11. Planificación financiera. Parte 1
11. Planificación financiera. Parte 1
“5Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza” Proverbios 21:5
Oremos
Padre santo hoy venimos agradecidos delante de Ti, pues nos sabemos amados y resguardados por tu misericordia, gracias pues si estamos aquí es porque cada uno de nosotros sabe que, como mayordomos, tenemos cosas en tu reino que administrar, así que te pedimos que abras nuestro entendimiento y nuestro corazón para conocer las instrucciones que tienes para nosotros tus hijos.
Señor enséñanos lo más importante, capacítanos según tu voluntad, permítenos estar enfocados en tus planes para con nosotros y pasa a segundo plano nuestros deseos, anhelos y planes personales, para poder planificar según tus prioridades y no según las nuestras.
Que sea tu honra y tu gloria nuestro objetivo y el avance tu iglesia nuestra mayor meta.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro amado Salvador.
Amén.
Introducción
En esta serie de enseñanzas profundizaremos en la planificación desde el punto de vista financiero, pero no podemos olvidar que todos los aspectos de nuestra vida deben ser planificados, recordemos que vivimos bajo la misericordia de Dios y el Señor es un Dios de orden.
Pero antes de continuar y con el ánimo de dar claridad, les debo advertir que la mayordomía bíblica ha sido usada para justificar la planificación familiar, también llamada control natal o anticoncepción, pero en la Biblia encontramos que para Dios ese razonamiento no es válido. Más bien es enfática en lo contrario pues nos dice: “fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28 y 9:1) y en toda circunstancia deja claro que “los hijos son bendición y la riqueza de un hombre” (Salmo 127:3).
Si la mayordomía bíblica pudiera usarse como justificación para el control natal, sería un absurdo que Dios ordenara a su pueblo multiplicarse durante la esclavitud en Egipto, durante su travesía en el desierto y durante el cautiverio en Babilonia (Jer. 29:5-7) y que este mandamiento no fuera abrogado en el Nuevo Pacto.
Dios dio el mandato de señorear, fructificar y multiplicarse para el cumplimiento de sus planes (Génesis 1:28). Aquí se establecen dos grandes y generales bendiciones, procreación y trabajo (Este último lo veremos posteriormente en la enseñanza 17: Diligencia en el trabajo).
¿Cómo podría cumplir el ser humano el mandato de multiplicarse? Por medio de la procreación. Y, ¿cómo podría cumplir el ser humano el mandato de señorear? Por medio del trabajo. Aunque no profundizaremos en este tema ni es nuestra intención incluir el control natal o algún método de planificación familiar dentro de este asunto de planificación financiera, pues no es el objetivo, creemos que es un deber de cada creyente instruirse en este tema, profundizar y dejarse guiar por las Escrituras, más que por los razonamientos y argumentos seculares posmodernos.
Aclarado esto, podemos decir que...
La perseverancia es clave en la planificación
La planificación, pero sobre todo perseverar en lo planificado, es muy importante para lograr nuestros propósitos como cristianos, pues cuando iniciamos un proceso para poner orden en nuestra vida financiera, con plena seguridad nos encontraremos con una férrea oposición de nuestros enemigos[1], que nos impiden avanzar, eso me hace acordar de un dicho de un antiguo pastor, hablando de la carrera del cristiano: esto no es del que comienza, sino del que termina… Por eso es importante la perseverancia, pues por medio de ella el Espíritu Santo, nos lleva a terminar bien nuestro camino en esta tierra, pues debemos estar convencidos de…
“.. que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Filipenses 1:6
Y cuando hablo de perseverancia, les estoy diciendo que este no es un camino fácil, requerimos de la ayuda del Señor para mantener nuestros ojos puestos en el propósito principal de esta vida, sin dejarnos distraer por esas pequeñas indulgencias que nos retrasan nuestro andar. Por eso el autor de la carta a los hebreos, después de terminar el relato de la vida los héroes de la fe, en el capítulo 11 en donde nos recordó como todos estos hombres de Dios terminaron bien su carrera, nos trae esta frase que debería estar enmarcada con letras de oro en nuestros corazones:
“Puestos los ojos en Jesús…” Hebreos 12:2
Pues tener los ojos puestos en Jesús es la única manera de perseverar en este camino, si me distraigo y pongo los ojos en mí, en mis deseos, en mis flaquezas, en mis aflicciones, entonces perderé mucho tiempo y mucha energía necesaria para avanzar en el plan trazado, por eso no puedo desviar la mirada, siempre debe estar en Cristo.
