8. La Fe en Dios - Segunda Parte


8. La Fe en Dios - Segunda Parte 

“El justo por su fe vivirá”. Habacuc 2:4 

Oremos

Señor nuestro, te damos gracias por tu amorosa compañía en esta semana, pues has traído todo lo necesario para cada uno de nosotros; a algunos has traído abundancia, a otros escasez, a algunos salud, en otros has permitido la enfermedad. Pero todo lo que pasa en este mundo y específicamente en nuestra vida, está escrito en tu santo decreto, y nosotros “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, (Ro. 8:28) así que en Ti confiamos plenamente.

Señor aumenta nuestra fe, ayúdanos a descansar en Ti y en tu Palabra, fortalece nuestro espíritu y permite que el día de hoy podamos profundizar en el conocimiento de la fe, no sólo en teoría, sino también en la práctica.

Además te pedimos que hoy muchos hermanos alrededor del mundo puedan tomar dignamente la santa cena, que los oficiales encargados de administrarla lo hagan con dignidad y respeto por Ti y por la iglesia ganada con la sangre de Jesús.

Amén.

Introducción 

Esta es la segunda parte del tema “La fe en Dios” y el versículo que nos servirá de base es “el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4). Habiendo definido teóricamente el concepto de fe, hoy trataremos de ver como algunos hermanos, en la práctica, han vivido por la fe.

Viviendo las finanzas del Reino por fe 

Un fiel mayordomo sabe que la Palabra habla mucho de finanzas, más que de otros temas, y que para entender las finanzas del reino de Dios dentro del marco de una fiel mayordomía bíblica debemos: 1) Conocer el propósito y los lineamientos que Él nos da a través de las Sagradas Escrituras en esta área, 2) Establecer sus pensamientos en nuestra mente y 3) Obedecerlos por fe.

Por fe, debemos obedecer la palabra de Dios.

“A primera vista, muchos leerán esto y se preguntarán ¿Qué tiene que ver todo esto con la fe? En primer término, la fe debe ser vista como una semilla. Los apóstoles querían que su fe fuera aumentada. La semilla es para ser plantada para que el aumento llegue a medida que ésta crece. En la medida en que permanecemos en la palabra de Dios, vivimos en ella y la dejamos moldear nuestros pensamientos, la fe crecerá y se desarrollará en nuestros corazones. Jesús les dice a sus discípulos que la fe se obtiene a través de la obediencia y la responsabilidad. La fe aumenta cuando un siervo simplemente hace aquello que se le indicó que hiciera. La fe se obtiene al reconocer nuestra posición como siervos y a través de la obediencia de las instrucciones que el amo ya nos ha dado en la palabra de Dios” (Bienes, Riquezas y Dinero. Hill y Pitts, 2001, 23).

¡Para hacer viva la fe en nuestra mayordomía, no sólo debemos creer lo que la Biblia dice acerca del tema, sino vivirlo en obediencia! 

Pues la fe lleva a la acción, acción que debe ser consecuente al mandato de Dios, sería absurdo transgredir su Palabra para lograr el propósito de Dios para nuestra vida o para demostrar que tenemos fe. Por el contrario, la fe se demuestra con obediencia, así a veces, pensemos que lo que nos pide parece ilógico. Algunas personas piensan que obedeciendo los lineamientos de Dios, no lograrán sus metas. Por eso es necesario que la fe remplace esos pensamientos, pues entre más difícil o inalcanzable parezca algo en la perspectiva del mundo, el Señor será más glorificado.

Es de suma importancia reconocer que, independiente de todo lo que anhelemos, queramos o necesitemos, debemos guardar todo respeto y amor para nuestro único, verdadero y poderoso Dios; y que ante sus ojos, el amor se demuestra con obediencia.

Las finanzas del Reino exigen una completa obediencia a la palabra de Dios. Muchos de los patriarcas y hombres de las Sagradas Escrituras llevaron a cabo la misión que el Señor les entregó en obediencia a sus mandatos. Por fe, obedecieron y llegaron a ver cumplidas cosas inimaginables para la gloria de Dios.

