9. La doctrina del contentamiento - Parte 1
9. La doctrina del contentamiento - Parte 1
“6Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; 7porque nada hemos traído a este mundo,y sin duda nada podremos sacar. 8Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”. 1 Timoteo 6:6-8
Después de la La Fe en Dios, la segunda característica de un mayordomo de las finanzas del reino de Dios aquí en esta tierra es el contentamiento. Una definición simple de lo que contentamiento significa: es aquel que vive satisfecho, gozoso o contento[1] con lo que tiene, pero es mucho más que eso.
La gracia de la salvación y la justificación debe llevarnos a estar siempre gozosos, en contentamiento. No usamos la palabra“feliz", pues la felicidad está más relacionada con las circunstancias, es decir con lo que sucede a nuestro alrededor; hay cosas que nos hacen felices, pero una vez pasan, la felicidad se va con ellas, pero el gozo es un fruto del Espíritu.
“22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Gálatas 5:22-23
El gozo, no es eventual, es permanente. Como dato curioso, la palabra felicidad sólo se encuentra 1 vez en la Biblia RVR1960, mientras que la palabra gozo se encuentra unas 146 veces.
De manera que el propósito de Dios no es que seamos felices en esta tierra, como lo declara el pensamiento posmoderno: “lo importante es que seas feliz” sino, como dijo el Predicador: “13El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13) y que Dios nos ayude a encontrar el gozo y el contentamiento en esto.
No es requisito estar en contentamiento para ser salvos, más bien estamos contentos con lo que Dios nos ha dado y ese contentamiento es una evidencia de que hemos sido salvados, pero necesitamos la gracia constante de nuestro Dios para perseverar en este estado de gozo y entender lo que esto significa, para que la gracia de la salvación y la justificación nos lleve a estar contentos con lo que tenemos.
La doctrina contentamiento - Parte 1
Las Escrituras establecen que una de las características principales del creyente es que está contento, alegre, gozoso, que es bienaventurado por tres razones fundamentales:
1) Por la salvación en Cristo por la sola Gracia; no por nada bueno que hubiera en nosotros:
“Quien
nos salvó y llamó con
llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según
el propósito suyo y la
gracia que nos fue dada en Cristo Jesús
antes de los tiempos de los siglos”.
2 Timoteo 1:9.
2) porque nos da en esta tierra algo mucho mejor de lo que merecemos:
“10No
ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado
conforme a nuestros pecados.11 Porque como la altura de los
cielos sobre la tierra, engrandeció su
misericordia sobre los que le temen”. Salmos 103:10-11
y
3) porque nuestro Dios nos lo manda:
“4Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Filipenses 4:4
“10... porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza” Nehemías 8:10
y:
“7porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”. 1 Timoteo 6:7-8
Lo anterior es muy importante porque la verdadera perspectiva bíblica acerca de la mayordomía o manejo de las finanzas en esta tierra es la doctrina del contentamiento, diferente a la doctrina de la pobreza cuya resignación lleva a la inactividad que trae más pobreza, o la doctrina de la prosperidad que lleva a la avaricia e interés exagerado en busca de la abundancia de cosas materiales.
Equilibrio en el plan de dios
Dios no condena el deseo de mejorar nuestra situación material, ni condena el derecho a la propiedad privada (Hechos 5:4); pero la Biblia no pone ningún valor sobre lo material como medida de fe o espiritualidad. De hecho, Cristo mismo dejó bien claro que lo material no determina lo espiritual y viceversa.
“15Y
les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no
consiste en la abundancia de los bienes que posee”.
Lucas 12:15
Por el contrario, el Señor nos insta a vivir en contentamiento con lo que Él nos da (1 Timoteo 6:7-8).
“5Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; 6de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. Hebreos 13:5-6
J.C. Ryle (1816-1900) escribió: “Uno de los grandes secretos de la bienaventuranza en esta vida es tener un espíritu paciente y contento con lo que posee” (Ryle, 2012, 357).
