9. La doctrina del contentamiento — Parte 2
9. La doctrina del contentamiento — Parte 2
“11He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por
todo estoy enseñado, así para estar saciado
como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”.
Filipenses 4:11-12.
Después de la La Fe en Dios, la segunda característica de un mayordomo o administrador de las finanzas del reino de Dios aquí en esta tierra es el contentamiento. Esta es una virtud que va mucho más allá de simplemente sentirse feliz.
Oremos
Señor nuestro, venimos delante de Ti agradecidos por tu amor y tu bondad, sabiendo que nos has creado en amor y para amarnos eternamente. Nos has puesto en este mundo de pecado, pero nos has escogido y limpiado para que estemos eternamente a tu lado, disfrutando de tu amor, gracias Padre por tanta misericordia recibida de tus amorosas manos.
Gracias por revelarnos tantas cosas espirituales, que el hombre natural no puede entender, pues has puesto en nosotros tu Espíritu, para que sepamos y entendamos todo lo que nos has concedido.
Por eso te pedimos amado Señor, que nos ayudes a entender de que se trata el contentamiento, pero sobre todo, ayúdanos a ponerlo práctica en nuestra vida, pues el contentamiento es la más grande señal de agradecimiento que podemos mostrar por tu infinito amor incondicional, para con nosotros.
Todo esto te lo pedimos en el nombre de nuestro amado Salvador.
Amén
La doctrina contentamiento — Parte 2
Contentamiento, es una palabra muy común para nosotros y al parecer muy fácil de entender... sin embargo tiene una profunda aplicación espiritual.
El contentamiento es una virtud muy escasa aun en los creyentes, tan cierto es esto, que Jeremías Burroughs (1600 – 1664), un pastor puritano del siglo 17 escribió un libro titulado “La rara joya del contentamiento cristiano”, este autor nos dice que el contentamiento es un deber cristiano, que requiere el sometimiento de nuestro corazón a la voluntad de Dios… y eso no es tan fácil de hacer, sin embargo ese debe ser un objetivo muy claro para nosotros, pues no se entiende que exista un creyente que viva descontento sabiendo que por medio de la sangre de Jesús tiene asegurado el gozo eterno, y realmente no hay nada más importante en esta vida.
Recordemos 3 razones bíblicas, aprendidas en la
enseñanza pasada, para estar en contentamiento:
1. Por la salvación
solo por la gracia de Dios.
2. Porque en esta
tierra recibimos de Dios algo mucho mejor de lo que merecemos.
3. Porque es una
orden del Señor, escrita en su Palabra:
¡Regocijaos! (Fil. 4:4)
¿Qué es el contentamiento?
Pero ¿Que es el contentamiento? Es una virtud que nos lleva a una profunda y permanente satisfacción de nuestra mente y corazón, al aceptar en paz la santa voluntad de Dios, sin fruncir el ceño en desaprobación, ni agachar la cabeza en resignación; es recibir agradecidos y gozosos las misericordias que el Señor nos dispensa hoy, confiando en que el futuro estará lleno de bendiciones para sus hijos, pues está controlado por su amorosa sabiduría.
Como ven, no se trata de que el cristiano esté resignado con la porción de bienes terrenales que el Señor le ha entregado en este mundo, pues hay mucho más que eso… hermanos no estamos hablando de cosas materiales, sino de que existe la esperanza de vida eterna, con la cual el creyente vive en esta tierra, junto a su Señor, pues el justo por la fe vivirá.
En las enseñanzas pasadas estudiamos algunas conductas en contra de una fiel mayordomía bíblica, entre ellas hablamos de la ambición, la envidia, la avaricia, las deudas, la codicia, los juegos de azar, los vicios, entre otras… si lo piensan bien, se darán cuenta que todas estas conductas pecaminosas nacen de un corazón que no tiene contentamiento.
Y si ponemos atención a esta verdad bíblica, encontraremos una clave muy importante que nos ayudará a mortificar esos pecados, pues conociendo su origen, podemos tratar mejor con cada uno de ellos, de tal manera que ver estos pecados como lo contrario al contentamiento, o generados por la falta de contentamiento, nos ayuda a entender mejor la importancia de esta virtud que estamos estudiando hoy.
El contentamiento una disciplina[1] espiritual
“11He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”. Filipenses 4:11-12.
Atención hermanos, pues el texto nos dice que el contentamiento es una virtud que se debe aprender, eso dice Pablo “he aprendido” este es un verbo que en griego significa aprender, saber, estudiar, por eso entendemos que el contentamiento no es algo natural en el hombre, sino que debemos esforzarnos para aprenderlo… y hermanos, como es una orden del Señor, esta no es una elección, es una disciplina espiritual que debemos practicar.
