10. Pagando las deudas
10. Pagando las deudas
“21El impío toma prestado y no paga; ...”. Salmos 37:21a
Oremos
Padre nuestro por favor pon en nuestro corazón que solamente dependamos de Ti, que igual que tantos hombres piadosos vivamos una vida sin deudas, que nuestra única deuda sea el amar a nuestros hermanos.
Ayúdanos a lograr esa paz que sobrepasa todo entendimiento, y que sabemos que viene de Ti, y se aloja en un corazón que confía completamente en tu providencia, y en que Tú haces siempre lo mejor para nosotros.
Permítenos reposar en Ti, en tu amor y tu misericordia permanente, que estemos tan concentrados en tu bondad, que nunca pensemos que podemos resolver un problema o alcanzar una meta por medio de una deuda.
Además Padre Santo, a los que tengan deudas, dales el convencimiento que las deudas no son tu voluntad y además la voluntad necesaria para pagarlas.
Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús.
Amén.
Después de la fe en Dios y el contentamiento, la tercera característica de un mayordomo o administrador de las finanzas del reino de Dios aquí en la tierra es que paga sus deudas. La gracia de la salvación y la justificación debe llevarnos a estar libres de deudas.
Habiendo entendido que los creyentes tenemos nuestra fe en Cristo Jesús como nuestro Salvador, pero también como nuestro proveedor, es claro que confiamos en Dios como Aquel que nos sustenta con todo lo que necesitamos, eso quiere decir que lo que no llega de la mano de Dios es porque no está en su plan para nosotros, es decir, no lo necesitamos.
Y habiendo también entendido que el contentamiento es el resultado natural en el corazón de alguien que sabe que lo que llega de parte de Dios es suficiente, y que no necesita tomar deudas para adquirir otras cosas, pues se entiende que están por fuera del plan de Dios (pues Él no las provee).
Entonces el resultado natural de estas dos características de un fiel mayordomo, es decir, que tiene fe en Dios como su proveedor y vive en contentamiento, es que vive sin deudas, pero si por algún motivo las tiene, debe hacer todo lo posible por pagarlas. Por eso hoy analizaremos las implicaciones de un proceso de pago de deudas.
No pagamos nuestras deudas para ser salvos, más bien el pagar las deudas es una evidencia de que hemos sido salvados, pero necesitamos la gracia constante de nuestro Dios para lograr este propósito y entender lo que esto significa, para que la gracia de la salvación y la justificación nos lleve a estar libres de deudas.
Pagar las deudas
Es común en nuestra cultura el pensamiento de que: “El que no se endeuda, nada consigue” ó “el que nada debe, nada tiene”, es así como muchas personas, con grandes deudas y sin recursos para pagarlas, están aferradas a este tipo de mentalidad y piensan que tal afirmación los exonerará del pago de las deudas. Pero es triste darse cuenta que no pasa mucho tiempo, cuando llega un abogado, quien en forma dura, advierte el comienzo de un proceso jurídico para exigir la cancelación total de las deudas.
Estos procesos jurídicos de recuperación de cartera causan mucha preocupación y aflicción en el deudor, o codeudor (avalista), pues por lo general hay amenazas de embargos y otras medidas de presión, y estos cobradores están autorizados por la ley, pues quien tiene una deuda está en manos del acreedor.
“... el que toma prestado es esclavo del que presta”. Proverbios 22:7
Para tratar de entender el estado de esclavitud mirémoslo desde su opuesto: la libertad, entonces si la esclavitud de las deudas es un compromiso que, entre otras cosas, nos limita la libertad, nos causa preocupación y nos restringe el flujo de fondos, la libertad es la tranquilidad de disponer de los recursos según la voluntad de Dios, pues si lo miramos bien, cuando alguien toma una deuda, está estableciendo un compromiso con dineros que se espera que lleguen en el futuro, de tal manera que cuando lleguen esos fondos no se les puede dar otra destinación, pues ya existe una limitación para su uso, solo se pueden destinar para pagar la deuda. Por eso la Biblia nos advierte:
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. Gálatas 5:1
Ante eso surge una pregunta ¿En realidad queremos hacer la voluntad de Dios? Si es así, entonces debemos entenderla. Eso nos lleva a buscarla al menos de tres maneras: 1) En la Palabra de Dios, 2) en los consejos de hermanos maduros en la fe y 3) en la providencia del Señor; de tal manera que cada uno sepa y comprenda si debe comprar o adquirir algo; puede que ese algo parezca un objetivo muy piadoso, por ejemplo embellecer el lugar donde se reúne la iglesia local.
