Presentación Parte 3 - Hacia una mayordomía bíblica - La Fe en Dios


 

Presentación Parte 3

Hacia una mayordomía bíblica

 

Reconocer quién es Dios, principalmente en los atributos que cooperan para afianzar la idea de mayordomía y luego, admitir nuestro pecado, debe llevarnos a poner en práctica los principios éticos que parten de la naturaleza divina para que nuestras conductas no se deriven de lo racional, como respuesta a un problema o para nuestra vida cotidiana, sino derivados del carácter de Dios.

Así, los principios de la verdadera mayordomía se desprenden de la Ley Moral y Ética de nuestro Dios y Señor, expresados en los Diez Mandamientos, primeramente para con Dios y, en los últimos seis, para con nuestro prójimo. Desde esta perspectiva, la correcta mayordomía bíblica parte de honrar con nuestras finanzas, en primer lugar a nuestro Dios y, seguidamente, a nuestro prójimo.

Pero así como nuestra salvación es por gracia, nuestro caminar en esta tierra también debe ser por gracia. Sólo en Cristo podemos experimentar la verdadera libertad de las conductas en contra de la mayordomía bíblica antes vistas y sólo el Espíritu Santo nos puede mantener limpios de estas conductas pecaminosas y el resultado es que podemos vivir en libertad, siguiendo sus mandamientos expuestos en la Biblia.

El propósito de Dios en esta área es entonces, llevarnos de la libertad que Él nos ha dado a la santidad financiera a través de su Palabra. Vivir en santidad es ser santos como Dios es Santo (Levítico 19:2 y 1 Pedro 1:15), es vivir avanzando en el crecimiento hacia el carácter de Cristo (Efesios 4:13 y Romanos 8:29a) para vivir en santidad, aún en el área financiera, sirviéndole a nuestro único dueño y amo, el Señor Jesucristo.

Veremos así, en esta tercera parte, que los seres humanos somos llamados a ser mayordomos o administradores de lo que Dios nos ha entregado en esta tierra y, para esto, debe forjar en nosotros, sus hijos, un carácter piadoso a semejanza de Cristo y según las Escrituras, desarrollando unas características que nos conduzcan hacia una mayordomía bíblica, como se lee en 1 Timoteo 6:6-8:

6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento 7porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”. 1 Timoteo 6:6-8

Entonces, ¿cómo podemos llegar a tener el carácter piadoso de un excelente administrador o mayordomo de las finanzas del reino de Dios?

Eso es lo que veremos de ahora en adelante, en esta esta sección llamada “Hacia una mayordomía bíblica” la cual se compone de 10 enseñanzas, y cada una de ellas se puede tomar más de una jornada.

La primera enseñanza de esta sección es “La Fe en Dios”

 

8. La Fe en Dios - Primera Parte

 

1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,

la convicción de lo que no se ve”. Hebreos 11:1

 

Oremos 

Bendice Padre Santo a todos nuestros hermanos en este tu Santo Día, para que todos los que te amamos podamos darte hoy toda la honra y toda la gloria, colma de tu Espíritu a todos aquellos que hoy estamos enseñando o predicando tu Palabra, pero sobre todo a los hermanos que están escuchando, permite que tu Palabra fructifique en la vida de cada uno.

Por eso hoy venimos delante de ti para que nos enseñes acerca de la fe, un asunto básico en nuestra vida como creyentes, y como mayordomos en tu Reino. Amado Padre, sabemos que la Fe es fundamental para relacionarnos contigo, pues en esta tierra no caminamos por vista sino por Fe, ayúdanos a entenderlo con claridad y a ponerlo por práctica en nuestra vida para tu servicio. 

Amén

 

Introducción

1Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,

la convicción de lo que no se ve”. Hebreos 11:1

Este es un versículo que por si sólo es bastante claro, y con una gran profundidad, sin embargo cuando lo miramos en su contexto veremos como se amplía de tal manera que entenderlo implicaría toda la vida y más, no sólo en estudio y oración, sino en su aplicación en la vida práctica. El tema de la fe tiene muchas ramificaciones y es bastante amplio y profundo, es como un océano, y el día de hoy nosotros solamente mojaremos nuestros pies en él.