Y luego leemos “estoy enseñado”, esta frase se traduce literalmente del griego como “he sido iniciado en el secreto” y la palabra que usa Pablo se deriva de un termino que en griego significa misterio[2] (μυστήριον).
Entonces podríamos decir que Pablo había sido iniciado para vivir en el secreto de estar siempre en contentamiento, ya fuera en abundancia o en escasez, por ese entrenamiento podía vivir en contentamiento cualquiera que fuera la situación.
¿Pero cual era ese secreto? La misma carta a los Filipenses nos da algunas pistas, leamos del capítulo 4, los versos del 4 al 7.
“4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! 5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4:4-7
Pablo había sido iniciado en una disciplina espiritual que le daba esa paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento… eso, en otras palabras es contentamiento, ¿y como conseguimos esa paz? En los versos del 4 al 7 encontramos algunas claves: Lo primero es teniendo gozo en el Señor, pues cuando lo conocemos como un Dios que abunda en amor para sus hijos, nuestra respuesta natural es Regocijarnos en el Señor siempre (v. 4). A partir de ahí el apóstol nos da otros consejos para obtener esa paz que sobrepasa todo entendimiento: siendo gentiles, es decir amables, con todos los hombres (v. 5), Dejando los afanes de este mundo (v. 6), orando al Señor por nuestras necesidades (v. 6), dando gracias a Dios sabiendo que siempre hace lo mejor para nosotros (v. 6). Esto nos llevará a esa paz que sobrepasa todo entendimiento (v. 7), y el resultado será que esa paz, ese contentamiento, guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.
Esta frase final es muy importante, pues es la garantía de que viviendo como lo aconseja la Palabra, nuestro corazón será guardado por esa misma paz. Y esto genera un círculo virtuoso, a medida que nuestro carácter se afirma más en esas conductas, entonces nuestro contentamiento será más sólido, y con un contentamiento más sólido, nuestra conducta mostrará en mayor abundancia esas características que vienen del contentamiento y nos mantienen en contentamiento.
Ese es parte del secreto en el cual había sido iniciado Pablo, y digo parte pues si continuamos con la lectura de los versos 8 y 9 encontraremos otras preciosas instrucciones para el contentamiento.
Recordemos que esta es una disciplina espiritual y por lo tanto es un misterio para los impíos. Leamos de nuevo el verso 12 y concentremos nuestra atención en la frase “estoy enseñado”, como les dije antes, Pablo usa una palabra en griego derivada del termino misterio, esto nos trae una luz acerca de porqué los impíos no lo pueden entender… ellos no pueden profundizar en los misterios del Señor, la vida para la mayoría de ellos es superficial, por eso la felicidad, no el gozo, está en cosas que les traen una alegría momentánea, ya sean cosas materiales o no, y esa alegría, por más grande que sea, se queda aquí en esta tierra.
Pero nosotros, como dice Pablo, debemos lograr la
sabiduría de los que han alcanzado la madurez (1 Co. 2:6), pero no la
sabiduría de este mundo, sino la sabiduría de Dios, esa que para los impíos es
un misterio.
“12 Y
nosotros no hemos recibido el espíritu del
mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos
ha concedido, 13 lo cual
también hablamos, no con palabras enseñadas por
sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”. 1 Corintios 2:12-16.
Nosotros somos los que Pablo llama espirituales (v. 15), pero no por ningún mérito nuestro, sino por la gracia del Señor, y eso nos ayuda mucho para avanzar en este camino.
Pero no cantemos victoria todavía, es cierto que tenemos una gran ventaja pues podemos ser iniciados en este misterio, pero esto apenas es el inicio, es decir el comienzo… para los creyentes no es una tarea fácil, realmente es un gran trabajo el que tenemos que hacer para lograr el contentamiento, pues somos ciegos al gran amor de Dios que derrama su bondad sobre nosotros, pues siempre pesan más sobre nuestro ánimo, o mejor diría desánimo, aquellas cosas que están decretadas en la voluntad de Dios, pero que no son de nuestro agrado, o no están en nuestros planes, y aun sabiendo que esa es la santa voluntad del Señor nos afligimos, o aun peor nos amargamos la vida, por eso no podemos disfrutar de las maravillas del Señor, pues las lagrimas de nuestra rebelión no nos dejan ver la belleza de su misericordia... y esa, hermanos, es una actitud pecaminosa.