Por fe, Noé no escatimó en los gastos que la construcción del arca requería, pues confiaba en Dios que todo lo proveía. Abraham planeó con habilidad y escrituró anticipadamente la tierra para las tumbas de su familia; Moisés no buscó prestado para los materiales del tabernáculo, sino que diligentemente y bajo la dirección de Dios obtuvo todo lo necesario del mismo pueblo; David ahorró y guardó todos los materiales para la construcción del templo para que su hijo Salomón lo construyera; Joás reunió el dinero lentamente para reparar el Templo; Esdras proveyó todos los recursos para la reconstrucción del Templo mediante el rey al cual servía; Nehemías oró por el proyecto de reconstrucción de las murallas de Jerusalén y Dios puso en el corazón de Artajerjes, rey de Babilonia, donar los recursos y Pablo trabajó día y noche para cubrir todos los gastos necesarios para sus viajes misioneros. Ninguno de ellos transgredió los mandamientos ni principios divinos para lograr estos proyectos, sino que actuaron por fe y en obediencia.

Vivimos la fe en el área de la mayordomía, al obedecer todo lo que dice su Palabra y al reconocer que nuestra misión será llevada a cabo porque es el mismo Dios quien así lo ha dispuesto. O como dijo el misionero a la China, Hudson Taylor (1832-1905): “Al trabajo de Dios, hecho a la manera de Dios, nunca le faltará la provisión de Dios”.

Fe = Obediencia

La fe puesta en el Señor de la Biblia nos ayudará a rendir esta área de las finanzas a Él y a vivir una mayordomía en obediencia, pues la fe nunca puede trasgredir los mandatos de nuestro Dios ni ser puesta en algo diferente a Él. Incluso, ni en una mala interpretación de la fe bíblica.

17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”. 1 Timoteo 6:17

Vemos aquí que el requisito para que Dios nos dé lo que pedimos es que guardemos sus mandamientos, es decir, que estemos alineados con su Voluntad, igual que los héroes de la fe descritos en Hebreos 11, donde vemos cómo los grandes milagros registrados en la Biblia, fueron actos de fe y de obediencia.

De la misma manera, sólo la fe nos puede ayudar a tomar la decisión de vivir una mayordomía bíblica, haciendo Tesoros en el cielo.

Recuerde: Un fiel mayordomo del Señor tiene su fe puesta en el Dios de la Biblia.

“el justo por su fe vivirá” Habacuc 2:4

Nuestro texto de hoy es una frase que se repite 4 veces en las Escrituras, con muy leves variaciones, además de Habacuc también está en: Romanos 1:17, Gálatas 3:11 y Hebreos 10:38… Eso muestra que es un texto muy importante, pues por la fe vivimos los justos, necesitamos la fe para caminar en este mundo, sabiendo que no somos de este mundo, y es la fe la que nos da las fuerzas para continuar sin desfallecer, hasta el final.

Igual que en los tiempos de Habacuc, cuando fueron invadidos por los babilonios (607 a.C.), el profeta le preguntaba al Señor ¿porque permitía que esos impíos babilonios los subyugaran? La respuesta de Dios llegó con una gran carga de pruebas en contra de Judá, pues aunque el Señor no negó el pecado de Babilonia, y le aseguró a Habacuc que los invasores no se librarían de su terrible juicio, también le expresó que su pueblo era culpable de pecados similares y por eso sufriría la misma condena.

Por eso el Señor, haciendo uso de su autoridad le dice al profeta: “Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra”. (Hab. 2:20), así entendió Habacuc que ese castigo era la voluntad de Dios y que nadie le podía reclamar por eso, sin embargo el Señor en su misericordia también le dijo a Habacuc: el justo por su fe vivirá, de esa manera el justo, aun en medio de una cruel invasión vivirá por su fe.

También en su misericordia, el Señor, da aviso que la visión de libertad tardará un tiempo, más se apresura hacia el fin… aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará (Hab. 2:3), la fe nos da la esperanza y también la paciencia.