Hagamos entonces un ejercicio de análisis de esa situación, con el objetivo de buscar la voluntad de Dios: Primero vamos a la Palabra de Dios y busquemos en ella argumentos bíblicos que respalden nuestro objetivo, en este caso, encontramos en 1 Reyes 6 la historia de la construcción del templo de Jerusalén, con instrucciones precisas del Señor para la obra. Este texto y muchos otros, nos pueden dar a entender que el deseo de embellecer el lugar de reunión de la congregación está bien a los ojos del Señor. Segundo, después debemos pedir consejo de algunos hombres de Dios, quizás ellos nos podrían decir que debemos darle todo el honor al Señor y que una buena manera de hacerlo es adorarlo en un lugar digno de su gloria, así que, este segundo paso también podría ser positivo en cuanto al plan de embellecimiento del lugar de reunión de la iglesia. Tercero, por último esperamos en la providencia del Señor los recursos para hacerlo, y aunque por lo general eso implica el esfuerzo y sacrificio de los hermanos, lo cual es muy loable, no podemos perder de vista que es la obra del Señor y que es Él quien proporciona los recursos, si no hay recursos es porque o no es la voluntad de Dios, o no es el tiempo de Dios.
En este ejercicio vemos que los pasos 1 y 2 fueron positivos en cuanto a embellecer el lugar de reunión, pero el 3 es negativo, ¿que se puede hacer para solucionar este problema?... ante la falta de recursos, algunos pensarán en “tomar una deuda para hacer la voluntad de Dios”... no les parece que este es un pensamiento sin sentido, es claramente un absurdo que no tiene ningún respaldo en la Palabra de Dios, sin embargo, y desconociendo que no hay la más mínima evidencia bíblica para tomar una deuda, algunos respaldan su plan de deuda argumentando que van a recibir el préstamo de una entidad amiga de la causa del Señor, o que el dinero proviene de un hermano piadoso, que sólo quiere ayudar... Hermanos esto es un verdadero contrasentido, si quien ofrece el préstamo es una entidad amiga de la causa del Señor, o un hermano piadoso que quiere ayudar, entonces que entreguen ese dinero como ofrenda, eso si está avalado por las Escrituras, pues esa es la manera que nuestro generoso Señor nos enseñó. Sin embargo, una ofrenda puede fortalecer a la congregación, pero no es bueno que una iglesia local esté recibiendo fondos constantemente desde afuera, pues es la membresía quien debe sostener los gastos de la iglesia, eso es muy importante pues es una muestra de compromiso.
Otros se olvidan de la sana doctrina y simplemente respaldan su idea de endeudarse diciendo que tienen la fe suficiente en que Dios les dará el dinero necesario para pagar cada cuota, pues es su obra, y es para su honra y gloria... esas personas no conocen a Dios, no han entendido que Él nos trae libertad y no esclavitud, pero sobre todo no entienden que cuando Dios quiere hacer algo lo hace, por eso si la voluntad de Dios es que sea embellecido el lugar donde se reúne su iglesia, Él mismo entregará los recursos para eso, así como lo ha hecho tantas veces a lo largo de la historia, pues cuando Él quiere u ordena algo, Él mismo proporciona todo lo necesario para hacerlo. Este mismo patrón se repite una y otra vez en las Sagradas Escrituras, en donde podemos verificar que el pueblo de Dios nunca asumió una deuda para cumplir la voluntad del Señor
“9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, 10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”. Isaías 46:9-10
El mismo método que usamos para saber si algo es la voluntad de Dios podríamos emplearlo al momento de tomar la decisión de adquirir una deuda, es decir, primero ir a la Palabra de Dios, para saber si esa es una práctica avalada por el Señor... Pero no lo encontraremos pues la respuesta de Dios nunca es una deuda.
Por eso es muy importante que conozcamos a nuestro Señor por medio de sus atributos, y en este caso la soberanía de Dios, miremos lo que dice la Palabra de Dios al respecto. (Les puedo recomendar el libro “La soberanía de Dios”[1] de A.W. Pink).
“Nuestro Dios
está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho”. Salmos 115:3
“Todo lo que
Jehová quiere, lo hace, En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos
los abismos”. Salmos 135:6
Este es un ejemplo para las finanzas de una congregación, pero lo mismo aplica para las finanzas familiares, o personales, les recuerdo que endeudarse nunca ha sido una buena práctica, pero ahora es mucho menos recomendable, pues el enemigo cada día avanza más en el control de este mundo, y ahora con la careta del globalismo[2] traerá más limitaciones para la libertad de las personas, y las más afectadas serán aquellas que pueden ser presionadas o manipuladas mediante el cobro de las deudas.