Volviendo a Jeremías Burroughs el define así el contentamiento: “El contentamiento cristiano es aquel estado del espíritu lleno de gracia, aquietado, interior y dulce que se somete libremente a Dios y se deleita en lo que Él dispone, paternal y sabiamente, en cada circunstancia”.
Y eso trae a mi mente una de las palabras más hermosas del idioma español, “aquiescencia”, con ella se expresa aceptación en amor, complacencia y unidad, no es como la resignación que es una aceptación forzosa, en ausencia de otras opciones. Entonces podemos decir que el contentamiento es la aquiescencia del corazón, un aceptamiento gozoso de la voluntad del Señor.
La definición del hermano Burroughs nos habla de un espíritu tranquilo, pues no es cuestión de tener un semblante controlado que no exprese la turbulencia del descontento interior, sino de un corazón aquietado, en paz, disfrutando la dulzura de su Señor, algo así nos trasmiten los salmos: “alma mía, en Dios solamente reposa” (Sal. 62:5); “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Sal. 46:10) … no se trata de ocultar la inconformidad, la irritación, y la aflicción que tratan de estallar en nuestro interior, pues Dios tiene un oído que escucha esas amargas quejas del alma... se trata de que no existan quejas en el alma. Es vivir contento con todo lo que Dios trae a nuestra vida, es vivir en contentamiento, es la aquiescencia del corazón.
Podríamos decir que en algo se parece a la mujer absolutamente enamorada, que acepta sin dudar todo lo que su amado dice, propone o hace. No importa lo que sea, no importa lo que pase, no importa si hay necesidad, enfermedad y hambre, mi gozo es estar contigo.
Eso es muy bonito, suena muy bien, pero no es tan fácil, necesita aprenderse, pues es una disciplina espiritual, y para eso necesitamos al Espíritu Santo, necesitamos orar y pedirle al Señor que nos ayude a doblegar nuestro rebelde corazón, pues el contentamiento depende del corazón, pues del corazón mana la vida.
Siete consejos para adquirir
contentamiento
1.
Guardando el corazón
sólo para el Señor.
Recuerda que tu corazón es sólo para Dios, recuerda que eres templo del Espíritu Santo, que habita en ti, por eso no es posible que en tu interior albergues aflicción, angustia, ira, rencor, ni ningún mal pensamiento que altere esa paz necesaria para disfrutar del Señor que habita en nosotros los creyentes, por eso esta disciplina espiritual del contentamiento es tan necesaria.
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”.
Mateo 5:8
Reserva todo tu corazón, ¡todo! Guárdalo limpio para el Señor, que en tu corazón no halla nada que estorbe tu intimidad con Cristo, de esa manera podrás disfrutar de Él en todo tiempo, por eso la tarea diaria es limpiarlo de cualquier sentimiento pecaminoso, que estorbe nuestra comunión.
2. Entendiendo que lo más importante es la salvación del alma. Para aprender a estar contentos cualquiera que sea nuestra situación (Fil. 4:11), debemos darle la mayor importancia a lo espiritual, lo material pasa a segundo plano, por eso Pablo dice “lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Fil. 3:8)
Quienes tenemos nuestra esperanza en Cristo podemos decir que tenemos la mente de Cristo (1 Co. 2:16), y eso nos capacita para saber que es lo más importante para el Señor, por eso podemos acomodar lo espiritual a lo espiritual (1 Co. 2:13).
Y de nuevo les digo: Lo más importante es lo espiritual, pues “lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (He. 11:3), lo espiritual es eterno, por eso lo más importante en nuestro paso por esta tierra es la eterna salvación del alma. Entregándonos esta verdad el Señor nos da aviso de nuestras responsabilidades aquí y nos prepara para la gloria y el gozo eterno en el mundo venidero.
“25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”. Mateo 16:25-26.
Nada es más importante que la salvación del alma, y por eso mismo ninguno de los males temporales de este mundo puede opacar en nosotros esa brillante luz del contentamiento sabiéndonos salvos por Cristo.
Podríamos parafrasear a Pablo así: No importa lo que pase en este mundo, así ocurran las peores catástrofes, yo siempre estaré contento porque Dios me ha escogido a mí, un terrible pecador que perseguía la Iglesia, para salvar mi alma y para gozar eternamente junto a Él.
3. Haciendo de la palabra de Dios nuestro alimento diario, eso fortalece tu espíritu y te ayuda a conocer mejor a Aquel que es tu sustento y la fuente de tu contentamiento, en la Palabra entenderás que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14:17
4. Permaneciendo en oración. La oración trae descanso en el Señor y contentamiento, pues cuando algo agobia nuestro espíritu, lo único que realmente puede darte alivio es presentarte delante del Señor en oración.