La principal e indispensable característica de un buen mayordomo o administrador de las finanzas del reino de Dios aquí en la tierra es la fe en Dios, en el “Señor Todopoderoso”, el Dios de la Biblia, que hemos descrito antes, a partir de sus atributos. Nuestro entendimiento acerca de Dios y su Carácter, así como nuestra perspectiva o cosmovisión acerca de los bienes, riquezas y dinero, deben provenir de la palabra de Dios, es decir, debe estar basada en una fe bíblica. La fe es el marco general de la verdadera mayordomía, la mayordomía bíblica sin fe es como un océano sin agua, un bosque sin árboles o un rebaño sin animales.

Gracias al Señor tenemos su Palabra que nos guía para llegar a comprender qué es la fe, pues la Biblia tiene una definición muy clara de ella, lastima que por lo general es entendida de una manera errónea por muchos creyentes, debido a que la visión del hombre está tan empañada y su entendimiento tan desviado que distorsiona y deforma la verdad más sencilla de las Escrituras. De tal manera que aún a los que saben que es La Fe no siempre les resulta fácil dar una correcta definición de ella.

¿Que es la Fe?

En la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, encontramos dos connotaciones teológicas de la palabra fe: La fe subjetiva y la fe objetiva, es decir el cuerpo de doctrina que vemos en Judas 3.

3Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. Judas 1:3

En este texto Judas se refiere al compendio de doctrina, es decir, a la fe que profesamos, y está haciendo un llamado a defenderla.

Pero hoy estudiaremos la fe subjetiva, a la cual nos podemos aproximar en Romanos 3:22: “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él” o en Habacuc 2:4 “…mas el justo por su fe vivirá” y tiene que ver con lo expresado en el primer versículo de Hebreos 11 y otros pasajes que se identifican con este concepto:

1Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,

la convicción de lo que no se ve”. Hebreos 11:1

Matthew Henry[1] nos ayuda con una definición de fe en su comentario de Hebreos 11:1, para eso analiza cada una de las dos frases  del versículo así:

Es la certeza de lo que espera…”  La fe y la esperanza van juntas; y las mismas cosas que son el objeto de nuestra esperanza son el objeto de nuestra fe. Es una firme expectativa y convicción de que Dios cumplirá todo lo que nos ha prometido en Cristo; y esta convicción es tan fuerte que da al alma una especie de posesión y fructificación presente de esas cosas que espera, les da una subsistencia en el alma, por las primicias y anticipos de ellas [algo así como si se materializaran]. De modo que por el ejercicio de la fe los creyentes están llenos de una gloria y un gozo inefable. Cristo mora en el alma por la fe, y el alma se llena de la plenitud de Dios, hasta donde las posibilidades de esta vida presente lo admiten; de tal manera que se experimenta una realidad sustancial en los objetos de la fe.

“…Es la convicción de lo que no se ve”. La fe le muestra al ojo de la mente la realidad de aquellas cosas que no pueden ser discernidas por el ojo del cuerpo. La fe es la firme confirmación del alma a la revelación divina y a cada parte de ella, y pone su sello en que Dios es verdadero. Es una aprobación plena de todo lo que Dios ha revelado como santo, justo y bueno; ayuda al alma a aplicar todo a sí misma con los afectos y esfuerzos adecuados; y así está diseñada para servir al creyente en lugar de la vista, y para ser para el alma lo que los sentidos son para el cuerpo.

En resumen la fe en Dios es tener completa seguridad de que vamos a recibir lo que esperamos, es estar convencidos de la existencia de algo, aunque no lo podamos ver.

La fe es más que una opinión o una fantasía, ella realiza las cosas invisibles para el alma, y la impulsa a actuar de acuerdo con la naturaleza e importancia de las mismas.

La visión de la fe es muy superior a la del ojo, pues, además de muchas otras cosas, por la fe vemos el pasado y también el futuro. Del futuro nos muestra una vida en el gozo del Señor en una nueva tierra y bajo un nuevo cielo, y del pasado nos muestra el principio del mundo, el cual fue constituido por la palabra de Dios. “Por la fe comprendemos mucho más de la formación del universo de lo que jamás podría comprender el ojo desnudo de la razón natural. La fe no es una fuerza sobre el entendimiento, sino un amigo y una ayuda para él”. (Comentario Matthew Henry en Hebreos 11:3)  

Entonces quienes hemos recibido la gracia de la fe, podemos decir como el apóstol Pablo a los corintios: “…porque por fe andamos, no por vista”. 2 Corintios 5:7

También podemos entender la fe como el encuentro de dos mundos: El espiritual y el físico. En el mundo espiritual, Dios pone la garantía, certeza o convicción en una persona, basado en su Decreto o propósito divino cuando Él ha dado la orden, el permiso o el mandato de realizar algo, incluso para responder a la oración o petición de sus hijos.