Aunque la promesa se demore, la fe nos da la seguridad que vendrá, y que no seremos decepcionados, porque vendrá en el tiempo señalado y cumplirá plenamente a nuestras expectativas de fe. El día que Dios ha fijado para la liberación de su pueblo y la destrucción de sus enemigos llegará en el momento más adecuado y no se aplazará. No tardará, porque “el Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza…” (2 P. 3:9). Aunque tarde más de lo que nosotros esperamos, no se demora más de lo que Dios quiere, y su tiempo siempre es el mejor tiempo.

Esta espera es un ejercicio de fe y paciencia que mostrará lo que hay en el alma de cada cual, por eso en Habacuc 2:4, vemos dos tipos de personas diferentes:

“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá”. Habacuc 2:4

1. Hay algunos que orgullosamente desdeñarán esta promesa, cuyos corazones son orgullosos y rebeldes y se burlan del evangelio. Están tan enaltecidos que piensan que ellos son suficientes, y la promesa de Dios es una cosa insignificante para ellos. Ese es el hombre cuya alma no es recta, se enorgullece…(Hab. 2:4a).

2. Pero existen aquellos que son justificados y cuyos corazones son rectos delante de Dios, estos son los que valoran la promesa y, confiados en la verdad de ella, se mantienen cerca de Dios, aun en los tiempos de prueba más difíciles, y esa comunión con Dios les da un bálsamo de consuelo permanente. Ellos viven en dependencia de Él y en expectativa de Él. Pues Los justos por su fe vivirán (Hab. 2:4b), esa fe que los sustenta, los anima, los consuela y les muestra la gloria venidera.

Eso nos lleva a entender otra dimensión de la fe, pues no sólo nos salva, sino que nos sustenta para vivir en este mundo, pues el justo por su fe vivirá, por esa fe que nos lleva a la acción y hace que la palabra de Dios esté viva en nuestra alma. Esta es la importancia de esta verdad que se cita 3 veces más en el Nuevo Testamento (Ro. 1:17; Gá. 3:11; He. 10:38), afirmando la gran doctrina de la justificación solo por la fe y de la influencia que la gracia de la fe da para el sustento de la vida cristiana.

Este texto nos hace pensar que hay dos estilos de vida, el de los justos, que viven por fe, y de los impíos que viven por la razón, leamos las palabras del pastor David Martin Lloyds Jones (1899-1981), en su libro Del Temor a la Fe: “La verdad que se declara, es que sólo hay dos posibles actitudes hacia la vida de este mundo: La de la fe y la de la incredulidad. O conducimos nuestra vida con fe en Dios, y las conclusiones que surgen naturalmente de esa actitud, o nuestro enfoque estará basado en un rechazo a Dios y las negaciones que se derivan de ella”.

Cualquiera puede vivir bajo la dirección de la razón y retirarse del camino de la fe en Dios, pero nosotros debemos persistir en caminar y vivir por fe en Dios, esto es muy importante pues lo que creemos determina nuestra conducta. Nosotros en esta tierra caminamos por fe, no por vista.

El justo por su fe vivirá, es decir, quien vive por fe es justo, y por el contrario quien no lo hace es injusto, esto nos confronta con dos únicas opciones de vida, y cada uno sólo puede estar en una o en otra. ¿Mi vida está fundada en la fe... o no lo está?

La vida de cada uno de nosotros se debe definir por una de estas dos actitudes: Creer y adoptar la sencilla palabra de Dios y vivir de acuerdo con ella, o no, este es el caso de aquellos que aunque dicen creer en Dios, no creen en Él como el ser sobrenatural que es, que hace milagros y nos lleva por un Camino espiritual que muchos no pueden ver.