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”.
Filipenses 4:6
“No es que Dios necesite que le digamos nuestras necesidades o deseos; porque Él los conoce mejor de lo que nosotros podemos decírselos; pero los oirá por medio de nosotros, y de esa manera le mostraremos nuestro afecto y preocupación, y así expresaremos nuestro valor por la misericordia y nuestro sentido de dependencia de Él”. Comentario de Matthew Henry en Filipenses 4:6
5. Dando gracias al Señor por todo, por lo general un corazón agradecido es un corazón en contentamiento.
“.. sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Filipenses 4:6
Es importante agradecer al Señor en todo momento, pues Él trae para nosotros cada día nuevas misericordias. Reconocer agradecidamente a Dios por lo que nos provee, proporciona una disposición correcta de la mente, y es un motivo para más bendiciones.
6. Ocupando nuestra mente con buenos pensamientos. Esta es una exhortación a limpiar la mente de pensamientos pecaminosos, a sacar de ella la mentira, lo deshonesto y lo pernicioso, y eso nos lleva a tener un respeto por la verdad en nuestras palabras y compromisos, también a la decencia y a la honradez, es decir a la justicia y la rectitud en todas nuestras relaciones. Además nos invita a ser amables, a mantener un buen nombre de tal manera que seamos irreprensibles. Esto nos dará paz y contentamiento, por eso Pablo aconseja:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Filipenses 4:8
7. Permaneciendo unidos como iglesia. Ante todo debemos tener claro que los escogidos no somos unos individuos independientes, sino que somos hermanos en Cristo, que estamos unidos en Cristo y tenemos la misma herencia celestial, por eso entre nosotros debe haber un verdadero amor fraternal, así como Pablo lo expresa a los filipenses.
“… hermanos míos amados y deseados, gozo y corona
mía,
estad así firmes en el Señor, amados”. Filipenses 4:1
La verdadera iglesia del Señor es una fuente de contentamiento para los hermanos, por eso es muy raro ver que haya alguien que diga amar a Cristo, pero que no se congrega, pues estamos juntos para considerarnos…
“24 …unos a otros para
estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de
congregarnos, como algunos tienen por costumbre…” Hebreos 10:24-25
El hecho de congregarnos nos estimula al amor y a las buenas obras entre hermanos, de esta manera tenemos toda la posibilidad de ayudarnos unos a otros, pues habiendo entre nosotros diferencia de dones, gracias y logros, podemos recibir y dar ayuda en muchas áreas, a la vez que todos estamos siendo renovados por el mismo Espíritu y siendo llevados hacia la estatura de Cristo.
Vale la pena decir que cuando la Biblia dice “no dejando de congregarnos”, no se refiere a asistir a una iglesia cada domingo, se refiera a tener una fuerte unidad entre los hermanos, es conocer, amar y servir a los hermanos, pero es igual de importante dejarse amar y recibir la ayuda y el servicio que los hermanos nos prodigan… Esa una relación en dos direcciones.
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar
los hermanos juntos en armonía!” Salmos 133:1
Como habrán podido deducir esa estrecha relación fraternal no es posible que se dé con personas que no tienen una iglesia local fija en la cual congregarse, sino que lo hacen un domingo aquí, y el otro domingo en otro lugar, o peor aún, que siguen las predicas de alguna iglesia por internet, eso no es congregarse. Se podría excusar a aquellos que estén inhabilitados y eventualmente se conecten por internet, pero les digo de nuevo: eso no es congregarse.
En su “Apología contra los gentiles en defensa de los cristianos”, Tertuliano[3] (c. 160 – 220) nos relata cómo era la vida de los cristianos primitivos y en sus textos encontramos que los paganos, quienes no podían descifrar el misterio del amor de Cristo, solo atinaban a decir: “Mirad cómo se aman”, pues esa era una característica clave que los diferenciaba de los paganos. Esto nos muestra el amor de Cristo como la semilla que hace crecer y mantiene a la iglesia unida, aun con los defectos y debilidades de sus miembros.
Un solo motivo de contentamiento: Cristo
Todos estos puntos que hemos visto que nos ayudan a adquirir contentamiento confluyen en uno sólo:
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13
El contentamiento depende de nuestra total dependencia de Cristo, pues por Cristo somos restaurados a todo el gozo y honor perdidos por el pecado, de tal manera que con Él tenemos hoy cosas mejores, y en el futuro cosas mucho mejores, pues…
“… regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”.