Podríamos decir que tener un espíritu paciente y contento, es tener el alma en equilibrio, entendiendo que en la balanza de nuestra existencia lo que más pesa son los objetivos espirituales, sin dejar de proveer para las necesidades físicas, haciendo todo lo que esté en nuestras manos para suplir responsablemente todas las necesidades, pero con la plena certeza que el Señor es nuestro proveedor, y que el equilibrio en el plan de Dios, está claramente definido en las Escrituras:
“14sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, 15como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos”. 2 Corintios 8:14-15
Es decir, no hay de que preocuparse, Dios tiene todo bajo control, entender el amor de Dios como nuestro Dios proveedor (Jehová Jireh) nos trae paz y contentamiento. En este caso Pablo ilustra su punto con el ejemplo de la recolección del maná en el desierto (Ex. 16:1-36), habían algunos que tenían mayor capacidad para recoger más alimento del que necesitaban, y otros, como los ancianos y los niños, que tenían limitaciones para recoger su sustento, esto propiciaba la generosidad y la caridad, de tal manera que los que habían recogido poco o nada, recibían de manos de su prójimo, lo necesario, y eso les producía contentamiento pues recibían de parte de Dios, por otro lado los que eran generosos al dar también tenían contentamiento, pues es mejor dar que recibir, pero todos daban gracias al Señor al ver la misericordia sobre su pueblo, trayendo sustento y equilibrio entre ellos.
El contentamiento del apóstol Pablo
Además la Palabra nos lleva a un equilibrio en la forma de pensar con respecto la abundancia o la escasez, Pablo dijo que estaba en contentamiento tanto en la abundancia como en la escasez, pues el Espíritu Santo lo había llevado a un punto de equilibrio respecto a las dos equivocadas posturas: los que alaban la pobreza como signo erróneo de humildad vs. los que defienden la prosperidad, pues creen que lo merecen todo por ser “hijos del Rey”. Y a pesar de terminar sus días en la cárcel a causa de Cristo, es considerado un hombre próspero, pues tuvo siempre lo necesario para cumplir el propósito de Dios en su vida y así lo hizo.
“11No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4:11-13
Recordemos que Pablo escribió esta carta a la iglesia de Filipos estando en prisión en Roma, y si alguno de ustedes ha ido a una cárcel sabe que los reclusos viven en condiciones infrahumanas, en hacinamiento, con mala y escasa comida, bajo un régimen de terror instaurado por los mismos reclusos, entre otras cosas... Pero además de esto, que ya es bastante malo de por sí, la prisión en Roma, en la época de Pablo, en este caso la Cárcel Mamertina, en su mayor parte estaba bajo suelo, tenía algunas zonas que eran verdaderas cloacas pues las celdas eran habilitadas en lugares donde se recogían las aguas sucias de la ciudad para evacuarlas a la cloaca máxima, pero además de eso, los presos no recibían alimentación, sino que esta debía ser proporcionada por la familia o amigos... si nadie le llevaba comida, el recluso estaba condenado a morir de hambre. El historiador Salustio[2] describe la cárcel Mamertina así:
“Contiene una sala inferior, llamada Tullianum[3], que se hunde a doce pies bajo tierra. Está cerrada por muros espesos y cubierta de una bóveda de piedra. Es un calabozo sucio, oscuro, infecto, cuyo aspecto era algo espantoso y horrible”.
Es muy probable que allí estuviera Pablo recluido, por eso los hermanos de Filipos estaban preocupados por él, y le enviaron al hermano Epafrodito con algunas provisiones, y con la misión de atenderlo en la prisión. Y Pablo, en esas condiciones tan deplorables, derrochaba gozo y contentamiento en sus cartas, pues él sabía en quien había creído y tenía sus ojos puestos en Jesús, no en la inmundicia de la cloaca en la cual estaba.
A pesar de que a ojos humanos Pablo estaba en un estado lamentable, su corazón reposaba seguro en Cristo, quien le había enseñado a vivir en la abundancia y también en la escasez... Recordemos que Pablo era un judío de clase alta, eso lo podemos confirmar porque era ciudadano romano y porque fue instruido por el rabino Gamaliel, así que Pablo no rechazaba la prosperidad cuando venía de Dios, por temor a la idolatría, pues eso lo llevaría a ser desagradecido con Dios.
Pobreza — Contentamiento — Prosperidad
Y
en cuanto a nosotros, de ninguna manera debemos buscar la prosperidad sin temor
a la idolatría, pues tendríamos en poca
estima al Dios que nos da la habilidad de crear riqueza, es decir, nunca
debemos poner las riquezas como nuestra meta y nuestro sustento, pues es poner
las riquezas en lugar de Dios y eso es idolatría.