33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” Romanos 11:33

Para un fiel mayordomo el texto: El justo por la fe vivirá, significa adoptar la palabra de Dios y vivir de acuerdo a ella, actuar de acuerdo a ella, sencillamente porque es la Palabra de Dios. Significa creer que es verdad lo que Dios ha dicho, precisamente porque Él lo ha dicho, y que lo que ha dicho es suficiente, el Señor no se quedó corto en su Palabra, en ella nos ha dado todo lo que necesitamos, por eso es suficiente.

Y cuando Dios dice que el justo por la fe vivirá, Él se está comprometiendo a velar porque ese justo viva por fe, así que no estamos solos, el Todopoderoso avanza adelante de nosotros, abriéndonos el camino.

Aquellos que somos justificados por la fe viviremos, seremos gozosos aquí y para siempre, con ese gozo que sobrepasa todo entendimiento y mientras estemos aquí, viviremos por la fe; como habacuc:

17 Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; 18 con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. 19 Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”. Habacuc 3:17-19

Igual que Habacuc que inició este dialogo con Dios con un reclamo por someter a su pueblo a la cruel opresión de Babilonia, pero después entendió la voluntad de Dios y descansó en Él, nosotros aun en las peores condiciones terrenales viviremos en el gozo del Señor, sabiendo que los sufrimientos aquí son temporales, viviremos sostenidos por la fe, pues el justo por la fe vivirá.

La visión de Lutero de la Fe 

17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. Romanos 1:17

La carta a los romanos, y especialmente nuestro texto de estudio de hoy, impactó profundamente la mente y el corazón de Martín Lutero, quien era profundamente consciente de su pecado y quiso saber cómo encontrar el perdón. Él descubrió que ni la misa católico romana, ni ninguno de los rituales romanistas podía traer paz a su alma. Pero el Señor derramó su misericordia sobre él mientras estudiaba los Salmos y también luego cuando daba una conferencia sobre Romanos, Lutero se sorprendió cuando leyó de nuevo Romanos 1:17, que dice del evangelio:

“...en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe...” Romanos 1:17a

¡Esas palabras penetraron el corazón de Lutero! Pues el Espíritu Santo abrió su entendimiento… Mas tarde escribiría: “Odiaba la idea de la justicia de Dios”, pues le habían enseñado que “justicia” , en ese contexto de Romanos 1:17, era la justicia activa de Dios, es decir, “Dios es justo y castiga al pecador injusto”. ¡Eso atormentó su alma! Si ese era el carácter de Dios, entonces no tenía salvación.

¿Entienden la angustia de Lutero? Él conocía muy bien la justicia de Dios hacia los pecadores, por eso Lutero vivía en un opresivo temor que lo afligía todo el tiempo, pues todavía no había entendido la justificación por la fe sola.

Sigamos leyendo a Lutero, él decía: “Aunque viví como monje sin reproche, sentí que era un pecador ante Dios con una conciencia extremadamente perturbada. No podía creer que [la ira de] Dios se apaciguara si yo estuviera con mi conciencia tranquila [enojarme menos con cualquier cosa que Él pudiera hacer]. Yo no lo amaba, es cierto, más bien odiaba a ese Dios justo que castiga a los pecadores”.

Pero luego, por su gracia soberana, Dios abrió el entendimiento de esa Escritura a Lutero. Por fin, dice, “por la misericordia de Dios, meditando día y noche, presté atención al contexto de las palabras, a saber, en él se revela la justicia de Dios, 

“...como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.  Romanos 1:17b

Allí comencé a comprender que la justicia de Dios es aquello por lo cual el justo vive por un don de Dios, es decir, por la fe. Y este es el significado: la justicia de Dios es revelada por el evangelio, es decir, la justicia pasiva con la que el Dios misericordioso nos justifica por la fe, como está escrito: el justo por la fe vivirá”.

Lutero dijo entonces, “Aquí sentí que había nacido de nuevo y que había entrado en el paraíso mismo por las puertas abiertas”. De modo que pudo entender que el evangelio es poder de Dios para salvación… (Ro. 1:16). Esa es la fe, la fe que le reveló el significado de las Escrituras, por la cual fue puesto en un estado justificado, pues en el evangelio se revela la justicia de Dios, en Cristo Jesús.