Lucas 10:20
Ese es motivo suficiente para nuestro contentamiento, pase lo que pase nunca seremos borrados del libro de la vida, por eso, aunque nosotros debemos reconocer nuestra debilidad, eso no puede ser causa de aflicción pues nuestra fortaleza está en Cristo (Fil. 4:13).
Esa total dependencia de Cristo nos debe llevar a pensar como Pablo:
“9 Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad [dice el Señor]. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12:9-10
Hermanos, sólo en Cristo tenemos fortaleza, sólo en Cristo tenemos sabiduría, sólo en Cristo tenemos contentamiento… Sólo en Cristo tenemos salvación, pues Cristo es nuestro todo en todo.
Una pausa para un breve resumen y continuar
1. Un cristiano debe confiar en Dios todopoderoso y tener en alta estima su providencia, es decir, entender que todo viene de Dios, lo que parece bueno y lo que parece malo, pero debemos tener claro que a los creyentes todo nos ayuda para bien, según el propósito para el cual fuimos llamados (Ro. 8:28), esto era tan claro para Pablo, que le dijo a los Efesios:
“Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles”. Efesios 3:1
El no dijo prisionero del Imperio Romano, sino prisionero de Cristo, pues entendía con claridad que era la providencia del Señor, y esto fortalecía su contentamiento.
2. Un creyente debe saber que su contentamiento está en Cristo, pues no se trata de hacer un manual y seguir al pie de la letra lo que hemos aprendido en esta enseñanza, no es así, ese sería un evangelio de obras, nuestra tarea es buscar a Cristo, y por medio de Él estaremos en contentamiento y daremos frutos en esa área. Pues para un creyente toda su vida depende del poder Cristo.
3. Un creyente debe rendir su vida a Cristo, convertirse literalmente en su esclavo y entender y hacer su santa voluntad, que podamos decir: el vivir es Cristo y el morir es ganancia. (Fil. 1:21), de tal manera que podamos hacer lo que Dios quiere, no lo que nosotros queremos.
Enemigos del contentamiento
Para poder sostenernos en contentamiento es necesario conocer cuáles son los enemigos del contentamiento del corazón, estos son algunos a tener en cuenta:
1. La murmuración, es como un pequeño fuego que va creciendo en nuestro interior, y además de contaminarnos a nosotros, también contamina a nuestros hermanos.
“Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno”. Santiago 3:6
2. La angustia, esta nos lleva a la desconfianza, pues creemos que existe algo que no se puede solucionar… Hermanos, no podemos creer que Dios es soberano, pero llenarnos de angustia o ansiedad, cada vez que enfrentamos algo inesperado o que no podemos controlar, eso es una contradicción. Sabemos que la solución está en Cristo.
“En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios; Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos”. 2 Samuel 13:2
Sin embargo, es cierto, que debemos prestar atención a los problemas que se nos presentan en este mundo caído, pero tranquilamente solucionarlos.
3. Un espíritu turbulento, con multitud de pensamientos fugaces que se agolpan rápidamente unos sobre otros, que nos lleva a una agitación interior y perdemos la quietud y la serenidad.
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Filipenses 4:6
4. Las preocupaciones de la vida, un fiel mayordomo del Señor no puede permitir que las cosas temporales, es decir, el afán de este mundo y el engaño de las riquezas, le roben la comunión y la confianza con su Señor.
“El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” Mateo 13:22
Matthew Henry en su Comentario de Filipenses 4:6 dice:
“No te afanes por tu vida; es decir, evita el afán ansioso y el pensamiento que te distrae hacia las necesidades y dificultades de la vida. Observa que es deber e interés de los cristianos vivir sin preocupaciones. Hay un cuidado diligente que es nuestro deber, y consiste en una sabia previsión y una debida preocupación; pero hay un cuidado que refleja desconfianza y cobardía, ese es nuestro pecado e insensatez, y él cual sólo confunde y distrae la mente. No te afanes por nada, de modo que por tu preocupación desconfíes de Dios, y te incapacites para su servicio”.
5. El desánimo o desaliento, cuando estamos dando una larga lucha por lograr objetivos, pero nuestros esfuerzos no lograr alcanzar la meta deseada. Hermanos debemos tener nuestra esperanza puesta en Dios, depender de Dios y no debemos desfallecer sino perseverar, tanto en acción como en oración, hasta cuando sea cumpla el objetivo, o el Señor, en su providencia, nos indique lo contrario.
“Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león”. 2 Timoteo 4:17
6. La obstinación, se da cuando pensamos que algo debe ser exactamente como yo lo quiero, como yo lo tengo planeado, incluso cuando yo pienso que esa debería ser la voluntad de Dios, y así con terquedad insistimos en lograr una meta, que quien sabe si está en la voluntad del Señor, o no. En este caso debemos orar, meditar y pedir consejo, y escuchar la voz del rabino fariseo Gamaliel, y que por esa obstinación. “… no [seamos] tal vez hallados luchando contra Dios”. (Hechos 5:39).
