7. Deudas y fianzas - Parte 2 -
7. Deudas y fianzas — Parte 2 —
“7... el deudor es esclavo del acreedor”. Proverbios 22:7b [LBLA]
Oremos
Padre Santo venimos agradecidos, pues hoy una vez más, has mostrado agrado con tu pueblo al permitirnos llegar delante Tí unidos en adoración, oración y ruego. Gracias Señor pues hay muchos hermanos que hoy están solos, que hoy no se han podido reunir, ya sea por enfermedades, porque la autoridad civil no lo permite, o porque están en lugares en donde no hay una iglesia bíblica en donde congregarse.
Te pedimos por ellos ¡Oh Dios! Permite que ellos muy pronto se puedan reunir con tu pueblo para rendirte adoración corporativa, y también te pedimos por aquellos que se dicen cristianos pero que no han entendido claramente el mandamiento de guardar tu Santo Día junto a tu pueblo, bendícelos a ellos Padre, poniendo la carga de la verdad en sus corazones, para que con amor entiendan que su actitud es pecaminosa en ese aspecto, y se arrepientan, para que un día no muy lejano, se reúnan en amor con tu iglesia local y hagan parte de ella.
Y por nosotros Señor, te pedimos que nos des mucha sabiduría de lo alto, para entender y poner en práctica estos asuntos de una fiel mayordomía cristiana, pues el querer hacer las cosas como Tú mandas significa ir en contra de lo que el mundo dice.
Por eso te pedimos, Padre Santo, que temples nuestro espíritu y nuestro carácter de tal manera que no tengamos en cuenta las criticas, ni las burlas, y que nos concentremos en hacer tu Santa voluntad, claramente escrita en tu Palabra.
Todo esto te lo pedimos en el nombre de nuestro amado Salvador Jesucristo. Amén.
Continuación las deudas
“1 Una mujer, de las mujeres de los hijos
de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes
que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos
hijos míos por siervos. 2 Y
Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva
ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. 3 Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas
prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. 4 Entra
luego, y enciérrate tú y tus hijos;
y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. 5 Y
se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le
traían las vasijas, y ella echaba del aceite. 6 Cuando
las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces
cesó el aceite. 7 Vino ella luego, y lo contó al varón de
Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus
hijos vivid de lo que quede”.
2 Reyes 4:1-7
En
su comentario a 2 Reyes 4,
Matthew Henry, señala: “... Eliseo recibió fácilmente
la queja de una viuda pobre. Los que dejan a su familia bajo una carga grande
de deudas, no saben los problemas que causan. Deber de todos los que profesan
seguir al Señor es no tentarlo con el descuido o la extravagancia, ni
endeudarse, mientras confían en Dios para el pan diario; pues nada tiende más a
traer reproche sobre el evangelio o a afligir más a la familia cuando ellos se
han ido. Eliseo puso a la viuda en la senda para pagar su deuda,[...]
esto
fue hecho por milagro, pero para mostrar cuál es el mejor método para ayudar a
los que están afligidos, a saber, ayudarles a mejorar lo poco que tienen con su
propia laboriosidad”.
Para empezar definamos que significa “hijos de los profetas”. Se denominaban así a los varones piadosos al servicio del Señor, pues la palabra hebrea “ben” además de significar hijo también se puede definir como “en condición de” o “en calidad de” Entonces podemos decir que este era uno “en condición de profeta”, es decir era un profeta.
Recordemos que un profeta en el Antiguo Testamento ejercía las funciones de Portavoz de Dios, hablaba en su nombre y por medio suyo el Señor entregaba su revelación, además oraba e intercedía por el pueblo ante el Señor, también predicaba el juicio venidero al pueblo rebelde y la llegada del esperado Mesías a Israel.
Como vemos este varón estaba la servicio del Señor, pero murió dejando a su familia en una situación muy difícil por las deudas, pues el acreedor tenía el derecho a cobrarse tomando a sus hijos para esclavizarlos, eso dejaría a la viuda en un completo abandono, sin nadie que atendiera sus necesidades básicas; llevarse a sus hijos era condenarla a la miseria y quizás a la muerte.
En este pasaje se evidencian la angustia y las terribles consecuencias de una deuda y la asociación profunda en las Escrituras entre deudas y esclavitud, poniéndolas siempre en un contexto negativo.
Podríamos suponer que este profeta, aunque piadoso, no gobernaba bien su casa, pues dejó a su familia a la deriva después de su muerte, y eso nos haría pensar que no estaba calificado para su oficio… Pero realmente no podemos asegurar eso, si este varón vivió una vida desordenada, sin tener en cuenta las consecuencias de las deudas podríamos decir que no estaba calificado para ser un Portavoz del Señor. Pero es posible que este hombre haya tenido un sincero arrepentimiento y se estuviera esforzando por pagar sus deudas, pero haya muerto antes de poder cumplir con sus compromisos, si fue así entonces si estaba calificado para esa bendita labor. La clave está en el arrepentimiento.
El arrepentimiento proviene de un corazón convertido al Señor, de aquel que sabe que ha hecho mal y quiere corregir su conducta ante Dios, el arrepentimiento es ese dolor de saber que hemos traicionado a nuestro Señor y que no queremos volver a hacerlo, el verdadero arrepentimiento lleva a un cambio radical en la vida del penitente.
Por eso el arrepentimiento es parte del carácter de un fiel mayordomo, además, el fiel mayordomo, también tiene un corazón generoso que lo lleva a compartir lo que tiene y a prestar ayuda a sus hermanos sin esclavizarlos. Así que el llamado es a que cuando te pidan prestado, es mejor darlo regalado, si esto no afecta tus prioridades familiares.
En caso de que decidas entregar dinero en préstamo, debes estar preparado con un corazón generoso y perdonador, por si no te pagan. Pues perdonar las deudas a aquellos que están en necesidad, es un claro ejemplo de la misericordia que debemos mostrar y, tanto el año de remisión como el año de jubileo, prefiguran la misericordia y el perdón de Cristo hacia nosotros como sus deudores de una deuda impagable y la liberación de la esclavitud del pecado (la deuda con Dios).