Pero atención que además de servir como la luz para conocer la Verdad de la salvación, la fe también fue la luz que lo guió el resto de su vida, aun en los más peligrosos momentos de la persecución papista, Lutero continuó viviendo en la fe que lo injertó en Cristo, esa fe que se aferra a la virtud de Cristo: ambos estados de la fe se explican en las siguientes palabras, El justo por la fe vivirá.

¡Este fue el versículo que cambió la vida y la teología de Martín Lutero! Pero eso fue sólo el principio pues la meta de la justificación es la santificación, ser como Cristo, o tener el carácter justo de Dios (ver Ro. 8:28–29; Ef. 1:4; 2:10; Gá. 4:19). La justicia no es solo un pronunciamiento legal, sino un llamado a una vida santa; la imagen de Dios en la humanidad debe ser restaurada de manera que, por fe, vivamos según su Palabra. (ver 2 Co 5:21), Pues un fiel mayordomo debe reflejar el carácter de Dios en su propia vida.

Es así como Lutero quien era un profesor en la Universidad de Wittenberg, Alemania, entendía racionalmente la teología que enseñaba, pero tenía muchas dudas de como aplicarla en su angustiosa vida, con una conciencia permanentemente acosada por el pecado, pero el Espíritu Santo, usando el contacto diario con las Escrituras y la oración ferviente, iluminó su camino, hasta convertir ese conocimiento racional, en una fe sólida, creciente, continua y perseverante, una fe que avanza y gana terreno en la incredulidad, trayendo paz a su agobiada alma. Pues la fe siempre actúa, siempre obra, pues una fe sin obras es muerta (Stg. 2:20).

Algo así pasó con Pablo en su tiempo, pues era profundo conocedor de las Escrituras y como él mismo se presenta: “Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros” (Hch 22:3), pero aun con todo ese aprendizaje la fe en nuestro Salvador no lo había iluminado, sólo hasta cuando el Señor lo encontró camino a Damasco y tuvo un encuentro directo con él, Pablo pudo poner en orden todo su conocimiento y la fe lo llevó a entender que había hablado personalmente con el Mesías que los judios estaban esperando.

La fe fue la llave que abrió su mente y su corazón, para que todo su conocimiento teológico fuera ordenado de tal manera que todo el Antiguo Testamento se alineó para mostrarle a Cristo, y de ahí en adelante caminó por fe, no por vista. Esto lo llevó de ser un estricto fariseo que quería aplicar la ley que había aprendido, a ser un cristiano amoroso que quería llevar las Buenas Nuevas de salvación a todo el mundo, en resumen pasó de vivir una vida según las obras de la ley a vivir una vida de fe, en este caso predicando la fe en Cristo que había recibido, pues el justo por la fe vivirá, y eso es exactamente lo que un fiel mayordomo debe hacer.

Ahora podemos entender porqué Pablo, al hablar del evangelio en la carta a los romanos, y para mostrar que no se trata de una doctrina nueva y advenediza, cita esa famosa escritura del Antiguo Testamento: El justo por su fe vivirá (Hab. 2:4), pues él mismo podía dar fe de que era cierta. Él, que antes vivió por la ley, ahora justificado por la fe vivía por ella una vida plena de gracia y de gloria, aunque a los ojos de muchos era un pobre predicador itinerante, expuesto todo el tiempo al peligro.

Con la iluminación del Espíritu Santo, Lutero entendió en la práctica lo que Pablo explicaba en la carta a los Romanos y lo que empezó como una abstracta pregunta teológica, lo llevó a una rica experiencia de vida espiritual al lado de su Señor y Salvador: ¡Lutero quería experimentar la paz con Dios en su alma atribulada y culpable! …Y el Señor contestó sus suplicas, y no sólo eso, por medio de su honesta reflexión en las Escrituras, Dios impulsó una fenomenal Reforma a su iglesia, usando a un humilde monje alemán del siglo 16. 