Vivir una vida planificada y ordenada es un deseo legitimo de todo creyente, pero no es tan fácil como decirlo o desearlo, pues todos los días se nos presentan asuntos difíciles por resolver, y ese celo o deseo inicial empieza a decaer y empezamos a olvidar la importancia del propósito de Dios para nuestra vida, entonces vivimos momentos críticos en los cuales el pensamiento predominante es abandonar todo y retroceder, pues nos encontramos paralizados y frustrados en nuestro crecimiento espiritual.
Pero no nos podemos permitir esa derrota y es ahí cuando requerimos un mayor esfuerzo para buscar el rostro del Señor e implorar por su ayuda para superar el desconcierto, la aflicción y la parálisis, y aquí juega un papel fundamental la perseverancia, pues es muy importante para agradar a Dios, pues nosotros no somos de los que retroceden para perdición (Hebreos 10:39), sino de los que perseveramos.
“12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Mateo 11:12
Hermanos, para entender este texto debemos comprender el contexto histórico; cuando nuestro Señor caminó sobre esta tierra, se evidenció que los gentiles también podían entrar al Reino de los Cielos, pero los judios pensaban que lo podían impedir, pues ellos se creían los únicos herederos de la promesa, así que de manera figurada los gentiles debían entrar por la fuerza, es decir, usando la violencia.
Es por eso que el Señor estaba hablando del gran esfuerzo que debían hacer para entrar al Reino de Dios, y cuando habla de los violentos se refiere a aquellos que perseveraban en entrar al reino de Dios esforzándose. Eso no significa que haya una fuerza u obra humana capaz de hacer ingresar a alguien al reino de los Cielos, sino que los que se toman en serio el agradar a Dios no son negligentes, sino que son como hombres violentos que asaltan las murallas del enemigo hasta cuando las derriban, y esto tiene un claro sentido espiritual.
Así debemos ser nosotros para avanzar con perseverancia en la defensa de los planes de Dios para con nosotros, pues si cada uno de nosotros avanza, la iglesia avanza, y recuerden la promesa del Señor “las puertas del Hades no prevalecerán contra [la iglesia]” (Mateo 16:18), esto nos indica que es la Iglesia la que avanza contra el Hades, y no lo contrario, y siendo Dios soberano defiende su plan para cumplirlo al pie de la letra, pero siendo el hombre responsable, nosotros debemos hacer nuestro mayor esfuerzo, usar toda nuestra fuerza para que la iglesia avance hasta derribar las puertas del Hades.
Y digo todo esto en esta enseñanza de planificación financiera pues debemos ser perseverantes como aquellos que “violentamente quieren entrar al reino de los cielos”, es decir, como los que con todo su esfuerzo quieren agradar a Dios, eso es entrar en su reino, y eso, entre otras cosas, implica cumplir los objetivos trazados en una planificación financiera que lo honre y dé toda la gloria al Señor… y les digo hermanos, hacer la planeación puede ser fácil, lo que es realmente difícil es mantenerse en ella, sin olvidar el propósito principal, durante el resto de nuestra vida en esta tierra, así que esto no lo podemos tomar con ligereza, pues es un compromiso con Dios y su reino, pues quien agrada a Dios es aquel que pasa su vida entera en la búsqueda del reino de Dios y ora todos los días así:
“9…Padre
nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” Mateo
6:9-10
Que todos los días nuestro plan sea santificar su
Nombre, que todos los días esté su reino con nosotros, que todos los días
entendamos y hagamos su voluntad… eso debe estar en nuestros planes por el
resto de nuestra vida.
Gran parte de nuestra planificación debe incluir la enseñanza de los pequeños, por eso siempre dedicamos unos minutos a dejar un legado para nuestros hijos, de tal manera que la instrucción bíblica haga que la próxima generación entienda y viva según la Palabra de Dios, para que ellos continúen con la tarea de empujar con todas sus fuerzas las puertas del Hades, para la gloria del Señor.
Hermanos les repito, esto no es fácil, esto es para valientes y para perseverantes, pues por lo general implica cambios en nuestra vida, sin embargo aquel que sienta débil y se crea inconstante, puede con toda con confianza pedirle al Señor que lo capacite para esta tarea, y Él lo hará, pues redundará en su honra y su gloria.
También les digo que es posible que pronto veamos pequeños avances en nuestro orden financiero, pero que los verdaderos resultados los veremos mucho más adelante, y que quizás la mayor parte de nuestro trabajo sea cosechado por las próximas generaciones, así que no nos desanimemos pues esta es una tarea de largo aliento, con metas a largo plazo, realmente es un proyecto de toda la vida, pero sinceramente les digo, vale la pena, principalmente por la honra de Dios, pues lo honramos al tener una vida ordenada, pero también por nosotros pues el orden y la planificación nos trae paz, y nos hace más útiles para el avance del Reino, y además por las futuras generaciones de creyentes.