Además también debemos entender que la fe es para salvación, puesto que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados y nosotros no podemos procurarnos la fe necesaria para creer y ser salvos. Por lo tanto, la fe, incluso la fe salvífica, es una gracia otorgada exclusivamente por Dios.

Junto a la fe salvífica siempre está el arrepentimiento, son gracias gemelas, sinergísticas e instantáneas. Son la respuesta que Dios demanda del pecador a la predicación del Evangelio de Cristo, pues la fe viene como resultado de oír el mensaje, y ese mensaje que se oye es la palabra de Cristo, pues la Biblia dice:

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.…”  

Romanos 10:17.

Es claro que aquellos que no han escuchado y entendido las Buenas Nuevas de salvación, no pueden tener fe, y que los que no han experimentado el arrepentimiento, no pueden tener Fe.

Habiendo aclarado esto les diré que La fe de la que hablo es la fe que Dios desarrolla en los creyentes para santificación y avance hacia la madurez espiritual, y de la cual,

“…Jesús, [es] el autor y consumador de la fe,…”  Hebreos 12:2 

Pues es Él quien la empieza, la desarrolla y la lleva hasta su culminación en la glorificación del creyente, pero del otro lado, en este encuentro de dos mundos, en el mundo físico, la parte del hombre es creer y perseverar en mantener esa esperanza o “confianza” en algo que sólo se ve con los ojos de la fe, o sea que la fe aquí es equivalente al verbo “esperar” y confiar; fe o confianza que el creyente ejercita a través del oír la palabra de Dios. 

La fe es una espera activa, no es simplemente sentarse a esperar, pues la fe primero influye en nuestros afectos y luego en nuestras acciones, de tal manera que si se trata de algo positivo la fe despierta el amor, pero si es algo negativo despierta el temor, eso le pasó a Noé, su fe le confirmó el futuro juicio de Dios por medio del diluvio y eso lo llevó a actuar preparando al arca. “Noé no discutió con Dios por qué debía hacer un arca, ni cómo podía ser capaz de contener lo que se iba a alojar en ella, ni cómo era posible que semejante embarcación pudiera resistir una tormenta tan grande. Su fe silenció todas las objeciones, y lo puso a trabajar seriamente”. (Comentario Matthew Henry en Hebreos 11:7), por eso podemos decir que la fe es activa.

Lo mismo podemos decir de Abraham, quien se sometió en obediencia a la voluntad de Dios, pues él sabía que el Señor era el único apto para dirigir su vida, y llevarlo a un destino decretado por el mismo Dios. Esta obediencia es fortalecida por la fe, por eso podemos decir que la obediencia también es un don de Dios.

Por eso un fiel mayordomo, como hombre de fe, renuncia a su propia voluntad y a su sabiduría, y se pliega a la voluntad y a la sabiduría de Dios, y es muy sabio al hacerlo; y aunque no siempre conoce su camino, sin embargo si conoce a su Guía, y esto les es suficiente. (Paráfrasis del Comentario Matthew Henry en Hebreos 11:8)

En el capítulo 11 del libro de Hebreos, la palabra fe aparece 25 veces y la palabra Dios, 15 veces, así que la relación entre estas dos palabras nos da a entender, que la fe está sujeta a alguien y esa persona es nuestro Dios, el Señor Jesucristo.

Lo explico de otra manera: El hombre no puede tener fe como un concepto completo, ni puede en sus fuerzas, procurarse esa convicción o certeza, puesto que es un poder que sólo Dios tiene. No hay tal fe poderosa que mueva o manipule la voluntad de Dios según nuestros caprichos, sino Alguien poderoso, el mismo Dios, que responde a la oración o a la perseverancia en creer o esperar, según su voluntad o propósito para cada uno.

La fe es un don o regalo de Dios como se expresa en 1 Corintios 12:9, referente a los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo: “a otro, [es dada la] fe por el mismo Espíritu” y en Gálatas 5:22, se expone la fe como un fruto del Espíritu, ¿lo recuerdan?

Y como la fe es un don de Dios, eso nos lleva a entender que la salvación también es un don de Dios.