7. El orgullo espiritual, este pecado muchas veces germina en quienes somos perfeccionistas, que tenemos unas metas tan altas, con nosotros mismos, con nuestros hermanos cercanos y con la iglesia, que es poco probable que se puedan alcanzar en este mundo caído.
No se trata de bajar el estándar de Dios, ni de darle ninguna ventaja al pecado, pues no debemos permitir el pecado por pequeño que parezca, y tampoco estoy diciendo que no debemos aspirar a la excelencia, a ser más santos y esperar que nuestros hermanos también lo sean, eso siempre se lo debemos pedir al Señor, y trabajar con ese objetivo.
Pero cuidémonos hermanos del pecado del orgullo espiritual, y entendamos que, por nuestro pecado, cada día acumulamos una gran deuda por la misericordia dispensada a nuestro favor, así que pidamos fervientemente al Señor que nos limpie de ese orgullo espiritual, que nos hace pensar que nuestros planes son mejores que los de Dios y que este mundo funcionaría mejor si nosotros estuviéramos al mando, pues eso es confiar en nuestra inteligencia, en nuestra fuerza es decir en nuestra carne.
“4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: 5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. 7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”.
Filipenses 3:4-7
Es evidente que Pablo antes de su encuentro con el Señor en el camino a Damasco, practicaba el pecado del orgullo espiritual.
8. La rebelión persistente contra Dios, esta es la más grave de todas. Esta muchas veces se inicia por una tristeza motivada por una aparente santidad, y se manifiesta en una aflicción permanente, incluso por motivos que parecen ser justificados, pero que al final lleva al creyente a dudar de la sabiduría y la soberanía de Dios.
Sino es tratada con la ayuda del Espíritu Santo, esa rebelión siempre crecerá, sobre todo al ver que este mundo cada día está más alejado del Señor, que hay más perversidad y que el impío triunfa en sus propósitos. El gran peligro es la apostasía, pero si el hermano no es los que retroceden para perdición, y aunque sea salvo, esto lo puede llevar cada vez más profundo en el pecado del descontento, lo que lo convierte en un miembro poco útil de la iglesia del Señor en la tierra.
“Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión”. Salmos 19:13
Estos son algunos de los enemigos del contentamiento, te invito a revisar tu vida a la luz de la Biblia, estoy seguro que podrás detectar muchas más amenazas pecaminosas que te pueden quitar el gozo del Señor.
Las consecuencias de la falta de contentamiento
Como dije antes, la falta de contentamiento inhabilita al creyente para servirle mejor al Señor y a su pueblo, además de eso también lo llevará a vivir una existencia de permanente zozobra, angustia e incluso lo llevará a dudar de su salvación, de esta manera no se sentirá capacitado para predicar las Buenas Nuevas de salvación, pues amargas dudas lo atormentarán, por eso un hermano que no tiene contentamiento será salvo, pero de muy poca ayuda para el avance del reino del Señor en la tierra.
De ahí la importancia de ejercitarse en esta disciplina espiritual, la cual además nos lleva a la seguridad de la salvación.
Si hacemos un breve recuento de la causa de la caída de algunos, podemos detectar que en todas ellas había falta de contentamiento, empezando por Satanás que no estaba contento con su alta posición en el Cielo. Adán y Eva no estaban contentos, pues podían comer de todos los árboles del huerto, menos de uno. Caín no estaba contento pues Abel había llevado una ofrenda más agradable a Dios. Esaú no estaba contento porque, por servir al dios del vientre, había vendido su derecho de primogenitura por un plato de lentejas. Judas no estaba contento pues codiciaba el dinero, o tal vez estaba decepcionado de Jesús, pues esperaba un Mesías que libertara a su pueblo de la opresión de Roma… y es igual en cualquier otra historia que revises de estos condenados, en ellos siempre encontrarás el pecado de la falta de contentamiento, por eso te pido en el nombre del Señor, que te ejercites en esta disciplina espiritual tan necesaria para el creyente.
Hermanos, en esta tierra tendremos aflicción, pero recordemos que vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo, nuestra ciudadanía es celestial, y aunque nos duelan muchas cosas que suceden aquí, es necesario que tengamos claro dos cosas: 1) En este mundo caído todos estamos sufriendo las consecuencias del pecado, con enfermedad, dolor, y eventos malignos de todo tipo que atacan nuestro cuerpo y afligen nuestra alma, y 2) Por pura gracia hemos recibido la misericordia del Señor, la cual nos salva de la consecuencia de nuestro pecado, por eso las pocas, o muchas, aflicciones que aquí suframos no son nada comparadas con lo que realmente merecemos.