Prestar esperando recibir el pago y los intereses, se podría comparar con la actitud del siervo de la parábola de los dos deudores (Mateo 18:23-35) que tenía un corazón endurecido. Pero cuidado, esta parábola no puede entenderse como un aval para adquirir deudas, ni la fidelidad de Dios debe inducirnos a tomar una deuda con la idea de que Él nos ayudará a pagarla, o endeudarse y esperar que esa deuda sea perdonada, pues eso sería una gran imprudencia.
Es importante tener en cuenta que, en la Biblia, Dios siempre le habla al que está en capacidad de prestar o de dar para mostrar misericordia, pero nunca dice o anima a nadie a conseguir las cosas a través de una deuda.
Y en esto tenemos que ser muy firmes, pues las consecuencias de las deudas pueden ser inesperadas, conocí un caso muy triste de un joven con muchos dones del Señor para servir en el ministerio pastoral, tan evidente era su llamado que le ofrecieron irse a una congregación en otro país en donde podría seguir preparándose en el campo pastoral y eventualmente servirle al Señor allá, pero él no pudo aceptar porque tenía unas deudas pendientes y debía seguir trabajando aquí para pagarlas… Fuimos comprados por el precio de la sangre de Cristo, pero algunos venden su libertad por una casa, un carro, una carrera profesional, o aun por baratijas como un viaje o un celular.
“1Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud... 13Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados;...”. Gálatas 5:1, 13
Dios nos quiere libres para llevar a cabo el propósito que tiene con nuestras vidas, nos quiere en libertad para emplearnos como Él quiera y disponga; y también para que seamos diferentes del mundo.
Somos esclavos exclusivos de Dios, pero cuando decidimos endeudarnos, estamos eligiendo voluntariamente rechazar el pago que Jesucristo hizo y decidiendo retornar a la esclavitud de otro amo porque la Biblia dice que deberle a alguien, es ser esclavo de esa persona. Y si en algún momento hemos tomado prestado de alguien, nos advierte con mucha claridad, sus consecuencias, es decir, este pasaje es el indicativo, porque...
“7... el deudor es esclavo del acreedor”. Proverbios 22:7b [LBLA]
El acreedor es el amo. Hay amos tolerantes, no le acosan, no presionan pero, de todas maneras, son amos y, les repito que la palabra de Dios dice:
“13Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Lucas 16:13 [Mateo 6:24]
¿Cuánto valora usted el precio que Cristo pagó por su libertad? o ¿son más importantes las cosas materiales de este mundo, que se consiguen por medio de una deuda?
A pesar de toda evidencia bíblica que muestra a las deudas como algo muy negativo, algunos hacen cuentas y dicen estar seguros y tranquilos tomando una deuda, pues creen que tendrán los ingresos suficientes para pagarla en los plazos establecidos. Esto, hermanos, es una presunción del futuro, pero eso no nos garantiza que el mañana sea previsible, en ese caso la Epístola de Santiago nos advierte sobre esto:
“13!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana
iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14cuando no sabéis
lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es
neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. 15En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor
quiere, viviremos y haremos esto o aquello. 16Pero
ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante
es mala;...”. Santiago 4:13-16
Definición de deuda
Aún así, los contradictores refutan esta forma de vivir argumentando que para los creyentes sería imposible vivir en el sistema financiero actual, dado que ellos consideran el alojamiento en un hotel, el pago de la administración de un inmueble, de los servicios públicos o cualquier otra cosa que se pague después de haber sido usada, como una deuda.
Pero eso no es así, pues eso sería lo mismo que decir que alguien está en deuda porque pide una comida en un restaurante y la paga cuando termina sus alimentos y pide la cuenta antes de salir. Eso no es una deuda, debemos entender que estamos ante unos negocios que tienen un momento límite de pago, en ese caso, una persona estaría en deuda si no paga a tiempo el arriendo o los servicios públicos, o si no paga la cuenta del restaurante antes de irse.
Una deuda se establece cuando no contamos con los recursos propios disponibles para el pago inmediato de nuestros consumos, sino que recurrimos a fondos de un tercero para pagar. Esto implica que se tiene una intención determinada de endeudarse.
Para aquellos que siguen pensando en que es muy difícil vivir bajo estos principios de sabiduría bíblica, es decir libre de deudas, es importante resaltar que las dos promesas reales que Dios ha hecho en el Pacto actual es darnos alimento y abrigo, entiéndanse estos como vestido y techo (y lo que estos involucran) y Él lo cumplirá porque es fiel a sus promesas. De ahí en adelante, Él podrá limitarse solamente a estas dos promesas o sorprendernos con mucho más, dependiendo de su Soberanía y del propósito que tiene con cada uno.
Así que la provisión se espera por fe en una promesa real de Dios acerca de suministrarnos un techo, aunque Él no ha prometido darnos casa propia a todos, puede proveernos una casa en arriendo, en préstamo gratuito o una casa familiar. Lo más importante, es que para suplir esa necesidad usted no tenga una intención determinada de endeudamiento como la hay cuando se recurre a un banco, a un prestamista o a un familiar o amigo para solicitar un préstamo. También es importante mencionar que un fiel mayordomo debe ser un trabajador diligente, un buen administrador y muy previsivo, de manera que siendo organizado, procure estar al menos, un mes adelantado a los gastos mensuales fijos.
Nadie está exento de una calamidad, de una emergencia o una necesidad, como nos lo ha demostrado contundentemente la contingencia del Covid-19 a nivel mundial, pero la libertad de deudas y la buena administración de los recursos, consiste en tener ahorros para esto y nos ayuda a enfrentar de mejor manera estas situaciones.
Es preciso recordar entonces que estas emergencias pueden ser, a veces, llamados de Dios en su disciplina correctiva, por un pecado en su vida; por no ser agradecidos; por no ser ordenados en el manejo de lo que Él nos ha encargado; para probar nuestro corazón o para enseñarnos algo. Si estamos en paz con Dios en estos puntos mencionados, puede ser su disciplina formativa o debemos confiar, como estudiaremos en la enseñanza 8, la fe en Dios, en la cobertura del Señor.