Gálatas 3:11-12 

 “11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; ”. Gálatas 3:11

Aquí de nuevo Pablo nos muestra que son justos sólo aquellos que verdaderamente viven por fe, que son librados de la muerte eterna y de la ira de Dios, y restaurados a un estado de vida en el favor de Dios; y que sólo por medio de la fe las personas pueden ser justificadas, y como tales obtienen vida y gozo, son aceptadas por Dios, y capacitadas para vivir para Él en esta tierra, y que además tienen derecho a una vida eterna disfrutando de Cristo en el más allá.

Igual que en Romanos, Pablo trae el texto del Antiguo Testamento con el cual argumenta que la justificación por la fe no es una doctrina nueva, sino algo que fue establecido y enseñado por Dios mucho antes de los tiempos del evangelio, pues esta es la única manera en que los pecadores fueron, son y serán justificados.

Hebreos 10: 35-39 

35 No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; 36 porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

 

37 Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. 38 Mas el justo vivirá por feY si retrocediere, no agradará a mi alma. 39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.

Hebreos 10: 35-39

El autor de la carta a los Hebreos también hace uso del texto de Habacuc, e igual que Habacuc los insta a esperar, en el caso de Hebreos es una invitación a perseverar con paciencia, a no perder la fe. Les recuerda a los hebreos que haciendo la voluntad de Dios con paciencia obtendrán la promesa.

Esa promesa, aunque su cumplimiento es futuro, también trae paz y gozo en el presente, pues la presencia de Dios está con sus hijos. Sin embargo esta es una prueba de paciencia para perseverar con paz y gozo en esta tierra hasta cuando el Señor nos llame. Y al final de nuestros días, cuando estemos en una edad en la cual no podamos aportar mucho trabajo físico para el avance del reino, ese es el momento cuando más debemos ejercitar la paciencia para esperar en paz y gozo el llamado del Señor, en ese momento de debilidad física debemos recordar que esta tierra no es nuestra patria, y que nos espera nuestra patria celestial, este es un buen momento para orar mas y estar más íntimamente con el Señor.

“Mas el justo vivirá por fe, (He. 10:38) en el comentario de Matthew Henry encontramos: “El carácter honorable de los justos es que en tiempos de la mayor aflicción pueden vivir por fe; pueden vivir sobre la segura convicción que tienen de la verdad de las promesas de Dios. La fe les da vida y vigor. Pueden confiar en Dios, vivir de Él y esperar su tiempo; y, como su fe mantiene su vida espiritual ahora, será coronada con vida eterna en el más allá”.

39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”. Hebreos 10:39

Un fiel mayordomo no es de los que retroceden, pues hemos sido sostenidos por la gracia de Dios, quien fortalece nuestra fe y nos asegura que nunca seremos abandonados por el Señor, sino que Dios nos guardará por su gran poder mediante la fe para salvación, pues el Señor nos ha dado fe para preservación del alma.

Matthew Henry comenta así este versículo: Aquellos que han sido mantenidos fieles en grandes pruebas durante el tiempo pasado tienen razón para esperar que la misma gracia será suficiente para ayudarlos a vivir todavía por fe, hasta que reciban el fin de su fe y paciencia, es decir, la salvación de sus almas. Si vivimos por fe y morimos en fe, nuestras almas estarán seguras para siempre.

Llamado a seguir a Cristo

Estas palabras son para quienes hoy no confían en Cristo como su único y suficiente Salvador, incluso para aquellos que habiendo confesado su fe no se sienten seguros en Cristo.

Algunos en su mente ponen una serie de condiciones para creer en Cristo como Salvador, por ejemplo: Yo seguiría a Cristo “si los cristianos dieran mejor testimonio”, o “si la iglesia hiciera más obras de caridad”, o “si yo sintiera ese llamado en mi corazón”, amigo ese camino es absolutamente equivocado, pues no estás creyendo en Cristo, sino en ti mismo, en lo que tú piensas, en lo que tú quieres y no en Cristo.