No podemos perder de vista que la gracia de la salvación y la justificación debe llevarnos a ser excelentes planificadores, pero recordemos que no somos buenos planificadores para ser salvos, sino que el ser salvos nos lleva a planificar sabiamente, pero necesitamos la gracia constante de nuestro Dios para lograr este propósito y entender lo que esto significa, para que la gracia de la salvación y la justificación produzcan en nosotros una buena planificación.
Planificación financiera según la Palabra de Dios
“5Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza”
Proverbios 21:5
En otras palabras la Biblia nos dice que cuando las cosas se planean bien el resultado es provechoso, pero cuando se hacen de manera descuidada y a la carrera el resultado es un fracaso.
Para que la planificación sea provechosa debemos empezar por definir cual es el propósito de nuestra vida, es lo mismo que si voy de viaje, debo planificarlo según el propósito de ese viaje… en este caso el viaje que vamos a planificar es nuestra vida, y la tenemos que planificar para cumplir con el propósito de Dios para nuestra vida. Esto es muy importante, pues si no conozco el propósito de Dios para mi vida, entonces mis planes serán guiados por mis propósitos, no por los de Dios, y eso nos llevará a alejarnos del Señor. Entonces la pregunta que nos debemos hacer es ¿Cual fue el propósito de Dios al traernos a este mundo? ¿Para que nos creó Dios?
“7 Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”. Isaías 43:7
Entendiendo que fuimos creados para la gloria de Dios, entonces nuestra planificación financiera tiene que estar estructurada para cumplir con ese propósito, y si así lo hacemos será de mucho provecho.
Es por eso que la cuarta característica de un mayordomo o administrador de las finanzas del reino de Dios aquí en la tierra es la Planificación financiera, (después de la fe, el contentamiento y el pagas las deudas) este es un proceso que dura toda la vida, pues tiene que ver con nuestra santificación, la cual es para la gloria del Señor.
El entorno social en donde nos hemos criado, tiene mucha influencia en la manera cómo vemos las finanzas, lo que incide a su vez, en la manera cómo las administramos, pues sea por una perspectiva afectada por la doctrina de la pobreza o por el mensaje de la prosperidad, o incluso si vivimos en abundancia o en escasez, eso se notará en la manera como administramos las finanzas.
Particularmente, nuestra cultura latinoamericana no ha sido entrenada en el tema de la planificación. El querer satisfacer los deseos de inmediato, la proyección a corto plazo y el desconocimiento que tenían nuestros padres y abuelos de los principios financieros registrados en la Biblia, han traído como consecuencia, la falta de formación en esta área.
Gran parte de nosotros, nunca fuimos instruidos ni enseñados por nuestros padres en el manejo del dinero, la administración de los bienes y las posesiones o en la preparación y establecimiento de un presupuesto y, mucho menos, en el hábito de ahorrar con regularidad.
Todo lo anterior, genera una gran dificultad para establecer un orden en las finanzas y muchos se desaniman en el proceso de ordenamiento, en el diseño de un presupuesto y, aún más, en la perseverancia en la sujeción a éste, debido a las mismas razones.
¿Qué es planificación financiera?
La planificación financiera es un proceso en virtud del cual se proyectan y se fijan objetivos, usando técnicas que reúnen un conjunto de métodos e instrumentos con el fin de establecer metas económicas que nos lleven a minimizar los riesgos y aprovechar oportunidades y recursos, tomando en cuenta los medios que se tienen y los que se requieren para lograrlo.
Para nosotros los creyentes una definición podría ser esta: Elaborar un plan detallado, integral y personal o familiar, que según el propósito de Dios (la honra del Señor) para mi vida, claramente determine los objetivos que deseo lograr, teniendo en cuenta los recursos disponibles, y también incluyendo la posibilidad de verificar los resultados. Este plan debe establecer plazos en el tiempo, para hacerlos realidad.
También podemos ver
la planificación financiera de una manera más amplia, como un procedimiento en
cuatro fases[2] para decidir qué acciones se
deben realizar en el futuro, según el propósito general, para lograr los
objetivos trazados:
1.
Planificar según los objetivos.
2.
Hacer lo planeado.
3.
Verificar y revisar la eficiencia de cómo se hizo.
4.
Actuar para corregir y replantear.