“La salvación es de Jehová” Salmos 3:8

 

“En Dios solamente está acallada mi alma;

De él viene mi salvación”. Salmos 62:1

Así que en el nuevo nacimiento el Espíritu siembra la semilla de la fe que nos llevará a mirar a Cristo, ésta se desarrolla mediante un proceso basado en el conocimiento de la Palabra y el trato de Dios en nuestras vidas para transformarnos a través de los medios de Gracia. “Así que cada vez que memorizamos un versículo bíblico, escuchamos un sermón o participamos en un estudio bíblico, aumentamos nuestro conocimiento de Dios y agrandamos nuestro escudo de la fe” (Anderson1, 2006, 607).

Es importante recordar que debido a que la palabra fe tiene dos connotaciones teológicas (objetiva y subjetiva) debemos diferenciar bajo la dirección del Espíritu Santo y el contexto, en qué sentido es usada la palabra fe en todo escrito.

De hecho, pareciera que, cuando Jesús dice que si tuviéramos fe como un grano de mostaza, moveríamos montañas o trasladaríamos sicomoros (Mateo 17:20; 21:21 y Lucas 17:6), dando a entender que si tuviéramos tal fe, incluyendo la parte que le corresponde a Dios, que es su poder sobrenatural, por nuestro remanente de pecado, haríamos cosas sin sentido. Sin embargo, ninguno de los “hombres de fe” mencionados en la Palabra, movió montañas o trasladó sicomoros.

n así, podríamos decir que esta fe es la que cree lo que Dios ha dicho en su Palabra.

En Hebreos 11, podemos ver cómo Dios fue desarrollando la fe de estos hombres a través de las situaciones que tuvieron que enfrentar, en la mayoría de las veces, durante larguísimos períodos de tiempo, para que sus testimonios quedaran registrados en la Biblia para edificación nuestra, a pesar de que ninguno de ellos pudo ver el cumplimiento de la promesa de Dios que esperaban y que los llevó a actuar agradando a Dios.

39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; 40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”. Hebreos 11:39-40

Este texto afirma la unidad del pueblo de Dios antes y después de Cristo, y aunque los creyentes del Antiguo Testamento vivían por Fe (He. 10:38), no tuvieron el privilegio de presenciar en la tierra el cumplimiento de la gran promesa de Dios. Sin embargo, ellos también participan en los beneficios de la obra del sumo sacerdote Cristo, y junto con los santos del nuevo pacto, son “hechos perfectos”. Los de la época antigua y la nueva esperan la perfección que aparecerá solo en la Segunda venida[2]. (12:26; 13:14; Ro. 8:18; Ef. 1,9-10) (The Reformation Study Bible. pagina 1795).

La fe no hizo que Dios produjera lo que prometió en el tiempo de ellos, sino que hizo que estos hombres se mantuvieran fieles (fidelidad, otro sinónimo de fe) en creer y mantener la esperanza a la que fueron llamados y a perseverar en cumplir la voluntad de Dios. Esa fe los ayudó a sobrepasar las dificultades y sufrimientos, aún sin recibir lo que esperaban, es decir fisicamente al Mesías.

Pues recuerden que lo que siempre hemos esperado los creyentes es a nuestro Salvador, que nuestro mayor deseo es la redención, y nuestros hermanos del Antiguo Testamento no pudieron ver cumplida esa esperanza, durante su vida en la tierra, aún así ellos permanecieron firmes, por la Fe.

36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos  de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. 39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;….”. Hebreos 11:36-39

No conozco cuál sea tu situación, pero te animo a perseverar en la esperanza a la cual has sido llamado como lo hicieron los ilustres héroes de la fe que describe la Biblia, cualquiera que sea la circunstancia en la que te encuentres y, a entender lo que esto involucra porque nuestra esperanza debe estar puesta en el Señor Todopoderoso de las Sagradas Escrituras

2 Porque por ella [la fe] alcanzaron buen testimonio los antiguos”.

Hebreos 11:2

Mi hermano te animo a seguir en el Camino, sabemos que no es fácil, hay ocasiones en las cuales desfallecemos, hay momentos en los cuales pareciera que Dios hubiera ocultado su rostro de nosotros, pero no es así, el Señor está ahí, siempre presente, y muy atento a nuestro caminar ¿y como puedes comprobar eso? porque es el mismo Dios quien te ánima y no te deja desfallecer y tu sigues caminando como Moisés, hacia adelante pues…

27 Por la fe dejó a Egipto y …. se sostuvo como viendo al Invisible”. Hebreos 11:27

Por eso tu no te rindes, porque el Señor te sostiene y te da fe para seguir adelante, como viendo al invisible…

Fe verdadera vs. Fe carnal

Al hablar de fe encontramos la fe verdadera, espiritual o bíblica reconocida por Dios y también la mal llamada fe, pero que es carnal o mundana, que no proviene de Dios.