Así que en este mundo tendremos aflicciones, dificultades, desengaños, enfermedad, y muerte, Pero eso no puede mermar nuestro contentamiento, pues nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. (He. 10:39). Es decir, nosotros, con la ayuda de Cristo, actuamos según nuestra fe, es por eso que nuestros hermanos, los mártires, que fueron torturados hasta morir, entregaron su vida en doloroso suplicio cantado himnos y salmos para la gloria del Señor, eso es tener contentamiento aun viendo la muerte cara a cara.
Un ejemplo de contentamiento
En 2 Samuel 12 encontramos la historia del pecado de David con Betsabe, como sabemos de esa unión nació un niño, el cual enfermó y estaba muy delicado, durante ese tiempo David estaba muy afligido, por eso ayunó y se humilló ante el Señor rogando por la vida del niño, pero al séptimo día el niño murió...
“20 Entonces David se levantó de la tierra, y se
lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró.
Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. 21 Y le dijeron sus siervos: ¿Qué
es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto
él, te levantaste y comiste pan. 22 Y
él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe
si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? 23 Mas
ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a
él, mas él no volverá a mí”.
2 Samuel 12:20-23
Hermanos, es natural que sintamos dolor y aflicción, eso no lo podemos negar, y mientras veamos una luz de esperanza podemos rogar al Señor por misericordia; pero aquel que permanece en una larga aflicción, habiéndose cumplido la voluntad de Dios, es alguien que pone en duda la sabiduría del Señor para hacer cumplir su decreto eterno sobre toda criatura, y como dijimos antes, si es un cristiano, ese creyente afligido será muy poco útil para la obra de Dios.
David entendió eso, y apenas murió el niño, se dispuso a seguir cumpliendo con sus labores y responsabilidades.
“y consoló David a Betsábe su mujer, y llegándose a ella durmió con ella; y ella le dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó Jehová”.
2 Samuel 12:24
Lo mismo podríamos aprender de Job, que sufrió todo tipo de males, y aun así su fe no decayó, su esperanza siempre estuvo puesta en Dios, y nunca se quejó... al final fue restaurado y su historia nos ayuda a nosotros a no retroceder para perdición, por eso insisto en decirles que estudien la palabra de Dios, pues es la gran ayuda que el Señor nos ha dejado en esta tierra, ahí encontramos la fuerza para seguir y la sabiduría para enfrentar tantos retos y pruebas.
Conclusión
Como decía Spurgeon: “Anhelo que todos llenen su mente de los pasajes de las Escrituras mientras están bien y fuertes para poder tener ayuda segura el día que la necesiten. Quiero que sean diligentes en estudiar su Biblia y en familiarizarse con su contenido para que el maravilloso Libro esté a su lado y hable con ustedes cuando fallan todos los amigos terrenales… Le digo a todo lector: Ármate de un conocimiento a fondo de la Palabra de Dios. Léela y que puedas decir: “Tengo esperanza porque así y así está escrito. No tengo temor porque así y así está escrito”. Feliz es el alma que puede decir con Job: “Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:12)”.
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. Hebreos 13:5
Por favor guarda estas palabras en tu corazón, recuérdalas siempre, pues vendrán tiempos de dificultades, aflicciones, separaciones y muertes, pero Él nunca te desamparará, ni te dejará y Él siempre cumple su Palabra, de tal manera que tu puedes vivir en contentamiento, aun atravesando el valle de sombra de muerte.
Así estés decepcionado de ti mismo, aun cuando los problemas te golpeen sin cesar y veas tu causa perdida, aun cuando seas separado de tus seres queridos y cuando la muerte se plante implacable delante de ti, tu sabrás que Dios no te desamparará, ni te dejará, pues Él es fiel.
Y podrás comprobar su verdad cuando sea el Día del Juicio, y tú estés dentro de la multitud de todos los que se levantaron de la tumba y te enteres que comienza una eternidad al lado de tu Señor, y confirmarás que Él es fiel a su Palabra y nunca te desamparará, ni te dejará, y así será por toda la eternidad.