1. Planificar lo que se quiere hacer
Sabemos que nuestra planificación debe estar enfocada en nuestro propósito principal, que es “vivir para la gloria de Dios”, entonces a Él debemos recurrir, por eso vamos a su Palabra, en donde encontramos un gran ejemplo de como Él planeó todo para nosotros desde antes de la fundación del mundo.
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Efesios 2:10
Entonces, ¿qué debemos hacer? Cada día profundizar en la Palabra de Dios y ante el Señor, en oración, pedir su dirección, pues éste es un paso imposible sin la ayuda del Espíritu Santo, debido a que nosotros siempre tenemos otros planes, “nuestros maravillosos planes” que, incluso, pueden parecer planes piadosos, pero que en el fondo de nuestro corazón sabemos que no siempre son la voluntad de Dios.
Por lo tanto, nuestros planes, deben estar alineados con la voluntad del Señor expuesta en su Palabra (Voluntad Preceptiva), dejando atrás los planes que no encajen en ella. Esto no es fácil, sólo se logra con un corazón muy sensible a la voz de Dios y doblegado y entregado al Señor, recuerden que esto hace parte del carácter de un fiel mayordomo, y lo hemos visto en la enseñanza del contentamiento: un corazón rendido en amor ante el Señor.
2.
Hacer lo planeado
Si el Señor ya preparó de antemano las buenas obras
(Efesios 2:10), a nosotros nos corresponde obedecer y ser diligentes en hacer
lo expresamente ordenado por Dios en su voluntad preceptiva. En esto debemos
enfocarnos e invertir todos nuestros esfuerzos. Eso es lo que mejor hacían los
grandes hombres de fe descritos en la Biblia
¿Qué hacían ellos? Oraban para recibir la capacitación del Señor que les permitiera hacer la voluntad de Dios y, diligentemente, hacían lo que el Señor les mandaba. Además de eso, debían acudir a Dios para que les diera un carácter firme para resistir las burlas, las ofensas, el rechazo e, incluso, el martirio, y no desviarse tras las cosas del mundo. Ante el diluvio, Noé y su familia obedecieron a Dios construyendo el arca, mientras que el resto de la humanidad siguió viviendo en impiedad y no hizo caso de las muchas advertencias (1 Pedro 3:20).
“22Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó”. Genesis 6:22
Pero esto tampoco es posible sin la ayuda del Espíritu Santo, pues por lo general, conocemos la voluntad del Señor, pero, muchas veces, nosotros creemos tener “una mejor manera de hacerlo”..
Por eso debemos admitir que entender los planes del Señor, a veces, no es asunto fácil, pero también debemos saber que el Señor en su misericordia nos hace entender lo que desea que entendamos, y cada vez iremos avanzando más en la compresión de su voluntad para cada uno de nosotros.
3. Verificar — revisar la eficiencia de cómo se hizo
Para el creyente, esto se conoce como reflexión o auto-examen. Necesitamos revisar nuestros hechos y cómo los hemos llevado a cabo porque el corazón es engañoso y aun tenemos una fuerte tendencia a remplazar los planes de Dios con los nuestros y a tomar el camino equivocado. Esta reflexión se hace por medio de la oración y la meditación en la Palabra.
Veamos un poco de la historia de un hombre que revisó lo que hizo:
“17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre. 18Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”. Lucas 15:17-19
La clave aquí, está en “volviendo en sí”, ésta es la iluminación del Espíritu Santo en el corazón del hombre para mostrarle su propia maldad y cómo se ha apartado de los planes de Dios. Sin la compañía del Espíritu Santo en este proceso, es imposible avanzar, pues si revisamos los procesos desde la sabiduría humana, tenemos pocas probabilidades de hacerlo fielmente según la voluntad del Señor.
4. Actuar para corregir y replantear.
Y, al final, se llega a este punto. Siempre, en mayor o menor manera, hemos vivido por fuera de los planes y la voluntad expresada de Dios, por eso este proceso debe conducirnos al arrepentimiento, es decir, a cambiar de forma de pensar y de actuar, esto significa ir delante del Señor en humildad y clamar en oración por su perdón y por su ayuda para poder vencer ese pecado que nos agobia y alinearnos con su voluntad. La historia del hijo pródigo nos ilustra este punto:
“20Y levantándose,
vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a
misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21Y el hijo le dijo: Padre,
he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”.
Lucas 15:20-21
Si seguimos leyendo en Lucas 15, veremos como el padre, en su infinita misericordia, perdona a su hijo, quien se había arrepentido y deseaba corregir su conducta, y lo reintegra al lugar que él había perdido, diciéndole: porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado (v.24), estas palabras son determinantes para que este hijo pródigo inicie una nueva vida, pues son el principio rector del proceso de santidad, que debe evidenciar un fiel mayordomo:
“14como hijos
obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra
ignorancia; 15sino, como aquel que os
llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16porque escrito está: Sed santos, porque yo
soy santo”.