La realidad es que estás confiando en tus sentimientos y tu seguridad se basa en obras, y eso es exactamente lo contrario a confiar en Cristo, estas viviendo por obras, no por fe. La fe viene con el arrepentimiento, es saber que eres culpable y que mereces sufrir el castigo de la ira de Dios y que no tienes ninguna forma de evitarlo, ninguna fuera de Cristo… La fe es ir arrepentido, contrito y humillado delante del Señor y rogar por tu pobre alma, la fe es creer en la sangre de Cristo que te limpia de todo pecado por horrible que sea, y aunque sabes que tu destino podría ser el infierno, la fe vence ese profundo temor pues crees que Cristo “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.” Hebreos 7:25.

Aun cuando el pecado te domina y sientes el hacha de la condenación en tu cuello, aun en ese oscuro momento puedes confiar en Cristo, esa es la fe, saber que tú no vales nada, pero Cristo lo vale todo. Si estás amargamente arrepentido, este puede ser el inicio del camino para que tu fe sea como la de aquellos que cerraron bocas de leones, pues por la fe el pobre pecador, a pesar de todos sus terribles pecados, se atreve a clamar por su alma y a confiar en la sangre y justicia de Jesucristo.

Clama a Cristo por tu alma, y entonces serás salvo, pues el objeto de la fe es Cristo, Él es el sustituto de los pecadores, quien paga por los pecados. Es Dios en Cristo, pero nunca Dios aparte de Cristo, no es la obra del Espíritu, sino solo la obra de Jesús la que debe ser considerada por ti como el fundamento de tu esperanza.

Aplicaciones

Todo esto nos lleva a entender que un fiel mayordomo es “peregrino y extranjero sobre esta tierra” (He. 11:13), es un santo que va caminando torpe y lentamente hacia su patria, que es el cielo.

Por la fe que lo sustenta, él no se avergüenza de reconocer su condición, pues sabe que es un siervo de Dios, por eso trata de involucrarse lo menos posible con el mundo, pues espera poco de él, más bien se esfuerza por despojarse de todo peso que le estorbe para seguir su camino, y por mantenerse en santa compañía y siguiendo el paso de sus compañeros de viaje, enfrentando las pruebas y dificultades y anhelando llegar a casa.

Por la fe, un fiel mayordomo sabe que es ciudadano del cielo, pues allí está su nacimiento espiritual, allí están sus mejores relaciones fraternales y allí está su herencia eterna. Su objetivo es su patria celestial, su conversación gira en torno a ella, se esfuerza diligentemente por asegurarse el derecho a ella, para que su conducta y temperamento se adapten a ella, para llegar a disfrutarla en el momento que Dios disponga.

Igual que Abraham, el padre de la fe, no tiene ningún interés en regresar al antiguo país del cual salió (He. 11:15), no anhela nada de él, ni se arrepiente por haberlo dejado, un fiel mayordomo es un hombre de fe, salvado por gracia, y por lo tanto no desea volver a ese estado pecaminoso, pues ahora conoce y disfruta cosas mejores.

Por la fe, un fiel mayordomo considera los vituperios de Cristo como su mayor riqueza, igual que Moisés, que los prefirió sobre los tesoros de Egipto; “porque tenía la mirada puesta en el galardón” (He. 11:26). Pero atención hermanos, pues aquel que no mira hacia la pecaminosa condición que dejó atrás, como la mujer de Lot, y que desprecia los tesoros materiales, debe esperar retaliación, burla e incluso la ira de los impíos, pero no debe temerla porque, si Dios es por nosotros, ¿quien contra nosotros? (Ro. 8:31). Esa es la manera como la fe nos ayudará a seguir el camino soportando hasta lo imposible.

Por la fe, un fiel mayordomo puede ver al Dios invisible, puede estar seguro de su existencia, de su providencia y de su presencia misericordiosa y poderosa entre su pueblo, y así, como viendo al invisible (He. 11:27), perseverará hasta el fin, sin importar lo que se presente en el camino, pues la gracia de la fe le ayudará a sobrepasar todos los peligros que encuentre camino al cielo.