Un argumento sólido en esta postura son las nefastas consecuencias y tragedias por las deudas, vividas por experiencias propias y observadas. Las deudas han sido el detonante para el fin de muchos matrimonios, la ruina de miles de vidas (decaimiento de espíritu o de ánimo que la sicología llama “depresión”, aislamiento y hasta suicidio), la destrucción y fin de incontables empresas e, incluso, crisis financieras de muchas naciones.
¿Por qué nos endeudamos?
Casi todos los consejeros comparten las mismas razones por las cuales tomamos la decisión de endeudarnos. Éstas son 1) la ignorancia; 2) la falta de planificación; 3) el deseo de enriquecerse rápidamente y 4) la falta de fe:
1)
Ignorancia
La
situación financiera que muchos hemos tenido que afrontar en algún momento de
nuestras vidas a causa de las deudas, evidencia la falta de conocimiento y
entrenamiento en los principios financieros bíblicos.
Ignorar lo que dicen las Sagradas Escrituras acerca de la administración adecuada de los recursos que Dios nos ha entregado, lleva a situaciones de angustia o presión financiera, pobreza, problemas en las relaciones y, a menudo, a desastres. La Palabra dice que la sabiduría es conocer a Dios y sus estatutos. Ser instruido en la Palabra es ser sabio.
“6Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. Oseas 4:6
2)
Falta de planificación
Aunque
estamos conscientes de que algunas cosas como las calamidades o el robo, entre
otras situaciones, no pueden preverse con anterioridad, si se está libre de
deudas, en orden y viviendo en la práctica los principios y valores financieros
expuestos en la palabra de Dios, estaremos en una mejor posición para asumir
los tiempos difíciles. Además, es necesario anotar que cuando estamos
endeudados es, prácticamente imposible, que podamos ahorrar, debido a que, por
lo general, los intereses causados por las deudas son más altos que los
intereses que generan los ahorros.
La Palabra nos anima a planificar, a analizar los asuntos financieros y gastos de un proyecto con anterioridad y a actuar con prudencia.
“16Todo hombre prudente procede con sabiduría;...”. Proverbios 13:16a
“28Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar”. Lucas 14:28-30
La planificación es un antídoto contra el endeudamiento. Este tema será explicado a mayor profundidad en la enseñanza 12: Planificación financiera hoy, y enseñanza 13: Planificando nuestro futuro.
3)
Queremos ser ricos rápidamente
La codicia y
la avaricia son estimuladas fuertemente en la
actualidad, bajo los conceptos de autoindulgencia y merecimiento, difundidos a
través de los medios de comunicación, la
publicidad, la educación y, en general, la cosmovisión posmodernista en la que
nos encontramos inmersos hoy.
“36Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia”. Salmos 119:36
La influencia de esta corriente posmoderna que, como ya vimos, se caracteriza por el hedonismo (exaltación del placer), muy ligado al egocentrismo y al consumismo, que nos hace perder de vista la diferencia entre necesidad y deseo, nos ha llevado a violar los principios bíblicos financieros, endeudándonos para asumir inversiones riesgosas, para practicar las compras compulsivas o experiencias autoindulgentes (Entretenimiento, deportes, viajes, moda, diversiones, etc.), con tal de satisfacer nuestros deseos o de lograr el nivel de vida que nos impone nuestra cultura, pues mucha parte de la incitación a endeudarnos tiene que ver con que estamos viviendo o deseando vivir en un nivel socioeconómico que no nos corresponde.
Es importante establecer la diferencia entre necesidad o deseo. Una “necesidad es todo aquello que satisface lo más básico en la vida, como la comida, el vestido y el techo. Deseo es todo lo que excede a nuestra necesidad” (Dayton, 2005, 20).
Entonces es necesario cuestionarnos acerca de si debemos endeudarnos para suplir nuestras necesidades, o si será más bien que no son necesidades sino deseos de un corazón perverso y moldeado por este mundo. Por lo general cuando esto pasa y hacemos un análisis profundo de la situación encontramos que el presupuesto se ha agotado dando cumplimiento a los deseos, y no ha quedado lo necesario para cubrir las verdaderas necesidades.
Pero para aquellos que actúan en obediencia a los principios de Dios, su promesa en cuanto a las necesidades es que...
“19Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta
conforme a
sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Filipenses 4:19
Recuerde ese antiguo y sabio refrán: No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. Pues el hombre insensato se hace esclavo de las riquezas de este mundo, pero el hombre sabio sabe que no las necesita y pone sus ojos en Jesús, Quien es nuestra riqueza infinita.
4)
Falta de fe
Veremos
en el enseñanza 8: La fe en Dios, que el
fundamento para vivir una mayordomía bíblica, es la fe,
pero hay una gran diferencia entre fe y presunción del futuro.
Particularmente en Latinoamérica, nos comprometemos sin tener una forma clara de cómo vamos a pagar y también, a endeudarnos pensando en ingresos futuros que muchas veces no llegan, presumiendo del mañana. Al respecto, al igual que en el libro de Santiago 4:13-16, la Biblia lo confirma:
“1No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día”. Proverbios 27:1
Muchos, escudados en una "supuesta fe", violan deliberadamente los principios establecidos por Dios en su Palabra y luego, ingenuamente, esperan provisión, crecimiento y multiplicación. La fe en Dios se demuestra con obediencia a las instrucciones registradas en su Palabra, tal como un siervo obedece las órdenes de su señor. Según Hebreos 11, fe es confiar totalmente en Dios, aún en las cosas que no podemos ver o manipular para que ocurran.
