los trabajos seculares son una adoración a Dios y una obediencia que complace a Dios. Y Calvino afirmaba en su Comentario a Lucas 10:38-42: Sabemos que los hombres fueron creados para ocuparse con el trabajo y que ningún sacrificio agrada más a Dios que el que cada uno se ocupe de su vocación y estudios para vivir bien a favor del bien común”.

 Por lo tanto, los cristianos debemos ser buenos trabajadores porque el trabajo honrado es un acto de adoración a Dios y le glorifica.

 2. La vocación

Una segunda razón es la vocación o tarea particular que Dios ha dado a cada uno, por la cual demanda un resultado, según su Decreto divino.

10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Efesios 2:10

 La “vocación” es el llamamiento específico a un propósito que el Señor quiere que cumplamos en nuestro trabajo y en nuestra vida y para cumplir esta tarea específica de “hacer buenas obras”, nos otorgó dones (tanto físicos, mentales y emocionales, como espirituales), destrezas, habilidades, sabiduría e inteligencia en ciertas esferas y también nos permitió desarrollar gustos y deseos.

 1Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien  Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová”. Éxodo 36:1

5no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios”. 2 Corintios 3:5


Dios nos ha concedido tanto dones espirituales como naturales.


Dones naturales                          Dones espirituales

Congénitos: Herencia genética      Concedidos por el Espíritu Santo

Capacitación mental y física          Capacitación espiritual

Universales (Todos los poseen)      Particulares (Sólo los redimidos                                                            los poseen)

Pertenecen a la persona                 Propiedad del Espíritu Santo

Controlados por el individuo         Controlados por el Espíritu Santo

Usados para fines personales      Usados “para provecho” del cuerpo de Cristo

Glorifican al hombre                      Glorifican a Dios

 Un don natural puede convertirse en un don espiritual cuando pasa a ser conducido por el Espíritu Santo en “el camino aún más excelenteque es el amor (1 Corintios 12:31). Es parte fundamental de la mayordomía cristiana, la santificación de la vida a través del descubrimiento y desarrollo, tanto de los dones espirituales como de los dones naturales para ser canales de gracia, todos ellos colocados bajo el control del Espíritu Santo y en Cristo, “de quien todo el cuerpo,... según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:16).

 Como creyentes, debemos considerar esta concepción revolucionaria del propósito del trabajo. Esta manera de considerarlo, le da a todo trabajo, un propósito excelso: Honrar a Dios amandoa tu prójimo y sirviéndole por medio del trabajo.

 Las aplicaciones de esta máxima que el trabajo competente es una forma de amorson muchas. Los que entienden este concepto del trabajo, aun seguirán deseando tener éxito, pero no se sentirán tan propensos a sobrecargarse de trabajo ni a desanimarse por los malos resultados. También significa que todos los trabajos no sólo las llamadas profesiones de asistencia (cuidado de la comunidad)son, en esencia, modos de “amar” a nuestro prójimo. Los cristianos no tienen que dirigir un ministerio o una organización sin ánimo de lucro para amar a los demás a través de su trabajo.

 10Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” . 1 Pedro 4:10

 El entendimiento de la mayordomía total que debe motivar, alegrar, enriquecer espiritualmente y dominar la vida de cada creyente es administrar todos los bienes, tiempo y talentos, movido por el "amor", teniendo siempre presente que todo le pertenece a Dios y que debe ser usado para su gloria y para el provecho de los hermanos en Cristo. Por esta razón, Dios ha dado a cada uno de nosotros características únicas.

 Nadie es mejor que otro, ni hay un trabajo más digno que otro. Según las Escrituras, todos los trabajos son igual de dignos, mientras sean lícitos. David fue pastor y rey, Lucas fue médico, Daniel trabajaba para el gobierno, Pablo hacia tiendas y nuestro Señor fue carpintero. Todos fueron llamados por Dios para cumplir diferentes roles en el mundo. Todos tenemos talentos y dones diferentes, que se complementan, se ayudan mutuamente “para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12, 16).