1 Pedro 1:14-16
Vemos que el hijo pródigo, aunque (1. Planear) planeó lo que haría, no lo hizo alineado con el propósito de Dios y, (2. Hacer) simplemente, se dejó llevar por sus deseos carnales y actuó en consecuencia de eso, pero la misericordia del Señor lo alcanzó cuando estaba en una pocilga sufriendo las consecuencias de su pecado y (3. Revisar) el Espíritu Santo le guió al auto-examen para sacar a la luz su pecado, lo cual lo llevó (4. Replantear) al arrepentimiento y el Padre lo restituyó al lugar del cual había caído. Y en este punto empieza de nuevo el ciclo, esta vez con un planteamiento más cercano al propósito de Dios.
Si usted se ha equivocado mucho y cometido muchos errores en la planeación de su vida, si ha pecado contra Dios y contra su prójimo en esta área, está a tiempo de revisar y replantear, es decir, de orar al Padre y arrepentirse para un cambio de vida. Pero si en su vida no hay cambios, es decir, “no hay frutos de arrepentimiento” y sigue aferrado a las maneras del mundo, no podrá ser un fiel mayordomo de los Tesoros en el cielo, pues un fiel mayordomo tiene un carácter ordenado que lo lleva a planificar y para muchos de nosotros, el vivir una vida ordenada y planificada, es un verdadero fruto de arrepentimiento.
Dios es un Dios de orden
Una vida ordenada y con buenos resultados requiere un plan, por eso gran parte de las misiones que Dios les encomendó a diferentes hombres de la Biblia como Noé, Moisés, Nehemías, Pablo, entre muchos otros, requirieron de un proyecto o plan.
“3Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. Proverbios 16:3
Por mucho tiempo en nuestra familia tuvimos la sana costumbre de realizar cada fin de año, el proyecto de vida para el año siguiente, el cual ponemos en las manos de Dios con la condición de que su cumplimiento dependa de su perfecta voluntad para nuestras vidas, pues…
“21Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá”. Proverbios 19:21
Este proyecto es integral, pues incluye nuestros planes en las áreas: Espiritual, familiar, laboral, social, ministerial y, por supuesto, necesita de un plan financiero para llevarlo a cabo.
Durante muchos años hemos visto cómo el Señor nos ha ido alineando y acercando cada vez más a sus propósitos y a sus planes para nosotros, alejándonos de nuestros caprichos y deseos carnales. Esto ha desarrollado nuestra fe y nuestra dependencia de Dios y nos ha hecho madurar en cuanto a nuestra perspectiva de las posesiones y el propósito de Dios para nuestras vidas.
Aunque
es importante elaborar este proyecto y planificar, no podemos
olvidar que estos se cumplen, si están alineados con la voluntad de Dios, pues…
“9El
corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos”.
Proverbios 16:9
Nuestro Señor es un Dios planificador, pues en el Pacto Intratrinitario celebrado en la eternidad, proyectó minuciosamente todo el Plan de Redención.
También es un Dios de orden y, aunque Él se glorifica en nuestras debilidades y en las cosas que para nosotros son imposibles de realizar, no tenemos excusa para dejar de hacer lo que podemos hacer en nuestras capacidades. Generalmente, Él no hace lo que nosotros podemos hacer. Nosotros hacemos lo posible y Él hace lo imposible. Nosotros tenemos que prepararnos y Él nos da la victoria. Esto hace parte del misterio de la Soberanía de Dios y la Responsabilidad del hombre.
“31El caballo se alista para el día de la batalla; mas Jehová es el que da la victoria”. Proverbios 21:31
El orden se hace evidente en un fiel mayordomo cuando planifica, lo cual trae consigo una responsabilidad financiera, es por eso que planificación implica responsabilidad, en la medida de lo posible, de llevar a buen fin los proyectos.
“28Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar”. Lucas 14:28-30
George Clason, autor del libro El hombre más rico de Babilonia, dice que una buena planificación financiera “os hará capaces de cumplir vuestros mayores deseos defendiéndolos de los caprichos fútiles”.
Revise metódicamente su estilo vida. ¿Es ordenado en todos los aspectos? ¿Lleva la contabilidad de sus finanzas? Si no lo hace, es el momento de ir delante de Dios en oración por perdón y arrepentimiento, para pedirle que le haga evidente la necesidad de llevar una vida ordenada y que le capacite para hacer los cambios necesarios.