Nunca debemos tratar de sobornar a Dios, “hay ocasiones en las cuales intentamos sobornar a Dios. Decidimos quebrantar todos sus mandamientos y principios de finanzas, pero queremos su bendición. Entonces le oramos al Señor: "Voy a orar, leer la Biblia, ayunar y anunciar en público lo que espero de ti, y sé que tú tienes que sacarme adelante en el plan que tengo". Dios no se deja coaccionar de nadie. Si quebrantamos principios bíblicos de finanzas, obtendremos el mismo resultado que aquel que se lanza del décimo piso de un edificio, pidiéndole a Dios que lo rescate... Si tiene un plan y quiere saber si es de Dios, espere la provisión de Dios "antes" de lanzarse en él. Dios puede proveer "antes" tan fácil como "después"; entonces si no provee, tómelo como señal clara de que, o el plan o el tiempo, no es de Dios” (Leng[1], 1980, 82).
Dios ha establecido tres medios legítimos para obtener lo que necesitamos y, aún, lo que deseamos: 1) El trabajo, 2) el ahorro o 3) las ofrendas (donaciones, regalos o herencias), nunca las deudas.
Otra de las razones más comunes de falta de fe por la que nos endeudamos, es porque creemos que en realidad no existe otra opción.
Como dice un experto en economía, lastimosamente, “la deuda nos ha sido vendida tan audazmente, tan ruidosamente y con tanta frecuencia que imaginar vivir sin ella exige romper con el mito... La deuda está tan vinculada a nuestra cultura que la mayoría no pueden siquiera imaginar un automóvil sin un pago mensual, una casa sin hipoteca, un estudiante sin un préstamo, un crédito sin una tarjeta. Se nos ha vendido la deuda con tanta repetición y con tanto fervor que la mayoría de las personas no pueden concebir lo que sería no tener que hacer pagos mensuales. Así como los esclavos nacidos en la esclavitud no pueden visualizar la libertad, nosotros... no sabemos lo que sería despertar sin deudas” (Ramsey[2], 2008, 21).
Las ideas arraigadas en nuestra cultura de que "la deuda es un instrumento" y "sin deuda la economía sufriría un colapso" son totalmente, un mito. ¿Qué pasaría si la gente dejara de incurrir en deudas de cualquier clase? Un experto lo explica: “La economía prosperaría, aunque los bancos y otros prestamistas sufrirían... [La gente] Ahorraría y gastaría, no apoyaría a los bancos. El gasto por gente libre de deudas alimentaría y haría prosperar la economía. La economía estaría mucho más estable sin las conmociones causadas por la “confianza del consumidor”[3] o por la falta de la misma... Los ahorros y la inversión crearían riqueza, construida a un nivel sin precedentes, lo cual crearía más estabilidad y mayor consumo… Las donaciones aumentarían y muchos problemas sociales serían asumidos por los privados, así el gobierno podría salir del negocio de la beneficencia pública. Entonces los impuestos se reducirían y tendríamos todavía mayor riqueza” (Ramsey, 2008, 21).
Esto que describe este autor es lo que se llama la economía real[4], la cual es la economía productiva, que genera bienes tangibles, y está basada en las riquezas que se generan del trabajo no de la especulación financiera.
Pero sobretodo, debemos saber que cuando tomamos una deuda se pierde la oportunidad de que el Señor se glorifique; se muestre como nuestro proveedor y nos sorprenda.
Endeudarse es como decirle a Dios: "Tú no tienes cuidado de mi, no conoces mis necesidades, ni mis deseos, ni puedes proveer para ellos y, por lo tanto, tengo que buscarlos por mí mismo en otra fuente, aunque eso implique pasar por alto tus estatutos".
Es decir, las deudas ponen en entredicho y afrentan gravemente a Dios como Padre y a sus atributos como su Omnisciencia, Soberanía, Omnipotencia, pero sobre todo su Fidelidad, Bondad y Amor; y evidencian una pobre perspectiva y conocimiento de los atributos de Dios como vimos en la enseñanza 2: El Señor Todopoderoso.
¿Existen opciones distintas a la deuda?
Parafraseando a Larry Burkett, quien narra en su libro Los negocios y la Biblia, una historia que nos puede ayudar a reflexionar acerca del ejercitamiento en la fe. Un comerciante cristiano, amigo suyo, vino a verlo, pues obtuvo una ganancia muy grande en la venta de una propiedad y quería donar una parte considerable para la obra del Señor. La iglesia a la que asistía estaba entusiasmada con la idea de edificar un centro comunitario, por lo que él quería donar el dinero para ese fin. Pero este hombre tenía una convicción muy fuerte en contra de tomar deudas, y más aun en el caso de una iglesia. El donante le pidió a Larry Burkett convencer al pastor de no tomar una deuda, pero sin mencionarle nada acerca de la donación. El pastor estaba de acuerdo básicamente en que era necesario edificar sin pedir un préstamo y mostró voluntad de hacerlo, siempre que tuviera el apoyo de la congregación y pidió consejo a un diácono, un comerciante de la localidad, y éste respondió: “Si hubiera tratado de operar en mi negocio con los principios que acabo de escuchar, en este momento estaría en bancarrota. Si tratamos de edificar sin pedir un crédito, los chicos crecerán y se casarán antes que podamos terminarlo. Mire pastor, es una hermosa teoría, pero que no da resultados en nuestra generación”. El pastor dio un paso atrás en sus convicciones y tomaron la decisión de presentar el plan de crédito a la congregación esa misma noche. Al día siguiente, el donante entregó el dinero a otro ministerio, por lo que la iglesia siguió adelante con su decisión de pedir un crédito que deberán pagar durante quince años más (Burkett, 1996, 216-217) y “la novia de Cristo fue entregada a esclavitud”.
Un día daremos cuentas delante del Señor y se evidenciará cómo la dependencia de los créditos o préstamos bloqueó nuestra fe en Dios y no tuvimos en estima el precio que pagó por nuestra libertad.
En contraste con la historia anterior, tenemos el testimonio de George Müller[5] (1805-1898), un hombre de Dios del siglo 19 que fundó muchos albergues para niños de la calle en Inglaterra.