 Esto significa que cada uno debe descubrir y desarrollar sus propios dones conforme a sus aptitudes naturales o espirituales. No debemos pensar que unos dones son menos importantes que otros, ni codiciar o usurpar el lugar de trabajo o vocación que Dios le ha dado a otro. Tampoco debemos dejar de desarrollar los propios, por pocos que parezcan, pues de poco o mucho, todos daremos cuenta a Dios de la mayordomía de nuestra vocación y de nuestros dones: “Da cuenta de tu mayordomía” (Lucas 16:2).

 No todos somos iguales, por la gracia de Dios todos tenemos diferentes dones que debemos identificar. Es preciso aclarar aquí que los “dones” son diferentes a las habilidades. Los “dones” son otorgados por Dios, son una dádiva del Señor para nosotros, de acuerdo al rol (a su diseño como hombre o mujer) y a su propósito con cada ser y, aunque Dios también puede otorgar ciertas habilidades, generalmente, éstas son capacidades que las personas desarrollan para sobrevivir o para asumir situaciones excepcionales, pero que se vuelven parte del carácter de las personas, aunque no siempre son compatibles con el llamado de Dios.

 Finalmente, en Deuteronomio 8:18 dice:

18Sino acuérdate de Jehová tu Dios,  porque él te da el poder para hacer las riquezas,...”.

Porque el Señor, no sólo nos dio la naturaleza como materia prima, sino que nos ha dado la capacidad mental y física para producir las riquezas y usarlas.

Como ciudadanos del cielo, debemos comportarnos como tales en cualquier lugar y cualquier circunstancia según nuestra ciudadanía celestial, de esa manera podemos entender que no hay dos mundos, el cristiano y el secular. Donde Dios nos ha puesto, en un ministerio, como empleado, como empleador o en el hogar, estamos sirviéndole a Dios. “Lo importante aquí es ver que el llamado de Dios a una vocación santa llega a todos los lugares de la vida. ¡Dios coloca estratégicamente en el mundo a todos y cada uno de sus hijos!” (Dayton, 2005, 173). Así que lo relevante no es en qué trabajamos, sino qué tan fieles somos al Señor en esa tarea que nos ha asignado.

Calvino y otros reformadores ayudaron a retirar la distinción entre lo sagrado y lo secular. Ellos entendieron que una persona podía servir a Dios en cualquier área o labor (obviamente según su diseño o rol) y glorificarle. Calvino se reunió con muchos líderes, empresarios, impresores y mercaderes de su tiempo y no deshonró ningún llamado legítimo. Al respecto, William Perkins (1558-1602), uno de los teólogos puritanos más relevantes, señalaría: “La acción de un pastor que guarda las ovejas... es tan buena obra ante Dios como la acción de un juez que dicta sentencia, un magistrado que gobierna o un ministro que predica”.

Así, la obra de Cristo ennoblece todo buen trabajo lícito y llama a sus seguidores a ser líderes en todos los campos.

Vocación es el llamado de Dios para una vida de servicio. Gardner toma la palabra vocación, no en su sentido popular de aptitud, habilidad para determinada actividad, [sino] manifestando que la opinión de toda vocación es una dádiva de Dios y debe ser realizada con esa conciencia(Sobrinho, 1990, 108).

Antes de Calvino y La Reforma Protestante, se pensaba que la doctrina de la vocación o el llamado era sólo para el clero. Sin embargo, su posición respecto al trabajo como inherentemente dignificado por nuestro Creador, elevó todas las disciplinas y vocaciones legítimas al estado de santo llamado. Un hombre podía, tras La Reforma, ser tan llamado a la medicina, al derecho o a labrar la tierra, como un pastor era llamado a servir a la Iglesia. E incluso, Calvino resaltó la dignidad que la Biblia le da a la labor de ama de casa, considerándola igualmente, como la vocación o el llamado de Dios a la mujer. Al respecto, William Perkins añade que la gente puede servir a Dios “en cualquier clase de vocación, aunque sea barrer la casa o guardar ganado”.