Un fiel mayordomo debe tener una vida planificada, así como Dios ha planeado nuestra salvación desde antes de la fundación del mundo. Empiece por planificar el área de su vida que le traiga mas tentaciones y ocasiones de caer en pecado. Puede ser la dieta alimenticia, el horario para dormir o las finanzas, pero empiece ahora con alguna de las áreas que le llevan a pecar.
Recuerde que es importante que tenga una vida de oración y estudio bíblico que le permita una intimidad permanente con Dios para poder conocer los planes que Él tiene para usted. Y si no tiene una vida metódica de oración y estudio bíblico, es el momento de planificar esa área de su vida.
Aléjese de cosas que no lo edifiquen y que absorban su tiempo o lo lleven a invertirlo mal (e.g. la televisión, las redes sociales, la cultura del entretenimiento, entre muchas otras) y que roban el precioso tiempo que necesitamos para orar y escudriñar las Escrituras.
“15Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 17Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Efesios 5:15-17
Un buen plan financiero no es tanto para llegar a “ser millonario”, sino para mantenernos en “libertad financiera”, pues hay una gran diferencia entre “riqueza” y “libertad” financiera. El que tiene un millón de dólares puede “ser rico”, pero puede que no tenga “libertad financiera”. La libertad financiera se da cuando el ingreso pasivo[3] es mayor que los gastos.
Lo verdaderamente importante
Existen algunos conceptos que nos ayudarán a entender con mayor claridad este asunto de la planificación financiera.
1. La planificación financiera no es falta de fe. Algunos se fundamentan en la historia de cuando el rey David censó al pueblo de Israel (1 Crónicas 21) para decir que todo lo que tenga que ver con cuantificar los recursos y planificar es pecado, pues es falta de fe en Dios que todo lo provee en su momento oportuno. Ante esto podemos decir que el pecado de David no fue cuantificar sus recursos, sino dejarse tentar por Satanás (1 Cr. 21:1) y porque hacer un censo era una forma de acreditarse el crecimiento y la prosperidad del pueblo, además de poner su confianza en la magnitud de su ejercito y no en Dios. Pero nosotros, por el contrario, al planificar ponemos todo en manos de Dios y confiamos en que Él es dueño del futuro y que sólo somos herramientas en sus manos para construirlo.
La planificación nos ayuda a ser ordenados, más eficientes y a cumplir fielmente la función de administradores delegados del Señor Jesucristo.
2. La planificación financiera es una muestra de nuestra fidelidad a Dios.
“11Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?”. Lucas 16:11
Mucho se ha especulado acerca de lo que significan las riquezas injustas. Algunos dicen que son lo adquirido antes de rendir nuestras vidas al señorío de Jesucristo o lo que se ha obtenido ilícitamente, pero pareciera ser más apropiada la idea de que las riquezas injustas son aquellas temporales y terrenales que son perecederas, en contraposición a lo verdadero que se considera las riquezas eternas del reino de Dios. Lo resaltable aquí es la fidelidad como requisito indispensable para ser administradores delegados de Dios. R. C. Sproul dice: “Las Riquezas verdaderas son los Tesoros en el cielo”.
“10El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”. Lucas 16:11
Las riquezas de este mundo son las menores, es decir “lo muy poco”, y el es dinero la más pequeña de todas las bendiciones. Recuerda que a los ojos del Señor, “…lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:15).
Eso nos debe llevar a entender que Dios nos provee en este mundo con el fin de ejercitarnos en la administración de sus bienes materiales para ser usados para su gloria, es decir, para sus propósitos divinos, pero también para evaluar el estado y la actitud de nuestro corazón.
Si nuestro corazón está enfocado en la provisión del Señor y no en el Señor de la provisión, tenemos nuestros valores equivocados.
“21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. Mateo 6:21
Dios nos llama a ser fieles con lo que nos ha entregado. La parábola de los talentos en Mateo 25:14-30; nos ilustra cómo en el momento en que el Señor Jesucristo venga a pedirnos cuentas de cómo hemos administrado sus posesiones, llámense dinero, riquezas, bienes, tiempo, dones, etc., podemos ser calificados como siervos fieles o como malos siervos.
“El Señor premia la fidelidad sin importar la cantidad sobre la cual somos responsables. Es requerido de nosotros ser fieles, se nos haya dado mucho o poco. Como alguien dijo una vez: "No es lo que haría si tuviera millones, sino lo que estoy haciendo con los centavos”” (Dayton, 2005, 22-23).