“Se puso en [su] iglesia una caja, en la cual la gente podía depositar sus ofrendas, [aunque generalmente eran muy escasas]. Dios contestó sus fervientes oraciones, impresionando a algunos de la congregación al darles comida o dinero, satisfaciéndose de esa manera sus necesidades y animándoles en la fe. [Él y su esposa] fueron diligentes para no contraer deudas, escogiendo más bien vivir sin ellas. Además, deseaban dar testimonio de su plena confianza únicamente en el Dios Viviente. George escribió: "Esta manera de vivir, con frecuencia ha sido el medio por el cual la gracia ha vuelto a reanimar mi enfriado corazón, y me ha restablecido en el Señor después de un tiempo de recaídas porque no es tolerable, ni puede uno vivir en el pecado y, a la vez, mantener la comunión con Dios para conseguir de los cielos todas las necesidades de esta vida presente. A menudo, una nueva respuesta a mi oración, cuando la obtuve de esta manera, me reanimó el alma, y me llenó de mucho gozo". A veces, ellos tuvieron que orar para que Dios les supliese la cena, mientras le daban gracias por el almuerzo. Y algunas veces Dios usaba los donativos de los pobres; pequeñas donaciones, pero preciosas, quizás una hogaza de pan. Al cumplir el primer año de vivir sin sueldo, ellos descubrieron que habían recibido más de lo que solían ganar recibiendo el sueldo. George dijo: "No he servido a un amo cruel, y eso es lo que me da gozo de demostrar".
Providencialmente, en medio su escasez, George Müller ayudaba a misiones lejanas como la del misionero Hudson Taylor[6] (1832-1905) en China, quien narraba el inmenso gozo al recibir estas ofrendas en situaciones de extrema necesidad.
La historia de George Müller es sorprendente, dado que no dependió nunca de que su padre era un hombre adinerado. George llegó a establecer muchos orfanatos, por los cuales pasaron más de 120,000 niños. Estas instituciones las dejó como legado a la Iglesia de Cristo, sin una sola deuda.
Así mismo, el “príncipe de los predicadores”, Charles Spurgeon[7] (1834-1892), vivió, al igual que nosotros ahora, en días de inflación y devaluación y de préstamos monetarios internacionales, en un mundo que pensaba en el dinero, amaba el dinero, que hablaba de dinero y cuyo principal propósito en la vida era hacer dinero. Pero, a partir de un suceso muy significativo de su infancia, que su padre, John Spurgeon, enfrentó sabiamente (Ver: Legado para mis hijos. Pág. 165-166), Charles H. Spurgeon jamás incurrió en deuda alguna.
Spurgeon fundó muchos ministerios que incluían orfanatos, un fondo para libros, recolección de ropa, varios asilos, escuelas dominicales para los ciegos y niños de la calle, ministerios de evangelismo para los policías y mujeres de la calle, entre muchos otros más, como el Pastor’s College. Muchos de los fondos los generaba él mismo y nunca se endeudó para lograrlos, ni él ni su congregación. Aún, el gran Tabernáculo Metropolitano, el templo más grande de Londres en ese momento, con sillas para más de 6,000 personas y muchos espacios complementarios, fue construido con una inversión de 31,332 libras esterlinas, una suma muy grande para la época, e inaugurado en mayo de 1861, totalmente libre de deudas. Spurgeon comentaba: “¡He odiado las deudas tanto como Lutero odiaba al Papa[8]!” (Spurgeon, 1962, 41-42).
Spurgeon entendió con claridad quien es el Amo y Señor de la iglesia: ¡Cristo! y ese Amo y Señor es quien debe suplir todas las necesidades de la iglesia, las espirituales y también las materiales, así que si el Señor desea que la congregación sea propietaria de un edificio en donde adorarlo, es Él quien lo debe proporcionar. Nuestro Señor es un Dios celoso, y nunca permitirá que su novia, la Iglesia, supla sus necesidades por otra fuente distinta a Él y mucho menos que su novia sea puesta bajo la esclavitud de la deuda. Con amor y respeto les digo a lideres y pastores que puedan escuchar esta enseñanza que el Señor nunca usa la deuda para cumplir los objetivos. En otras palabras, si es necesaria la esclavitud de la deuda, es porque el plan no es del Señor. A la larga esto quita mucha presión al pastor o líder y lo invita a descansar en el Señor y a esperar su santa voluntad, sin la esclavitud de la deuda.
Aún, gran parte de los puritanos consideraron las deudas como una gran ofensa a Dios y, por tanto, las evitaban, pues, independientemente de su escatología, ellos fueron un magistral ejemplo en la praxis de las Escrituras en su vida cotidiana, debido a la altísima y sublime estima que profesaron con su vidas hacia la libertad ganada con la sangre en el sacrificio de Cristo en la cruz.
Es seguro que la mayoría de nosotros desearíamos poder ejercer así la fe, pero el mundo nos incita a hacer todo lo contrario. Las perspectivas, elecciones y acciones que proceden de nuestro corazón han sido configuradas por un mundo alejado de Dios que te dice: Si no tienes el dinero para lo que necesitas o quieres, sencillamente tómalo prestado o adquiérelo ahora y paga después. Te lo mereces, date ese gusto, pues has trabajado demasiado.
Si quiere ejercitar una fe como la de estos hombres o los hombres de Dios mencionados en el salón de la fama de Hebreos 11, siga el consejo de la Palabra.
“5Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. 6Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. Proverbios 3:5-6
Digamos como el antiguo himno Cuando andamos con Dios[9]:
“Obedecer y confiar en Jesús, es la senda marcada para andar en la luz”.
Fianzas
El Diccionario Pequeño Larousse define fianza, como “obligación accesoria que uno contrae de hacer lo que otro promete, si no lo cumple éste”.
Cada vez que nos hacemos fiadores, nos convertimos en responsables legales de la deuda de otro. La Biblia, que es la palabra de Dios y el manual de vida por excelencia, nos señala las consecuencias que esto puede acarrear:
“26No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas. 27Si no tuvieres para pagar, ¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?” Proverbios 22:26-27
Además,
la Biblia señala que esto es imprudencia:
18El hombre falto de entendimiento presta fianzas, Y sale por fiador en presencia de su amigo. Proverbios 17:18
Usted debe analizar por qué razón está adquiriendo ese compromiso por alguien y qué lo motiva: ¿El sentirse bueno?, ¿la lástima?, ¿la incapacidad de decir no?, ¿la real decisión de ayudar a alguien que lo necesita?, ¿una conducta imitada por tradición familiar?