Otro puritano, Richard Steele[15] (1629-1692), en un texto llamado de manera bien significativa The Trademan ́s Calling (La vocación del comerciante), afirmó que en el comercio se puede esperar de la manera más confiada la presencia y la bendición de Dios”. Por su parte, John Dod[16] (1549 - 1645) y Robert Cleaver[17] (?-1613) volverían a ese tema afirmando que el gran y reverendo Dios no despreció el comercio honrado... por humilde que fuera, sino que lo coronó con su bendición” y, como señalaría un panfleto publicado a finales del siglo 17 en Inglaterra, con el revelador tulo de Paul the Tentmaker (Pablo, el fabricante de tiendas), el protestantismo había impulsado un deleite en los empleos seculares”.

Calvino enseñó que cualquier área del trabajo el hogar, la agricultura, la enseñanza, el gobierno, los negocios– podía ser un llamado válido de Dios, tan sagrado como servir en un ministerio. Éste fue un cambio radical en la cosmovisión, el cual, en última instancia alteraría muchas economías, culturas y vidas humanas(Hall, 2009, 98).

Por lo tanto, el trabajo diario es una acto de alabanza a Dios, quien le llamó y le capacitó para hacerlo.

 

3. Formación del carácter

En tercer lugar, desarrollar estos dones o talentos es, además de honrar a Dios, una forma de desarrollar nuestro carácter hacia la estatura de la plenitud de Cristo. La diligencia en el trabajo, además de ser una característica de un mayordomo cristiano, ayuda en la formación de las demás características.

A medida que un constructor edifica una casa, la casa, a su vez, edifica al constructor. Su habilidad, diligencia, destreza manual y su juicio se están refinado en la medida en la que trabaja... Un trabajo no es solamente una tarea que hay que cumplir para recibir una paga; su propósito es también crear y edificar el carácter de Cristo en la vida del trabajador(Dayton, 2005, 163-164).

 El trabajador cristiano pone en práctica en el hogar, la agricultura, en el comercio, en la industria y en cualquier otro ramo de la actividad económica, los principios resultantes de su fe, pues ha recibido un llamado de Dios para ser justo y perfecto en su conducta total a pesar de que el testimonio de su fe puesto en práctica, le pueda costar sufrimientos y hasta la muerte (1 Pedro 2:18-20).

 Como vimos en el capítulo anterior, una de las características de un mayordomo o administrador de los tesoros en el cielo, es la honestidad y ésta debe ser desarrollada en el carácter. En cuanto al trabajo, nuestra honestidad debe brillar, así tengamos que comprometer nuestro empleo, así como también debemos vigilar nuestra manera de contratar y también al pagar nuestros impuestos.

 La diligencia en el trabajo como parte de nuestro carácter, debe ser una de nuestras virtudes como mayordomos de los asuntos de Dios porque Él pone personas diligentes para usarlas en su Reino.

 4. La subsistencia

En cuarto lugar, aunque para la sociedad actual, el principal propósito del trabajo es la subsistencia, ésta es la menos importante en la escala de Dios, pues Él es nuestro proveedor y tiene la Soberanía para designar el canal a través del cual darnos la provisión y ha elegido al varón como sacerdote del hogar para este menester, salvo casos muy excepcionales (Efesios 5:29). Ante esto, su exigencia es bastante estricta.

8Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”.

1 Timoteo 5:8

Para ser canales de provisión, Él utiliza nuestros dones o talentos y, a veces, las habilidades desarrolladas, si están alineadas con su diseño, a fin de llevar a cabo el trabajo que nos ha encomendado y, como consecuencia secundaria, entregar el sustento.

18Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla [Dt. 25:4]; y: Digno es el obrero de su salario [Mt. 10:10 y Lc. 10:7]”.

1 Timoteo 5:18

Por esta razón, es necesario entender el trabajo como una bendición para nuestra manutención.