“10El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. 11Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? 12Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”. Lucas 16:10-12
Si analizamos esto desde la perspectiva de 1 Corintios 15:46-50, podemos encontrar ciertas similitudes con lo que dice el Señor en Lucas 16.
“46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. 48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. 49 Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. 50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”. 1 Corintios 15:46-50
Entonces podemos ver que “lo espiritual no es primero, sino lo animal”, es similar a decir que primero recibimos lo material, es decir lo poco, y me refiero a lo poco aunque esas posesiones sean las de un multimillonario, pues siguen siendo lo poco, es decir lo material, también llamadas las riquezas injustas y si somos fieles en lo poco, luego seremos puestos en lo mucho, es decir, sobre las riquezas verdaderas, que son las eternas.
También es importante ver 1 Corintios 15:50, que quien persiste en los deseos carnales y planifica su vida para satisfacerlos, no podrá heredar el reino de Dios.
•
Quien es fiel en lo poco, lo será en lo mucho (Lucas 16:10)
•
Quien es fiel en lo ajeno, Dios le dará lo propio (Lucas 16:12)
• Quien es fiel en lo material, Dios le dará riquezas espirituales y eternas (Lucas 16:11)
En resumen, el Señor nos ha entregado lo muy poco en esta tierra, es decir lo material, para que nuestro corazón sea entrenado, para recibir las mayores riquezas, es decir los dones espirituales,
“Las riquezas de este mundo son menores; la gracia y la gloria son mayores. Ahora bien, si somos infieles en lo menor, si usamos las cosas de este mundo para otros fines que aquellos para los que nos fueron dadas, puede temerse con razón que seamos así con los dones de la gracia de Dios, que los recibamos también en vano, y por lo tanto nos serán negados: El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel. El que sirve a Dios y hace el bien, con su dinero, servirá a Dios y hará el bien, con los talentos más nobles y valiosos de la sabiduría y la gracia, los dones espirituales y las primicias del cielo; pero el que entierra el único talento de la riqueza de este mundo nunca mejorará hacia los cinco talentos de las riquezas espirituales. Dios niega su gracia a la gente mundana codiciosa más de lo que nos damos cuenta”. Comentario de Matthew Henry en Lucas 16.
De esta manera hermanos, podemos entender hacia donde se deben dirigir nuestros esfuerzos como mayordomos, Dios hoy nos ha dado lo muy poco, es decir lo material, nuestra tarea es planificar de tal manera que podamos administrar muy bien esas cosas materiales, eso significa según el propósito de nuestro Señor, no para cumplir nuestros deseos o anhelos, sino para hacer la voluntad de Dios, una vez hayamos sido fieles en lo muy poco, sobre lo mucho nos pondrá.
Dios nos exige ser fieles en todas las áreas, es decir, en el 100% de todo lo que nos ha entregado. No es como algunos han entendido que lo importante es ofrendar mínimamente el 10%, pero piensan que pueden usar el 90% como quieran, dejándose influenciar por la perspectiva del mundo para usarlo.
No hermanos, sólo es sabio quien entiende que todo lo que está bajo su responsabilidad también entra en el plan de Dios, y por eso le pide dirección a Dios para invertirlo de acuerdo a sus propósitos divinos, pues siendo mayordomos fieles, se lograrán resultados sorprendentes, generando sobreabundancia para cumplir el propósito de Dios con su Reino en la tierra:
“14sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, 15como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos”. 2 Corintios 8:14-15
3. La planificación financiera provee una comunión más íntima con Jesús. Mientras planificamos debemos orar constantemente, y esta es una manera de hablar con Dios acerca de lo que necesitamos como lo ejemplifica la oración del Padrenuestro (Mateo 6:9-13 y Lucas 11:2-4). La experiencia nos ha mostrado que cuando una familia planifica, Dios trae mayor bendición económica y, a su vez, esto acerca más la familia a la intimidad con Dios porque fortalece su dependencia de Él como guía y director en la administración de sus bienes.
Dios está interesado en que tengamos unas finanzas en orden porque cuando planeamos y luego llega la provisión para cumplir ese proyecto, sabremos que es la respuesta de Dios a nuestras peticiones y esto hace que el nombre de Dios sea glorificado.
La falta de planificación
Debemos saber que la falta de planificación nos puede llevar fácilmente a las siguientes situaciones:
• Estar y perseverar en una conducta pecaminosa y/o en contra de la mayordomía bíblica.
• No saber cuánto dinero se necesita para vivir y suplir las necesidades, entonces, se estará viviendo y tomando decisiones guiados por emociones. Esto puede llevar a la codicia, a la ambición desmedida, a la avaricia y a funestas consecuencias como la amargura, la ira, los conflictos, la falta de unidad, etc.