La fe carnal, si es que se puede llamar fe, es aquella confianza con la cual algunos creen fervientemente en lo que concuerda con sus pensamientos y conocimiento.

Este tipo de fe está, generalmente, asociado a la gente del mundo, que no cree en Cristo como único y suficiente Salvador. Hay cosas en este mundo que la gente cree y acepta como verdaderas, pero estas cosas cambian con el pasar de los años.

Asimismo, los estándares y formas de pensamiento, como los objetos en los que se deposita la fe, difieren mucho entre las culturas de los diferentes países e, incluso, entre cada individuo. La fe carnal es voluble, es decir, cambia en tanto que las teorías e ideologías cambian.

Creer en Dios y creerle a Dios son cosas diferentes porque creerle a Dios implica conocer su Palabra y darla por cierta completamente para que nuestra fe pueda estar seguida de obras de acuerdo a ella.

Así que, con la fe espiritual o bíblica que hemos mencionado, podemos recibir salvación y creer, incluso cuando las cosas no están de acuerdo con nuestras teorías y pensamientos. Es la fe que cree que algo puede ser creado de la nada, que nuestro Dios Todopoderoso creó los cielos y la Tierra (He. 11:3) y que la vida, la muerte y el destino del hombre están bajo su control, lo que nos permitirá reconocerlo y depender solamente de Él para todo.

No obstante, no podemos tener este tipo de fe espiritual según nuestro deseo, sólo la que Dios ha repartido a cada uno (conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Romanos 12:3). Dios va aumentando esta fe bíblica, en la medida en que buscamos la Verdad.

Para desarrollar la verdadera fe, tenemos que renunciar, en primer lugar, a todo pensamiento y teoría que no está de acuerdo con la Palabra, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,…” (2 Corintios 10:5 y Romanos 8:5).

No todo conocimiento, teoría, forma de pensar y valores son correctos. Gran parte de ellos han sido moldeados por la cultura en la cual hemos crecido, pero si insistimos en que son apropiados, esto impedirá aceptar la palabra de Dios y tener una fe bíblica.

En segundo lugar, debemos escuchar y aprender las Escrituras con diligencia y luego ponerlas en práctica. Si llenamos nuestro corazón con la verdad sempiterna de Dios, la falsedad se apartará y podremos tener un corazón limpio.

Cuando escuchamos la palabra de Dios, debemos primeramente guardarla como conocimiento y luego empezar a transformarla en práctica por medio de la obediencia. El hecho de que logremos memorizar unas notas musicales para la ejecución del piano, no significa que podamos tocarlo bien, eso es sólo el principio, pues debemos practicar y practicar, para llegar a una ejecución fluida. Sucede lo mismo con la palabra de Dios, además de leerla y escucharla, debemos ponerla en acción, pues…

17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”.

Santiago 2:17

Así que, vivir la fe es saber que vivimos en el mundo, pero no somos del mundo. Es tener nuestros pies en la tierra, pero nuestro corazón y nuestros ojos en el reino de Dios. Es seguir a Cristo mediante la obediencia permanente y constante de su Palabra en nuestras vidas. Es saber que tenemos un Dios único que nos ama y entregó a su único Hijo por nosotros. Es reconocer la grandeza de Dios cada día en nuestra vida y saber que tenemos un lugar en su Reino.

Debemos reconocer que la fe es vital, pues sin ella no podemos agradar a Dios.

6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Hebreos 11:6

Es preciso que creamos con verdadera fe que Dios cumplirá las promesas registradas en su Palabra y que recompensa esta fe, no sólo en el reino de los cielos, sino también aquí en el plano terrenal.

9 Y yo [Jesús] os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. Lucas 11:9-10

22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. Mateo 21:22

Pedir en oración creyendo, tiene mucho que ver con pedir con fe, esa fe basada en la palabra de Dios y que conoce la voluntad de Dios, por eso cuando nuestra oración recibe una respuesta positiva nos genera un gran gozo, no tanto porque recibimos lo que pedimos, sino porque eso significa que hemos pedido alineados a la voluntad del Señor, es decir, hemos pedido en el nombre de Jesús.