Recuerde que si usted está siendo fiador de alguien, está apoyando en otra persona una conducta pecaminosa, que es la deuda, por eso nuestro objetivo, es invitarlo a que lo piense muy bien y que tenga argumentos bíblicos para tomar esa, o cualquier otra decisión. Recuerde que cualquiera que sea la decisión que tome, su corazón debe estar tranquilo y seguro en Cristo, para que no se resienta ni se llene de amargura en el caso de que a quien usted avala no cumpla. Pero esta seguridad no debe debe ser un vano sentimiento, sino que debe estar bíblicamente fundamentado.
“23Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Proverbios 4:23
También debe tener en cuenta que el porcentaje de personas que sirviendo de fiadores terminan pagando las deudas de otros, es muy alto, y esto es porque quien solicita un crédito y no tiene una clara capacidad de pago, el prestamista solicita que haya alguien con capacidad de pago para que lo respalde. Aún para aquellos que en este momento se han comprometido a ser fiadores de alguien, la palabra de Dios les dice:
“1Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo,
si
has empeñado tu palabra a un extraño,
2te
has enlazado con las palabras de tu boca,
y
has quedado preso en los dichos de tus labios.
3Haz
esto ahora, hijo mío, y líbrate,
ya
que has caído en la mano de tu prójimo;
ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.
4No
des sueño a tus ojos,
ni
a tus párpados adormecimiento;
5escápate como gacela de la mano del
cazador,
y
como ave de la mano del que arma lazos”.
Proverbios 6:1-5
John MacArthur expone sabiamente la idea de las fianzas: “[Usted] no le ha hecho un préstamo directo a esa persona, sino que ha cedido potencialmente el control de sus recursos dados por Dios a la irresponsabilidad financiera de esa persona y a su falta de buen juicio. Las Escrituras dicen que no es de sabios hacer eso” (MacArthur, 2005, 62).
“Ni presto plata ni soy fiador”, es una frase popular que se ha enquistado en nuestro lenguaje. Y es que para muchos, ser fiador equivale a un problema seguro ó a perder una amistad, lo que muchos sabiamente prefieren evitar.
Sobre las tarjetas de crédito
El uso de tarjetas de crédito se está convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza. Las deudas por consumos con tarjetas de crédito se acumulan y con ellas vienen tensiones familiares y personales, pues es claro que éstas se han convertido en el medio más común para endeudarse y son las deudas que más crecen, más acumulan intereses y más conflictos jurídicos traen, pues están diseñadas para tener a las personas pagando intereses y no pagando sus deudas.
El manejo de estas tarjetas se ha convertido para muchos en un juego de malabarismo financiero, pues entran en un círculo vicioso donde con una tarjeta se pagan las cuotas de otra, difieren su valor y así sucesivamente, incrementando los intereses a un nivel inmanejable. Esta práctica en Latinoamérica se describe con el famoso refrán de “abrir un hueco para tapar otro” o el típico “carrusel financiero”.
A mediados de la primera década del año 2000, se había estipulado que en los Estados Unidos, se recibieron en los hogares ¡más de dos mil millones de ofertas de tarjetas de crédito! y ni qué decir en Latinoamérica.
Esta oferta es un terreno abonado para el mal manejo de tarjetas de crédito y, sumado a esto, los encargados de mercadeo y publicidad refuerzan cada vez más la idea del merecimiento instantáneo con las premisas de: “Llévelo ahora y pague después” y la nueva de “aproveche ahora la oferta con su tarjeta”, ambas, filosofías de consumo bastante peligrosas.
Tener una tarjeta de crédito puede ser útil para forjar una historia crediticia, no porque haya intención de endeudamiento, sino porque en el mundo en que vivimos, gran parte del mercado, exige una como respaldo. Así usted no pague con ella, por ejemplo para alquiler de autos, registros en hoteles, entre otros, exigen la tarjeta de crédito como garantía.
Pero, a pesar de las exigencias, sólo debe tenerse, si las personas conocen, a fondo y realmente, el abstracto concepto de crédito y si ya ha dejado de ser una tentación el adquirir un compromiso presente, pagadero en el futuro.
Recuerde: ¡Las tarjetas bancarias pueden ser un medio de pago, más no un medio de crédito! Si usted ha decidido tenerlas y usarlas, tenga en cuenta estos tres consejos:
1. Nunca compre algo con la tarjeta que no esté en su presupuesto o plan de control de gastos. Esto exige lógicamente que usted ya haya realizado el suyo. Esfuércese en la planificación y ordenamiento de su vida financiera, de manera que sólo gaste con su tarjeta lo que tenga en dinero real, no en dinero por llegar.
2. No difiera sus gastos con tarjeta y comprométase a pagar cada mes el 100% de su cuenta. Los intereses de las tarjetas de crédito son unos de los más altos del mercado. Es evidente que cuando se difiere el valor de la compra a 6, 12 o más meses, se termina pagando muchísimo más del valor de lo comprado. En algunos países, muchos bancos no cobran intereses cuando las compras se hacen a treinta días, pues en su sistema financiero, una compra a un mes se considera de contado.
3. Cirugía
plástica
En
Latinoamérica se acuñado el término de cirugía
plástica al
acto de cortar con tijera el plástico de las tarjetas de crédito. Si ha descubierto que no es capaz
o aún no está preparado para un uso correcto de las tarjetas de crédito, según
los dos puntos anteriores, proceda a esta intervención; no olvide que debe
dirigirse al banco emisor a cancelarla. Procure entonces, manejar sólo dinero
en efectivo o tarjeta débito de una
cuenta bancaria.
Conclusión
Usted debe recordar que el sistema financiero de este mundo “está diseñado para premiar el endeudamiento y penalizar el ahorro. Sin embargo, la Biblia nos anima a ahorrar y a estar libres de deudas. Nuestro propósito es animarle a buscar la voluntad de nuestro Señor con un corazón abierto a hacer lo que Él le pide que haga” (Dayton, 2005, 56).