 10... porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y ésta fue mi parte de toda mi faena”. Eclesiastés 2:10b

 24No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios”. Eclesiastés 2:24

 9¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? 10Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él12Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; 13y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor”. Eclesiastés 3:9-10, 12-13

 18He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque ésta es su parte. 19Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios”. Eclesiastés 5:18-19

15Por tanto, alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol”. Eclesiastés 8:15

 7Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios… 9... porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol”. Eclesiastés 9:7, 9

 5. El crecimiento del reino de Dios

Para el mayordomo cristiano el trabajo es también una forma que Dios usa para proveer los recursos para la consolidación y la expansión del Evangelio en todo el mundo. Sin una visión misionera impulsada por el amor, el trabajo se limitaría solamente a un medio para proveer la subsistencia. Por eso, este que es un medio de realización personal, debe tener como fruto una genuina solidaridad humana, pero si pierde su dimensión trascendente, también se pierde la dimensión más elevada de su responsabilidad.

 El trabajador cristiano tiene la responsabilidad de prosperar (según el significado de prosperidad que hemos visto anteriormente), y detrás de toda prosperidad real siempre hay trabajo, de manera que su mayor ambición, no sea la riqueza que pueda acumular, sino el bienestar y la salvación de su prójimo. El crecimiento del reino de Dios debe ser su desafío al trabajar.

 En estos días leí un poco de la biografía de David Livingstone[18] (1813-1873), este fue un inglés con alma de misionero, que siendo joven estaba atento a la oportunidad para llevar el Evangelio a otras tierras, y me impresionó que se enteró de que sólo estaban reclutando médicos para servir en las misiones de Africa, y entonces Livingstone se matriculó en la escuela de medicina, donde finalmente obtuvo su diploma y se fue de misionero a Africa a sus 27 años, donde finalmente murió a sus 60 años.

7Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;10Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, 11para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. 12Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; 13pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; 14asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros”.  2 Corintios 9:7-8, 10-14

 

6. El éxito

En la sociedad actual, la valoración del éxito personal es demasiado grande, tanto que muchos piensan que para ser exitosos deben hacer lo que sea en sus propias fuerzas sin importar el cómo, es por eso que vemos artículos titulados: “Logre el éxito en 12 pasos” o “sea un emprendedor exitoso”.

Aunque todos tenemos responsabilidades delante de Dios con nuestro trabajo, por eso debemos hacerlo en excelencia, y  reconocer que es Él quien da el éxito y controla los ascensos, según su voluntad y para su gloria y no para el orgullo humano. La vida del patriarca José es un claro ejemplo.

2Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. 3Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano”. Génesis 39:2-3

No depende de sus habilidades, de su propio esfuerzo, de su simpatía, de tener alguien que le ayude o interceda a favor suyo, de tener amistades en escenarios estratégicos o de su jefe. El éxito o ensalzamiento proviene, absolutamente, de la mano de Dios.

6Porque ni de oriente ni de occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento. 7Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece”. Salmos 75:6-7

El éxito no debe limitar la perspectiva del cristiano. Cuanto mayor es el éxito, más se amplía la perspectiva bíblica del creyente para comprender que “en el reino de Dios, la recompensa por un trabajo bien hecho, es más trabajo” (Barclay, 1983). Por esta razón, debemos entender que “el llamado de Calvino al trabajo duro, no necesariamente equiparaba el éxito o la prosperidad con la bendición divina(Hall, 2009, 98).

Respecto a esto último, es necesario aclarar que el éxito no siempre es sinónimo ni evidencia absoluta de estar haciendo la voluntad preceptiva de Dios. Porque un proyecto tenga "éxito", en el sentido humano, no quiere decir que sea el resultado de hacer la voluntad expuesta de Dios. Pensar así es pragmatismo. Algunas cosas que están por fuera de lo que Dios ha mandado o le agrada, pueden tener éxito por cierto tiempo, pero aquí o allá, sólo se nos pedirá cuentas por obedecer los mandamientos del Señor.