Estas son promesas exclusivas para los hijos de Dios, que oran y piden dentro de la voluntad del Señor, no para los impíos, recordemos lo que dice Santiago 4:3

4 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”.  Santiago 4:3

La verdadera fe viene de Dios y, a través de su Palabra y de la oración, iremos conociendo la voluntad del Señor y alineándonos a ella en nuestras peticiones. (Ro. 10:17)

13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. Juan 14:13-14

Llamado a seguir a Cristo

Pero si tú vives en pecado sin arrepentimiento, si eres de los que dices que Cristo es tu Salvador, pero no tu Rey y ni tu Señor, pues en tu vida haces lo que tú quieres… por favor revisa tu corazón, pues tienes claras señales de impiedad e hipocresía.

Por favor toma esto como un amoroso llamado de atención, un aviso del Señor para que te humilles en arrepentimiento delante de Él y clames por tu vida, busca el rostro del Señor de tal manera que recibas el perdón de Cristo, quien es el Único que puede limpiar tus pecados y otorgarte la fe para salvación… Reflexiona en eso, busca al Señor y pídele que te lleve con Él a su reino.

Legado para mis hijos

La cabeza o sacerdote del hogar debe enseñarles el verdadero significado de la fe bíblica a sus hijos a través de la lectura y enseñanza de la Palabra de Dios, así como con el ejemplo. Es necesario que ellos reconozcan la verdadera fe bíblica para que puedan discernir y distinguirla del falso y herético concepto de fe de nuestros días. Usted debe hacer énfasis en la Soberanía y la Providencia de Dios y que la fe bíblica está subordinada a la voluntad de Dios expresada en su Palabra (Voluntad preceptiva).

Además, los tiempos difíciles financieramente son una gran oportunidad de ejercitar la fe, darles el ejemplo a sus hijos de total confianza en Dios y obediencia a sus mandamientos, así como para enfatizar las promesas de Dios en esta área.

Cuando ellos deseen algo, motívelos para que se lo pidan al Dios Padre, que todo lo sabe y conoce los anhelos de nuestro corazón, y no a usted como padre terrenal. Diríjalos para que anoten sus peticiones en un papel y las tengan siempre en cuenta en sus oraciones. Esto desarrollará su fe y su paciencia en la espera de la respuesta de Dios.

Aconséjeles que cuando Dios conceda sus deseos, sean testimonio de fe con los suyos y le den la gloria a Dios.

Aproveche cada oportunidad para recordarles que sus necesidades y deseos fueron cubiertos mediante la provisión de Dios y por la fe depositada en Él.

Oremos

Padre Santo, bendice esta enseñanza para que todos nosotros podamos practicar una vida de fe, que entendamos con claridad que la fe verdadera está siempre dirigida a Dios y no existe fe, sino es en Dios.

Que cada uno de nosotros pueda vivir la fe, sabiendo que vivimos en el mundo, pero no somos del mundo. Que tengamos los pies en la tierra, pero los ojos puestos en Jesús, autor y consumador de la fe.

Que vivamos con la certeza de nuestra ciudadanía celestial y que eso nos capacite para seguir a Cristo mediante la obediencia permanente y constante de su Palabra en nuestras vidas.

Que nuestra fe nos lleve a reconocer la grandeza de Dios cada día en nuestra vida y a saber que tenemos un lugar en su Reino, pues hemos conocido su amor mediante el sacrificio de Cristo por nosotros los pecadores.

Derrama tu Santo Espíritu con sabiduría de lo Alto sobre esta, tu iglesia local, para que la fe en Cristo sea evidente en la vida de cada uno de nosotros, y como siempre, te pedimos que nos des el gozo de ver como nuestros familiares, amigos y vecinos son trasformados por tu Santo Espíritu y empiezan a conocer el amor de Cristo.

Todo te lo pedimos en el nombre de nuestro amado Salvador Jesucristo. 

Amén.

 

 

 

 



[1] Matthew Henry (18 de octubre de 1662 22 de junio de 1714) fue un ministro y autor británico no conformista que nació en Gales pero pasó gran parte de su vida en Inglaterra. Es más conocido por su comentario bíblico de seis volúmenes Exposición del Antiguo y Nuevo Testamento.

[2] Alguna cosa mejor para nosotros”The Reformation Study Bible. pagina 1795.

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