“18 Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza”. Deuteronomio 8:18
“22 La bendición del Señor trae riquezas”. Proverbios 10:22
Y como dice Voddie Bauchman en su libro Patrimonio espiritual, “… Israel hubiera estado igual de equivocado al rechazar el regalo de Dios de la Tierra prometida, como lo hubiera estado al adorar el regalo más que al Dador…”
Creo que ya habrán notado que en la vida práctica del creyente nos encontramos con la dificultad de mantener el equilibrio, que no nos inclinemos, ni izquierda, ni a derecha, eso nos crea una tensión. Entonces ¿Como podemos superar esa tensión entre la doctrina de la pobreza y la doctrina de la prosperidad? … Entendiendo y viviendo la doctrina del contentamiento.
Bien haríamos en imitar a los puritanos, que aunque eran opuestos al lujo y a las extravagancias, de ninguna manera renunciaron a los bienes materiales para dedicarse exclusivamente una vida espiritual (ascetismo)”. Más bien, “el genio de los puritanos consistió en tener una vista bien aguda para los asuntos relacionados con el dinero... [pues] el criterio ético de los puritanos no estaba reglamentado por la cantidad de dinero que una persona pudiera obtener, sino por la cantidad de dinero que un hombre gastaba en él mismo. El ideal que los puritanos procuraron vivir fue conocido como la moderación o temperancia, catalogado por algunos como una especie de “regla de oro”... [y] tuvieron razón al basarse en la “ética de la gracia”, pues sus escritos están llenos de la idea de que la prosperidad [económica] es solamente un don de Dios, hecho por el cual nadie debería gloriarse ni recibir la alabanza del mundo, ni siquiera entre los hermanos de la Iglesia” (Cely Q., 2012, 147, 143 y 156).
Tal vez entender esta doctrina bíblica del contentamiento en la Gracia de Dios, nos permita elevar la misma oración del puritano Samuel Hieron[4] (1572 - 1617):
“Oh,
no dejes que mis ojos sean deslumbrados, ni que mi corazón
sea hechizado con la gloria y la dulzura de los placeres terrenales...
Dirige mi afecto al amor de aquellas perdurables riquezas y a aquel fruto de la sabiduría celestial, la cual es mejor que el oro y que todos los beneficios que puede prodigar la plata. Te pido que mi principal cuidado sea tener un alma enriquecida y alimentada con tu gracia”[5] (Cely Q., 2012, 154).
Dios no ha prometido en su Palabra que nos hará ricos a todos, ni tampoco que tenemos que ser pobres para ser salvos, sino que nos dará conforme a su propósito para que cada uno pueda llevarlo a cabo.
Nuestra mente y todo nuestro ser deben estar enfocados en Dios y su propósito para cada uno con el fin de vivir una mayordomía bíblica. Si aceptamos “la verdad que expresa la palabra de Dios de que tan sólo somos administradores [mayordomos] de sus recursos, la tarea de determinar cuánto nos basta es mucho más simple. Como Dios es dueño de todo y todo se recicla de generación en generación, es cuestión de determinar cuánto necesitamos esforzarnos para llevar a cabo la obra que Dios nos ha asignado durante nuestra vida” (Burkett, 1996, 52).
El
siguiente cuadro nos da una idea clara de estas posturas.
Contentamiento es estar confiados
del amor y el cuidado de Dios
Podemos estar confiados en el amor de Dios para cubrir nuestras necesidades; en su buen plan para nuestra vida y en su provisión y prosperidad para llevarlo a cabo, y no en la gratificación o indulgencia personal y temporal inducida por el materialismo de este mundo.
Sólo hasta que ese conocimiento a través del Espíritu Santo y mediante la práctica real y vívida, se aloje en nuestro corazón, lograremos entender y hacer realidad ese conocimiento en nuestras vidas, como lo expresa el versículo insignia de Tesoros en el cielo. Mayordomía bíblica:
“33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33
Esto es todo lo que debemos pensar cuando nos hablan de prosperidad: ¡Todo proviene de Dios para cumplir su propósito de llevarnos a su Reino!
“27...
No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo”.
Juan 3:27
“17Toda
buena dádiva y todo don
perfecto descienden de lo alto,
del Padre de las luces”. Santiago 1:17
Aunque algunos exponentes de la doctrina de la prosperidad dicen que la teología reformada aprueba la doctrina de la pobreza por su confianza en la Soberanía de Dios, la doctrina del contentamiento es claramente la postura bíblica.
El
libro de Eclesiastés,
es pródigo
en ejemplos sobre el contentamiento y, aunque Salomón, su autor, usó un
lenguaje fatalista[6]
muy común
entre las culturas orientales paganas de la época, para
exponer las vanidades de la vida bajo el sol y su intrascendencia, al final del
libro, él
establece el equilibrio: “El
fin de todo el discurso oído
es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del
hombre”. (Eclesiastés 12:13).