En resumen, la perspectiva bíblica nos debe hacer pensar en cómo debe afectarnos el hecho de que el propósito de Dios con el trabajo sea su propia adoración y gloria; desarrollar la vocación o el llamamiento que Él mismo nos ha hecho; formar nuestro carácter a su imagen; proveernos para nuestra subsistencia; hacer crecer su Reino y ser reconocido como el único que puede prodigarnos el éxito.

 

Llamado al arrepentimiento

 Hay una peligrosa confusión entre algunas personas que ven que el éxito en su planes o proyectos materiales, como una muestra del favor del Señor, pero eso generalmente no es verdad, pues la mayoría de los hombres de Dios 36…experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (He. 11:36-38) y aunque el texto se refiere a los hombres de fe del Antiguo Testamento, el día de hoy también sucede lo mismo, pues el mundo no está interesado en el mensaje del Evangelio y por eso repudia a los hombres de Dios.

Si tienes éxito en las cosas materiales te pido que tengas mucho cuidado, no digo que esto sea malo, pero si te pido que revises tu vida, que con sinceridad confieses ante Dios tu pecado y que te arrepientas de corazón, no sea que las riquezas te anestesien y estés bajando tranquilo al infierno, pues los bienes materiales no le aseguran a nadie la salvación, sólo Cristo salva, corre a Cristo, aun estás a tiempo.

 

Oremos

 Gracias Señor por permitirnos ver el trabajo como un virtud, ayúdanos a no quejarnos de él, sino darte gracias siempre pues nos ayuda en muchos aspectos de nuestra vida.

 Te pedimos que en cualquier condición, ya seamos empleados, jefes, o independientes, el testimonio de nuestra actividad laboral siempre te de la honra y la gloria.

 Ayúdanos Señor para que en el trabajo, como en todas las áreas de nuestra vida, seamos irreprensibles, que nadie blasfeme tu nombre por nuestras acciones, que podamos ser laboriosos, que nuestro esfuerzo en el trabajo sea constante, que seamos efectivos, honestos, puntuales, disciplinados y comprometidos con nuestro trabajo.

 Cuídanos Señor, para que no caigamos en alguna tentación en el ámbito laboral, protege a tus siervos Señor.

 Todo esto te lo pedimos en el nombre de nuestro amado Salvador.

 Amén.

 



[1]Ascetismo Doctrina filosófica y religiosa mística que busca purificar el espíritu por medio de la negación de los placeres materiales.

[2]Estoicismo Escuela filosófica griega fundada por Zenón de Citio en el siglo IV a. C, la cual está basada en el dominio y control de los hechos, cosas y pasiones que perturban la vida, valiéndose de la valentía y la razón del carácter personal. Su objetivo era alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales.

[3] Nota del autor No avalo, necesariamente, todos los puntos de vista doctrinales de estos autores, sino exclusivamente lo que cito.

[4] Ibíd.

[5] Hugh Latimer (Thurcaston, h. 1490 - Oxford, 16 de octubre de 1555) fue un teólogo protestante inglés. Hijo de un agricultor, se formó en un colegio de Cambridge donde conoció Thomas Bilney que le introdujo en las ideas de Lutero. Predicó en la Universidad de Cambridge hasta 1522. Después fue obispo de Worcester y capellán de Enrique VIII de Inglaterra, por quien fue encarcelado en dos ocasiones (1539 y 1546). El 16 de octubre de 1555 fue quemado en la hoguera en Oxford como hereje por orden expresa de María Tudor, conocida como María la Sangrienta, quien deseaba abrogar la Reforma Anglicana y restaurar la religión de Roma en Inglaterra e Irlanda.

[6] Eusebio de Cesárea (263- 339), también conocido como Eusebius Pamphili (Eusebio Panfilio, o literalmente, Eusebio, amigo de nfilo), fue obispo de Cesáreaexégeta y asimismo conocido como el padre de la historia de la Iglesia porque sus escritos están entre los primeros relatos de la historia del cristianismo primitivo. Sus contemporáneos también le denominan Eusebio de Palestina.