La excelente noticia es que no estamos solos para enfrentar esto. El Espíritu Santo está con cada uno de nosotros para iluminar su Palabra y ayudarnos a obedecerla. Para caminar en Gracia, debemos recordar en cada momento la obra de libertad que hizo nuestro Señor Jesucristo para mantenernos en ella y no dar lugar a ser esclavos de otros.
La voluntad de Dios es iluminada a nuestras almas para romper el molde de este mundo (Tomar prestado, servir de fiador), entrar en la transformación dolorosa y en la renovación de nuestro entendimiento, un acto de Dios que exige como respuesta la obediencia de nuestra parte, pero que al final, nos permitirá comprobar que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).
Le animamos a descansar en la transformación de su vida de la mano de Dios a través de su Palabra y a que ponga toda su confianza en Él.
Sabiendo quién es Dios y confiando en su Soberanía (Parte I), pero también conociendo el poder de la Caída en nuestra naturaleza y nuestro aún, remanente de pecado (Parte II), prosigamos a adentrarnos en la siguiente parte (Parte III) donde comenzaremos a ver cómo aplicar las Escrituras y conformar nuestro carácter, según el mandato de nuestro Señor, en excelentes mayordomos o administradores del reino de Dios aquí en la Tierra; el mejor antídoto contra cualquiera de estas conductas contrarias a la mayordomía bíblica de las finanzas.
También veremos lo que podemos hacer para empezar este proceso de pago de deudas (Enseñanza 10: Pagando las deudas) y lo que la Palabra dice al respecto.
Llamado a seguir a Cristo
El camino de un fiel mayordomo va en dirección contraria al mundo, igual que nuestro Señor, pues Él se encarnó y caminó entre los hombres sin pecar de ninguna manera, tuvo una vida perfecta, muy distinta a la de cualquiera, y de esa manera nos mostró nuestro pecado, pues si nos comparamos con Él veremos cuan deficientes e inútiles somos para vivir una vida sin pecado, objetivo que para nosotros es imposible y esto nos impide llegar al reino de los Cielos, pues tenemos una deuda del pecado que no podemos pagar.
Pero nuestro Señor Jesucristo en las más grande demostración de amor del universo puso su vida por los pecadores muriendo en la cruz, y por ese cruento sacrificio podemos ser salvos. Si sientes ese dolor intenso en tu corazón sabiendo que nuestro Señor fue torturado y muerto por tus pecados, y esto te lleva a un genuino arrepentimiento y si crees que Cristo resucitó de entre los muertos y que hoy está sentado a la diestra del Padre, entonces busca el rostro del Señor de tal manera que recibas el perdón de Cristo, quien es el Único que puede pagar por tus pecados, reflexiona en eso, busca al Señor y pídele que te lleve con Él a su reino.
Legado para mis hijos
Si usted tiene deudas, comparta con sus hijos, cada vez que pueda, su anhelo de salir de ellas y las estrategias para hacerlo. A través del ejemplo, permita que ellos vean cómo usted renuncia a ciertas gratificaciones y gustos para saldar las deudas. Es prudente advertir que, especialmente, cuando hay deudas, el dinero no es para satisfacer caprichos y deseos personales, sino para pagar las obligaciones financieras, pues quienes no están dispuestos a sacrificarse para ser libres en esta área, terminan trabajando para otros, viviendo en esclavitud y, posiblemente, avergonzándose de hablar del Señor Jesús y con su vida espiritual derrumbada.
Podríamos tener en cuenta la sabia y temprana reacción de John Spurgeon, el padre de Charles Spurgeon. Este último, tomó, precozmente y a temprana edad, una deuda. Cualquier padre hubiera podido tomar esto como una pequeña pilatuna, solo digna de risa, o como una muestra de gran astucia financiera, pero este sensato hombre instruyó a su hijo en la disciplina y amonestación en el Señor, tomando muy en serio su prematuro endeudamiento. El Espíritu Santo, en su Providencia, permitió que esta historia de un hombre a quien muchos seguirían como un gran ejemplo de piedad y quien tendría una gran influencia en los creyentes, quedara registrada para nuestra edificación. Charles Spurgeon nunca olvidó esta lección. Leámosla en su Autobiografía:
“Mi
primera y última deuda. Cuando yo era un niño muy pequeño, en delantales, e iba
a la escuela que funcionaba en casa de una señora, sucedió que yo quería un lápiz de pizarra y no tenía
dinero para comprarlo y tampoco me atrevía a pedirlo en casa, pues tenía miedo
de que me regañaran por perder los lápices con tanta frecuencia, pues yo era,
realmente, un muchacho descuidado. ¿Qué iba a hacer entonces? Había una pequeña
tienda en el lugar, donde la anciana señora Pearson vendía nueces, tortas, pasteles y bolas y,
en ocasiones, había visto a muchachos y muchachas tomar fiado de la anciana.
Argumenté conmigo mismo que la época navideña vendría y que alguien me daría un
penique entonces y, tal vez incluso, una moneda de plata de seis peniques. Yo,
por lo tanto, tomé una
deuda para adquirir un lápiz de pizarra, seguro de poderla pagar en aquel
tiempo. No me pareció fácil hacerlo, pero aun así, me armé de valor y entré en la tienda. Un penique era la
cantidad y como nunca antes había debido nada y mi crédito era bueno, el lápiz me fue
entregado por la amable dama y yo había quedado endeudado. No me complacía
mucho y me sentía como si hubiera hecho mal, pero poco sabía cuán pronto sufriría por esto.