Es muy importante tener en nuestra mente y en nuestro corazón que el Señor nos trae libertad, por eso donde está Él hay libertad, y la deuda es lo contrario a la libertad, pues quien se endeuda empeña los recursos futuros en algo que muy probablemente no sea la voluntad preceptiva de Dios y que está limitando tus posibilidades de servirle según su santa voluntad.
En
el Comentario a Romanos de William Barclay, encontramos:
“Pablo insistía en que los cristianos deben pagar los tributos e impuestos al Estado y a las autoridades locales, aunque sean gravosos. Y luego pasa a las deudas privadas, [como ya hemos expuesto anteriormente], al decir: “No debáis nada a nadie”. Puede parecer que eso no hacía falta decirlo; pero había algunos que tergiversaban la petición en la oración del Padrenuestro: Perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores, como una razón para pedir que se le perdonaran las obligaciones económicas. Pablo tenía que recordarle a su gente que el cristianismo no es una disculpa para dejar de cumplir las obligaciones que tenemos con nuestros semejantes, sino al contrario, es una razón para cumplirlas a rajatabla” (Barclay, 1995, 208).
En su comentario a 2 Reyes 4:1-7 (El aceite de la viuda), Matthew Henry dice: “La viuda debía pagar su deuda con el dinero que recibió por el aceite. Aunque sus acreedores fueran muy duros con ella, debía, no obstante, pagarles aun antes de hacer provisión para sus hijos. Una de las principales leyes de la religión cristiana es que paguemos toda deuda justa y demos a cada cual lo suyo, aunque dejemos muy poquito para nosotros mismos; y eso, no por la fuerza, sino por causa de la conciencia. Quienes tienen mente honesta no pueden comer con placer su pan diario, a menos que sea su propio pan. Ella y sus hijos deben vivir con lo que queda; esto es, con el dinero recibido por el aceite, con lo que ellos se encaminaron hacia la obtención de una vida honesta. No podemos ahora esperar milagros, pero podemos esperar misericordias, si atendemos a Dios y le buscamos”.
Como creyentes, debemos tener la convicción de pagar “toda” clase de deudas, pues tenemos una gran responsabilidad como testimonio.
Como dicen Hill y Pitts, en su libro Bienes, Riquezas y Dinero: “Enfrenta tu propia maldad” (Hill y Pitts, 2001, 161), pues aunque suena duro, es verdad que la palabra de Dios dice que una de las características del “malvado” es que toma prestado sin intención de devolver, no paga.
“21Los malvados piden prestado y no pagan;...”. Salmos 37:21 [NVI]
Piensa por un momento, ¿tu testimonio revela un verdadero creyente o un malvado? Porque la Palabra demanda del creyente que se haga cargo de su deuda y demuestre con su testimonio lo que nuestro Señor ha transformado en él. “... Uno de los mayores problemas asociados a la deuda son los emocionales, el temor, vergüenza, falta de valoración y parálisis que acompañan las deudas.... Esto causa que la gente se esconda de sus acreedores y no se comunique. El hacerse cargo de la deuda implica el asumir la responsabilidad por la deuda incurrida y comunicarse con sus acreedores con sinceridad. El primer paso en hacerse cargo de la deuda es el de arrepentirse ante el Señor por la maldad de tomar prestado sin intenciones de devolución, si éste es el caso. La sangre de Jesús fue derramada para remover la culpa y contaminación que provienen de esta área de pecado” (Hill y Pitts, 2001,165).
Recordemos que cuando estamos endeudados, estamos en las manos de nuestros acreedores.
“6...¡Ay de ti, que te haces rico con lo que no te pertenece! ¿Hasta cuándo seguirás amontonado las riquezas que tomaste prestadas? 7Cuando menos lo esperes, llegarán tus acreedores, despertarán los que te atormentan y te dejaran desnudo” Habacuc 2:6b-7 [DHH]
La versión Palabra de Dios para Todos [PDT], lo dice de esta manera:
“6...Oye tu, que acumulas a montones lo que no te pertenece. Estás cargando con una deuda muy grande, ¿Hasta cuándo aguantarás así? 7¿No se levantarán de repente en tu contra tus acreedores? ¿No se despertarán los que te aterrorizarán? Serás un botín para ellos”.