Llamado a los perdidos
Pero si tú eres de los que piensan dejar el arrepentimiento para un minuto antes de tu muerte, y mientras tanto “disfrutar de los aparentes placeres de esta vida terrenal”, te digo que eres el peor de los necios, eres como el pez que ve una suculenta carnada y la muerde en su ignorancia, y en ese instante pierde su vida, pues no hay vuelta atrás…
Amigo realmente no tienes idea de lo que significa vivir en el contentamiento del Señor aun en este valle de lagrimas, no sabes que el gozo en el Señor es muchísimo más satisfactorio que cualquier placer pasajero en esta tierra, y además es eterno.
Eso sólo te lo puede explicar el Espíritu Santo, por favor te ruego que vayas a Él en oración y le pidas que te muestre esa llaga purulenta de pecado que tienes en tu alma, y que te consume sin que tú lo notes, pues tu conciencia está encallecida, anestesiada… pídele al Espíritu Santo que traiga a tu vida convicción de pecado, que puedas entender que el pecado es la causa de todos los males en esta tierra, y por supuesto de todos tus males también.
No pierdas más tiempo, corre a Cristo para salvación, arrepiéntete de tus pecados y ruega al Señor para que te salve y te una al grupo de los redimidos por su sangre y disfrutes del eterno contentamiento.
Legado para mis hijos
Relátales en tus palabras, el contexto en el que se encontraba el apóstol Pablo cuando escribió, especialmente, la carta a la Iglesia de Filipos… ¿Por qué Pablo estaba gozoso si vivía en un inmundo calabozo en Roma?, ¿cómo puede un hombre escribir estas líneas mientras estaba viviendo como prisionero en condiciones infrahumanas?, ¿cómo es posible que escriba: “4Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!... 6Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias…” (Filipenses 4:4 y 6).
Explícales a los niños que Pablo tenía los ojos puestos en Jesús y su Reino, porque su mayordomía de lo que Dios le entregó en esta tierra, producía tesoros en el cielo. Su carácter crecía en el trato de Dios en su vida y en las pruebas, y sus preocupaciones ahora eran superiores a su comodidad y trascendían este mundo.
Pablo oraba por el avance de la obra del Señor, por los hermanos en las distintas congregaciones, para que la fe de ellos no fallara, aun sabiendo que el Apóstol estaba en prisión, y por que el Señor les diera a los hermanos sabiduría para identificar el verdadero Evangelio y desechar el falso.
Por esto, sus epístolas están llenas de alegría, gozo y esperanza, a pesar de su situación porque sabía en quien había confiado (1 Timoteo 1:12). Siempre recuérdale a tus hijos el mayor ejemplo de contentamiento en el paso de nuestro Señor Jesucristo por la tierra, haciendo la voluntad del Padre, con un gozo inefable y una alegría permanente, de quien las Escrituras dicen:
“9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros”. Hebreos 1:9 [Salmos 45:7]
Oremos
Amado Padre tu eres nuestro amparo y fortaleza, eres la fuente del amor inagotable y del contentamiento, y te damos gracias por eso, pues sólo de tu mano pueden llegar.
¡Oh Señor! Tú eres nuestro pronto auxilio en las tribulaciones, por tanto, no tendremos temor, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. En ti confiaremos, y esa confianza nos trae contentamiento.
Dios de todas las misericordias, estás en tu santuario el cual nunca será conmovido, igual que la fortaleza de tu Palabra es inamovible, saber eso nos trae esa paz que sobrepasa todo entendimiento.
Y cuando bramen las naciones y cuando titubeen los reinos; Tú con tu voz, derretirás la tierra, pero nosotros tus hijos estaremos protegidos bajos tus alas en paz y contentamiento, pues Tú, Señor de los ejércitos estás con nosotros; Tú eres nuestro refugio.
Veremos las obras del Señor, quien traerá destrucción a esta tierra, aflicción y angustia a los impíos, pero nosotros estaremos en contentamiento pues en ese momento harás cesar las guerras hasta en los confines de la tierra.
Nosotros veremos un nuevo cielo y nueva tierra, y en nuestra paz nuestros corazones estarán en contentamiento, en paz a la espera, y veremos que Tú eres Dios; y serás exaltado entre las naciones; enaltecido serás en la tierra.
Tú Señor de los ejércitos estás con nosotros; Nuestro refugio eres Tú, Dios todopoderoso, Gracias Señor por asegurar nuestro futuro eterno a tu lado, y por ser nuestra única fuente de contentamiento.
Amén.
Oración basada en el salmo 46
[1] Disciplina — Doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral.
Especialmente en la milicia y en los estados eclesiásticos secular y regular, observancia de las leyes y ordenamientos de la profesión o instituto.
[2] μυστήριον Strong #3466 mustérion,
secreto o «misterio» (mediante la idea de silencio impuesto por iniciación en ritos
religioso)
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