Cómo llegó a enterarse mi padre de este pequeño negocio, nunca lo sabré, pero algún pajarito se lo debió contar y prontamente estuvo sobre mí con justa razón. Dios le bendiga por ello; era un hombre sensato y ninguno de sus hijos salió arruinado. Él no tenía la intención de criar a sus hijos para especular y jugar a lo que los grandes pícaros llaman financiación y, por lo tanto, él me reprendió por haber tomado una deuda y no erró. Me dio una poderosa lección sobre el meterse en deudas y cómo eso era parecido a robar, sobre la forma en cómo la gente es arruinada por ello y como un niño, que debía un penique, puede un día deber cientos de libras; acabar en prisión y llevar a su familia a la desgracia. Realmente fue una lección; de hecho, creo que puedo escucharlo ahora y puedo sentir mis oídos estremecerse al recordarlo. Entonces, me fui a la tienda, como un desertor regresa hacia las barracas, llorando amargamente por toda la calle y sintiéndome terriblemente avergonzado porque pensaba que todo el mundo sabía que estaba en deuda.
El penique se pagó en medio de muchas advertencias solemnes y el pobre deudor quedó en libertad, como un pájaro que salió de una jaula. ¡Qué dulce se sentía estar sin deuda! ¡Cómo mi pequeño corazón juró y declaró que nada me tentaría de nuevo a endeudarme! Fue una buena lección y nunca la he olvidado. Si todos los niños fueran inoculados con la misma doctrina cuando son jóvenes, sería un privilegio para ellos y les ahorrarían muchos problemas después en la vida. Dios bendiga a mi padre y le pido a Dios que envíe una casta de tales padres a la vieja Inglaterra para salvarla de ser devorada por la villanía, porque con las empresas, los sistemas y los pagarés, la nación está llegando a ser tan corrompida como un viejo pedazo de madera podrida” (Spurgeon, 1962, 41-42).
Somos un vivo ejemplo y una gran influencia para ellos y, seguramente, replicarán lo que nos vean hacer.
Oremos
¡Oh amado Señor! En estas dos enseñanzas acerca de las deudas nos has mostrado tu verdad, hemos visto que en tu Palabra la deuda se ve siempre como maldición o esclavitud, que la deuda en ninguna parte de la Biblia es vista en sentido positivo y mucho menos como una bendición. Permite Señor que esto quede grabado a fuego en nuestra mente y nuestro corazón.
Y cuando oremos pidiendo por nuestras necesidades y deseos, tengamos claro que tu respuesta nunca es una deuda, que Tú, Santo Dios, nunca has metido a tus hijos en deudas, sino todo lo contrario, pues con la sangre de Cristo has pagado nuestra mayor deuda, la del pecado.
Cuida nuestros corazones de la ambición, la envidia y la codicia, pues estos pecados son los precursores de las deudas, ayúdanos a vivir en contentamiento con lo que Tú nos has entregado y a entender que siempre nos das lo que necesitamos, tanto para nuestro cuerpo, como para nuestra alma.
Ayúdanos a entender que en ocasiones tu amor nos limita en algunos deseos y nos bloquea algunos planes, por eso te pedimos que siempre tengamos en mente que tienes algo mejor para nosotros, y que tu voluntad para con tus hijos, siempre es buena, agradable y perfecta.
Derrama tu Santo Espíritu con sabiduría de lo Alto sobre esta, tu iglesia local, que cada uno de nosotros entienda con claridad tu Palabra y la pongamos por práctica, además danos el gozo de ver como nuestros familiares, amigos y vecinos son trasformados por tu Santo Espíritu y empiezan a conocer el amor de Cristo.
Todo te lo pedimos en el nombre de nuestro amado Salvador Jesucristo.
Amén.
[1] Nota del autor: No avalo,
necesariamente, todos los puntos de vista doctrinales de este autor, sino
exclusivamente lo que cito.
[2] Nota del autor: No avalo,
necesariamente, todos los puntos de vista doctrinales de este autor, sino
exclusivamente lo que cito.
[3] “La confianza del consumidor es eso que los
economistas utilizan para medir cuánto usted sobregastará debido a que está aturdido con
lo buena que está la economía, sin
importarle que usted esté metiéndose en una deuda profunda. Si el consumidor
estuviera libre de deudas y viviera dentro de los límites de sus recursos, su confianza
estaría bien fundada” (Ramsey, 2008, 57).
[4] La economía real se refiere a
la producción, distribución y consumo
de bienes y servicios tangibles en una sociedad. Es la economía que se
enfoca en la creación de valor a través de la
producción de bienes y servicios concretos, como alimentos, ropa, viviendas,
transporte, educación, salud, entre otros.
[5] George Müller (27 de
septiembre de 1805 - 10 de marzo de 1898) Fue un evangelista cristiano y
director del orfanato Ashley Down de Bristol, Inglaterra. Cuidó a 10.024 huérfanos durante su vida, y ofreció oportunidades
educativas a los huérfanos hasta
el punto de que incluso fue acusado por algunos de elevar a los pobres por
encima de su posición natural en la vida británica. Fundó 117 escuelas que ofrecieron
educación cristiana a más de 120.000 niños.
Documental acerca de la vida de George Muller “Ladrón de las calles
crueles”. https://youtu.be/D4KZEU7681w?si=-9xUf26Kq7e_Zhtr
[6] James Hudson
Taylor (21 de mayo de 1832 - 3 de junio de 1905) fue un misionero cristiano
bautista británico en China
y fundador de la Misión al Interior de China (CIM, actualmente OMF
Internacional). Taylor pasó 51 años en China. La sociedad que fundó fue responsable
de la llegada al país de más de 800
misioneros que fundaron 125 escuelas y dio lugar directamente a 18.000
conversiones cristianas, así como al establecimiento de más de 300
estaciones de trabajo con más de 500 ayudantes locales en las dieciocho
provincias.
[7] Charles Haddon
Spurgeon (19 de junio de 1834 - 31 de enero de 1892) Fue un
predicador bautista particular inglés y pastor de la congregación de la Capilla de New
Park Street (más tarde el
Tabernáculo
Metropolitano) en Londres durante 38 años. Spurgeon fue una fuerte figura de la tradición
bautista reformada, quien defendió la Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689 y
se opuso a las
tendencias teológicas liberales y pragmáticas de la Iglesia de su tiempo.
[8] Papa: Entiéndase como la institución del papado romano.
[9] Cuando andamos
con Dios - Himno de John H. Sammis. 1887 — Nº 394
himnario Celebremos su gloria.
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