[7] Tomado de la pagina de Facebook de Cesar Vidal.

https://www.facebook.com/CesarVidalManzanares/posts/10152058251804363/

[8] Maximilian Karl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864 - nich, 14 de junio de 1920) fue un sociólogo, economistajuristahistoriador y politólogo alemán, proveniente de una familia protestante de Thuringia, Alemania y considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista. (El antipositivismo sostiene que las ciencias sociales, como la sociología, la psicología y la antropología, no pueden ser estudiadas utilizando el mismo método que las ciencias naturales, ya que los objetos de estudio de las ciencias sociales (la sociedad, el hombre, la cultura) poseen propiedades como la intencionalidad, la autorreflexividad y la creación de significado, que son dejados de lado por la epistemología positivista)

[9] John Wesley (Epworth, 17 de junio de 1703 - Londres, 2 de marzo de 1791) Clérigo y teólogo anglicano inglés, quien junto a su hermano Charles Wesley, es reconocido como inspirador del Movimiento Metodista inglés, el cual inicio cuando se adoptó la idea de George Whitefield, de predicar al aire libre.

[10] Nota del autor No avalo, necesariamente, todos los puntos de vista doctrinales de este autor, sino exclusivamente lo que cito.

[11] Ilustración o Siglo de las Luces – Época histórica y movimiento intelectual y cultural europeo (Finales siglo 17 - Inicios Siglo 19) cuyo objetivo era disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón.

[12] Frugalidad Moderación económica y prudencia en el uso de las cosas.

[13] Johann Sebastian Bach ( Eisenach, Turingía, Alemania,  31 de marzo de 1685 - Leipzig, Sajonia, Alemania, 28 de julio de 1750) fue un compositorsico, director de orquesta, maestro de capillacantor y profesor alemán del período barroco.

[14] Georg Friedrich Handel (Halle, Brandeburgo-Prusia; 23 de febrero - jul.5 de marzo de 1685 greg.-Londres; 14 de abril de 1759) fue un compositor alemán, posteriormente nacionalizado inglés, considerado una de las figuras cumbre de la historia de la música, especialmente la barroca, y uno de los más influyentes compositores de la sica occidental y universal. Su legado musical incluye obras en prácticamente todos los géneros de su época, donde 42 óperas, 24 oratorios (entre ellos El Mesías) y un legado coral son lo más sobresaliente e importante de su producción musical.

[15] Richard Steele (1629-1692) Predicador Puritano. Las obras de Richard Steele son: La vocación del comerciante. Originalmente titulada "The Tradesman's Calling" (1684). Glorificando a Dios en el trabajo y en tu oficio. Un remedio para los pensamientos errantes en la adoración a Dios, 1 Cor. 7:35.

[16] John Dod (1549-1645) era llamada comúnmente el Decalogista, porque él y el Sr. Robert Cleaver, otro ministro puritano, publicaron "Una Exposición de los Diez Mandamientos" en 1635. También publicaron "El patrimonio de los niños cristianos" y fueron autores de "Diez sermones para preparar a los hombres para recibir dignamente la Cena del Señor". También escribió un comentario sobre el libro de los Proverbios.

[17] Robert Cleaver ( - 1613) Fue ministro en Drayton, Oxfordshire, pero fue silenciado por el arzobispo Bancroft por no conformista. Fue un predicador muy piadoso, excelente y útil. El Sr. Clark lo considera "un ministro piadoso, una estrella brillante y un hombre de texto muy hábil"

[18] David Livingstone (Blantyre, Escocia; 19 de marzo del 1813-Chitambo, Rodesia del Norte; 1 de mayo de 1873) fue un médicoexplorador y misionero británico, una de las mayores figuras de la historia de la exploración. Mediante observaciones astronómicas, estableció situaciones correctas en la cartografía africana y realizó informes de botánicageología y zoología. También se distinguió por su lucha contra la esclavitud. Por todo ello, en la Gran Bretaña victoriana fue considerado un héroe nacional.

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