Restitución
Hay un tipo de deuda que resulta del robo o de una injusticia que hayamos cometido con alguien. En este caso, también debemos saldar esta deuda, restituyendo lo robado o lo quitado a alguien en forma injusta.
El concepto de restitución viene desde el Antiguo Testamento, donde la persona debía ofrecer un sacrificio por el pecado en caso de transgredir las cosas santas de Dios o del prójimo. Tenía que ver con todo lo relacionado con el tabernáculo, las fiestas, descuido en el diezmar, pecados relacionados con la propiedad ajena, robo, estafa, engaño o con la opresión a los pobres.
“2 Cuando una persona pecare e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo encomendado o dejado en su mano, o bien robare o calumniare a su prójimo, 3 o habiendo hallado lo perdido después lo negare, y jurare en falso; en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre, 4 entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, 5 o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación”. Levítico 6:2-5
El ofensor que quería ser perdonado, confesaba en restitución al defraudado, añadiendo a eso una quinta parte más como multa sacada de sus posesiones. Si no era posible hacer la restitución al defraudado o a algún pariente de él, tenía que entregarla al Señor a través del sacerdote (Números 5:8). Pero no era suficiente reparar el mal hecho a su prójimo y a la sociedad; se le demandaba ofrecer en sacrificio a Dios, un carnero sin defecto (Levítico 6:6-7). El ofrecer un animal de tanto valor, simbolizaba el alto costo del pecado y reavivaba el sentido de la responsabilidad delante de Dios.
Aunque esta ley, parte de la ley civil y ritual judía, no está literalmente vigente hoy, en el Nuevo Testamento, vemos como el concepto de la restitución puede interpretarse como una evidencia en la conversión de Zaqueo, en su encuentro con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en el cual podemos entender que parte del arrepentimiento, es devolver con creces, las cosas que hemos robado o quitado injustamente a alguien. Recomendamos leer el pasaje completo de Lucas 19:1-10.
“8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Lucas 19:8-10
Es necesario orar y pedirle al Espíritu Santo la dirección para restituir a aquellos que hayamos defraudado en cuanto al cómo y al monto.
¿Cómo salir de deudas?
Para hacer Tesoros en el cielo, ejerciendo una mayordomía bíblica es imprescindible aceptar la Biblia como nuestra única regla de fe y práctica y basar nuestras actuaciones en sus principios.
Con base en lo visto sobre este tema, tanto en esta enseñanza como en la enseñanza 7: Deudas y fianzas, un creyente debe anhelar ser libre de toda clase de deudas y fianzas para vivir en la libertad que Cristo ganó con su invaluable sangre. Le rogamos, por amor a Cristo, que no pisotee su valiosa obra en la cruz y su sangre al volver a la esclavitud adquiriendo deudas y oramos que desee con todo su ser vivir en esa libertad.
Por esta razón, debe dar los pasos necesarios para lograr restablecer esa libertad de deudas en su vida. La palabra de Dios está llena de principios que generan un compromiso de obediencia de nuestra parte para desarrollar un carácter íntegro y sólido en esta área.
Así, en este proceso, debemos ir actuando y dando pasos de fe, a medida que vamos descubriendo lo que Dios dice acerca de cada uno de estos temas para aprender a vivir de acuerdo a ellos.
Recuerde: Un fiel mayordomo del Señor paga sus deudas.
Un método para pagar deudas
Planteamos a continuación, algunos pasos para salir de deudas:
1. Arrepiéntase sinceramente y pídale perdón a Dios.
“9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9
2. Ore al Espíritu Santo que le traiga a su mente a todos y cada uno de sus acreedores.
3. Usted necesita saber cuánto debe para establecer una lista de acreedores con datos muy precisos, el plan de pagos, los abonos que va haciendo y el porcentaje que ha pagado. Esto le ayudará a tener siempre la información precisa de cuánto está debiendo y cuánto ha pagado. Además, podrá observar su progreso.
4. Si está atrasado en el pago de su deuda, póngase en contacto con su acreedor, pídale perdón, dé la cara y asegúrele que le va a pagar. (No se comprometa a fijar una cuota de abono antes de llevar a cabo los puntos que siguen).
5. Organice sus finanzas y establezca un presupuesto (Enseñanza 11: Planificación financiera hoy). Es la única manera de aprender a manejar lo poco o mucho que gana.