La fe hace que un fiel mayordomo desee estar en permanente intimidad con su Señor, pero también en comunión con el pueblo de Dios, y estará dispuesto a servir en todo lo que sea posible para el avance de la iglesia local con humildad, pues la gracia de la fe ayuda a hacer grandes cosas, pero le impide al hombre piadoso tener altos y vanagloriosos pensamientos de si mismo, pues sabe que todo es obra del Señor.

Es por eso que un fiel mayordomo nunca se enorgullece de sus propios logros, y nunca se considera mejor que sus compañeros, y es posible que lo superen por mucho en dones y gracias, en poder y autoridad, pues esto lo haría altivo e insolente.

Aunque compararnos con aquellos que nos superan, es un buen método para mantenernos humildes; sin embargo, un fiel mayordomo debe estar contento y agradecido por los dones que el Señor le ha dado, pero nunca enorgullecerse de ellos, como si no hubiera nadie que se pudiera comparar con él o que lo superara. Eso es lo que nos enseña Pablo en 2 Corintios 10:12-18, resolvamos nosotros, como fieles mayordomos, igualmente vivir en humildad.

En otras palabras, no nos preocupemos mucho por nosotros, por nuestra honra o buen nombre, sino mas bien por tener una conciencia dirigida por la palabra de Dios y que esté limpia delante de Él, y de los hombres, y de esa manera, por medio de la fe que nos capacita para dar siempre la honra y la gloria a Dios con cada uno de nuestros actos, demos un buen testimonio y esperemos con fe el cumplimiento de la promesa del Señor en Habacuc 2:14: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. Por fe hoy vemos como esa promesa se cumplirá y presenciaremos cuando llegue ese Santo Día del Señor.

Legado para mis hijos 

Los tiempos difíciles son una gran oportunidad de ejercitar la fe, de darles el ejemplo a los hijos de total confianza en Dios y obediencia a sus mandamientos, así como para enfatizar las promesas de Dios en esta área.

Cuando tengas problemas familiares, en unidad rueguen al Señor por la solución y confíen en que Él hará lo mejor, y cuando los niños deseen algo, motívalos para que se lo pidan a Dios, que todo lo sabe y conoce los anhelos de nuestro corazón, y no a ti como padre terrenal. Dirígelos para que anoten sus peticiones en un papel y las tengan siempre en cuenta en sus oraciones. Esto desarrollará su fe y su paciencia en la espera de la respuesta de Dios.

Aconséjales que cuando Dios conceda sus deseos, sean testimonio de fe con los suyos y le den la gloria a Dios.

Aprovecha cada oportunidad para recordarles que sus necesidades y deseos fueron cubiertos mediante la provisión de Dios y por la fe depositada en Él.

Oremos

Alaba, oh alma mía, al Señor, te alabaré Señor en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva.

Gracias Señor porque nos has enseñado a no confiar en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque en ellos no hay salvación.

Pues el hombre rápidamente vuelve a la tierra; y en ese mismo día mueren sus pensamientos y sus intenciones.

Nos has hecho bienaventurados, pues nos enseñaste que Tú eres nuestro ayudador, y que nuestra fe está sólo en Ti, nuestro Santo Dios, en Ti que hiciste los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.

Nuestra fe está en Ti que guardas la verdad para siempre, que haces justicia a los agraviados, que das pan a los hambrientos.

Gracias Señor porque das libertad a los cautivos; abres los ojos a los ciegos; levantas a los caídos; amas a los justos.

Por fe sabemos que Tú eres nuestro Dios que nos guardas, pues somos extranjeros en esta tierra; y también guardas al huérfano y a la viuda sostienes, mientras el camino de los impíos trastornas.

Alabado sea Dios quien reinará para siempre; Tu Dios, quien eres nuestro Rey y Señor de generación en generación.

Aleluya. Amén.

 

Oración inspirada en el Salmo 146. 

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