• Hacer mal uso del dinero en caso de abundancia.
• Gastar más de lo que se gana, que lleva a la pobreza o la ruina. Incluso, es una de las razones más comunes por las que, en un momento dado, las personas toman la decisión de endeudarse.
• Usar el crédito en vez de posponer la compra.
• Dar lugar a las compras compulsivas, incentivadas por el medio en que vivimos. Este tipo de compras, al no estar presupuestadas, se hacen generalmente a crédito, adquiriendo una deuda innecesaria pues, muchas veces, terminan siendo artículos de poco uso.
• Caer en la trampa racional, que es la tendencia a justificar racionalmente nuestras conductas y actos. Las justificaciones más comunes son: “Lo compré muy barato”, “lo quería tener”, “lo necesito”, “no me puedo resistir”, “yo me lo merezco”, “tenía que aprovechar esa ganga”, “hace rato estaba buscando algo así”, entre otros.
• Ceder a la presión social, muy común en nuestros días, que impide buscar ciertas economías por el temor al qué dirán y, en muchos casos, vivir un estilo de vida que no corresponde a los ingresos reales.
• Incrementar los gastos cuando crecen los ingresos o malgastar el dinero que se ha recortado de gastos en asuntos importantes como: Alimento, vestido, vivienda, salud, educación, etc.
• No tener reservas para cubrir posteriores alzas de precios o gastos inesperados.
Si no planificamos, perdemos el horizonte y la visión que Dios nos ha dado para usar las posesiones que nos ha entregado para ejecutar su plan y terminamos haciendo desastres, sin saber cómo usarlas sabiamente.
Cuando no tenemos un sistema de registro de ingresos y egresos, ni un presupuesto, ni un seguimiento de éste y tampoco un control de gastos, no podemos ser buenos administradores. La palabra de Dios dice que…
“14Donde
no hay dirección sabia, caerá el pueblo;…”.
Proverbios 11:14a
Un llamado al arrepentimiento
Pero si tu eres una persona que no se arrepentido de su vida de pecado, por más que planifiques y administres correctamente los bienes materiales, eso no te va a servir para ganar las riquezas verdaderas que son las eternas, pues recuerda que aquí sólo estamos administrado lo más poco, lo verdadero, los abundantes bienes eternos, sólo serán entregadas a los hijos de Dios quienes están caminado por la senda estrecha que lleva a la salvación, después de haberse arrepentido de sus pecados y habiendo recibido del Señor esa fe salvífica.
Por eso te pido con urgencia ¡corre a Cristo! No dejes pasar más tiempo, pues la única felicidad que tendrás, serán los pocos mementos de alegría en esta tierra y luego tendrás el tormento eterno, ¡por favor corre a Cristo en arrepentimiento!
OREMOS
Padre, gracias, pues sabemos que uno de tus atributos es que eres un Dios de orden, todo lo tienes planificado al detalle, desde el principio en la creación todo lo hiciste en su tiempo y todo fue bueno en gran manera.
Sabemos que podemos recibir ese atributo de tu parte en esta tierra, por eso te pedimos que nos ayudes a planificar nuestra vida según tu propósito, además te pedimos que todo lo podamos hacer decentemente y con orden.
Ayúdanos Señor a planificar y a perseverar, para poder seguir en este camino hasta el día que Tú nos llames a tu presencia.
Cambia nuestra mente y nuestra corazón, pues de esa manera viviremos para tu gloria.
Que nuestra vida refleje tu propósito, tanto en el hogar, como en la congregación y en el trabajo.
Señor, de igual manera, te pido por tu iglesia local para que pueda ser guiada y alineada por tus principios establecidos en tu palabra, que experimente una verdadera unidad bajo la influencia de tu Espíritu Santo. En el nombre de Jesús.
¡Amén!
[1] Los
enemigos del alma humana — el
mundo, la carne y el diablo.
[2] En la Teoría
del Mejoramiento Continuo, esto es conocido como el Ciclo PHVA (1. Planear; 2. Hacer; 3. Verificar y 4. Actuar).
[3] Ingreso
activo: Dinero
percibido a través del
trabajo. Si no se trabaja no hay ingresos. Por ejemplo: Sueldo, honorarios,
pago por labor artística o artesanal, entre otros. Ingreso pasivo: El
que se genera sin trabajo o con muy poca inversión de trabajo. Por ejemplo:
Interés de un banco o inversión, renta por alquiler de un inmueble, utilidades, derechos de autor o
patentes, entre otras.
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