6. Establecido su presupuesto, sujétese a él en cada detalle o rubro, para poder determinar si al final de cada mes, hay sobrantes o faltantes.
7. El paso anterior lo debe llevar a hacer ajustes mes a mes, de modo que sus ingresos sean mayores que los egresos y así, poder cumplir con sus obligaciones.
8. Le sugerimos establecer un orden de pago de sus deudas, de la menor a la mayor, teniendo en cuenta las que más intereses generan y las más urgentes.
9. Tenga siempre a la mano su lista de deudas y la propuesta del plan de pago. Si tiene dificultades, pida asesoría a un consejero espiritual o a alguien de su confianza y experto en este tema, exigiéndole que esta información sea estrictamente confidencial.
10. Ya puede contactar a sus acreedores y proponerles una fórmula de pago. Asegúrese de que su propuesta sea aceptada y cúmplala.
11. Al pagar la deuda, asegúrese de que quede un documento de constancia que acredite su pago y posterior paz y salvo. Asegure bien este documento.
12. De gracias a Dios por su provisión para saldar sus deudas y no tome más deudas.
Nota: Sugerimos que busque a alguien a quien darle cuentas del proceso y que le anime. Esto le ayudará a mantenerse firme en su decisión de salir de deudas.
Llamado a seguir a Cristo
En otras épocas los deudores que no podían pagar eran sometidos a la esclavitud o la prisión, y en la esfera espiritual es igual, con el agravante que todos los hombres somos deudores por el pecado y esa deuda es impagable, pues ni todo el oro del mundo alcanza para pagar por el alma de un solo hombre, así son de graves las consecuencias del pecado.
La Biblia dice que la paga del pecado es la muerte, y ese era nuestro castigo: la muerte eterna en el lago de fuego y azufre que nunca se apaga. Por eso Dios en su misericordia proveyó la víctima para morir en lugar de los pecadores, en la persona de Jesucristo, Él, quien es Dios, se humilló, sufrió tortura y derramó hasta la última gota de su preciosa sangre por los pecadores.
De esa manera nos libró de la tortura eterna en el infierno… y tú seguirás empeñado en tu rebeldía y orgullo pensando que con tu aparente bondad te puedes salvar del infierno… No tienes ni la más mínima posibilidad, el único salvador es Cristo, sólo yendo a Él en verdadero arrepentimiento podrás lograr la salvación de tu alma, corre a Cristo, no esperes más.
Legado para mis hijos
Dependiendo de la edad de sus hijos debe informarlos de una manera didáctica acerca del proceso de pago de deudas que estás realizando, la idea es que ellos entiendan que la familia irá pagando esos compromisos adquiridos sin un entendimiento de la grave afrenta contra Dios por su falta de contentamiento, y que ese proceso de pago de deudas es producto de su arrepentimiento.
Debido a que su principal objetivo es pagar las deudas, esto llevará a la familia a sufrir restricciones en los gustos que antes se daban, esta es una buena oportunidad de mostrarles con hechos, las consecuencias del pecado, así sea en cosas mínimas.
Esta también es una buena oportunidad para recalcarles la importancia de estar contentos con lo que Dios provee y a mortificar el pecado de la codicia en los corazones de los pequeños.
Oremos
Gracias amado Padre celestial por permitirnos entender la bendición de estar libres de deudas, gracias por tu Hijo Jesucristo que pagó por nuestra impagable deuda de pecado.
Por favor Señor, ayúdanos a establecer un plan de pago de deudas y cumplirlo, y a vivir dentro de los limites económicos que Tú nos has establecido.
Que podamos ser irreprensibles, que nadie pueda decir de nosotros que dejamos una deuda sin pagar, para que nuestro testimonio siempre sea bueno.
Que tu santo nombre no sea blasfemado por culpa nuestra, por una mala mayordomía.
Todo te lo pedimos en el nombre de nuestro amado Salvador.
Amén.
[1] La Soberanía de Dios, A.W. Pink
disponible gratuitamente en Chapel Library
[2] Globalismo – ideología que pretende implantar un gobierno global
para ejercer autoridad sobre todo el mundo, y se hace por medio de entidades no
gubernamentales, como la Organización Mundial de la Salud OMS, el Fondo
Monetario Internacional FMI, Banco Mundial BM, entre otras,
quienes están bajo la dirección de personas no elegidas por votación popular.
Entre sus premisas está el bienestar mundial con la implantación de la Agenda
2030, la cual a todas luces trae una gravísima perdida de
libertad, con la excusa de preservar el planeta y la vida humana.
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