Equilibrio que sólo ofrece el cristianismo
porque, lejos de ser una cosmovisión determinista[7],
y de sombrío
fatalismo, ofrece una esperanza, un sentido y un propósito que
ninguna religión puede ofrecer cuando
entendemos la intrínseca relación entre la
Soberanía
de Dios y la Responsabilidad del hombre.
Más bien, al entender esto, el contentamiento se convierte en una protección contra casi toda clase de pecado. Contra Dios, pues no tenemos quejas, ni reproches contra Él, y tampoco contra el prójimo, pues si estamos en contentamiento con lo que Dios nos ha dado, con nuestra porción, podremos aceptar y honrar los padres que Dios nos dio, no desearemos acabar con la vida de otro, no cometeremos adulterio, no robaremos, ni codiciaremos cosa alguna…
Pero, cuando tenemos una perspectiva errada de las finanzas y la mayordomía bíblica, persistimos en conductas que la Palabra tilda claramente como pecaminosas delante de Dios porque ¿qué es lo que causa tentación, lazo, codicias necias y dañosas, ruina, perdición, extravío de la fe y muchos dolores? ¿El dinero? No, el amor al dinero (Filarguría). Pablo es claro en esta amonestación:
“9Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. 1 Timoteo 6:9-10
“Él escribió eso como una serie de instrucciones a los líderes de la Iglesia y específicamente para amonestar contra una característica de los falsos maestros. Los verdaderos líderes y maestros deben evitar la avaricia de los falsos maestros, al igual que todos los creyentes” (MacArthur, 2005, 35).
¿Cuál es su posición frente a los bienes, las riquezas y el dinero?, cuando hablas, ¿das a entender que crees en la doctrina de la pobreza, en la doctrina de la prosperidad o en la doctrina bíblica del contentamiento?
Pues entender la postura de la Biblia frente a las finanzas, es el primer paso hacia una mayordomía bíblica.
Recuerde: Un fiel mayordomo del Señor tiene una perspectiva acerca de las finanzas basada en la doctrina del contentamiento.
Llamado a seguir a Cristo
Amigo, la Biblia nos enseña la importancia de entender que sólo somos mayordomos de los recursos que Él nos ha entregado, y que llegará un día en el cual todos debemos dar cuenta de como hemos administrado esos bienes, sean materiales o inmateriales.
Pero si tú no te has arrepentido de tus pecados, y no has confiado en el sacrificio de Cristo por los pecadores para salvación del alma, de nada te sirve que hayas administrado con exactitud la porción que te ha tocado en esta tierra, pues tu alma será echada para condenación eterna en ese lago de fuego y azufre que nunca se apaga.
Te suplico que te arrepientas amargamente de tu rebelión y orgullo y corre a Cristo para la salvación eterna de tu alma, recuerda que cada día que pasa es un día menos para arrepentirte.
Legado para mis hijos
Es de vital importancia que nuestros hijos comprendan que sólo somos mayordomos de lo que el Señor ha dejado a nuestro cuidado y que eso implica que le conozcamos muy bien y que descansemos en su bondad y su misericordia.
Muéstrale a tus hijos el gozo o contentamiento que produce vivir una vida piadosa haciendo la voluntad de Dios, esforzándote por llevar a cabo la obra que el Señor te ha entregado, “10porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
Cada vez que logres objetivos o el Señor te conceda una victoria en tu vida, ve en acción de gracias a Dios delante de tus hijos, aprovecha esas oportunidades como cuando se adquiere un bien valioso y ora en familia de tal manera que, en tu agradecimiento, se haga evidente a los ojos de tus hijos que lo recibido viene de parte de Dios y, además, pídele al Señor orientación acerca de cómo usar dicho bien. Es importante que tus hijos noten que la oración no es para torcer la voluntad de Dios hacia nuestros deseos, sino para fortalecer la relación con Él, irnos alineando cada vez más con su Voluntad y glorificar a Dios cuando esto sucede.
Pero si es el caso contrario y llegan las tristezas o aflicciones reales a la familia, como la muerte de algún miembro o una perdida económica sustancial, también preséntate delante del Señor en familia y ora de tal forma que los niños entiendan que nada de lo que sucede en este mundo, puede empañar el gozo eterno y el contentamiento de estar escritos en el Libro de la Vida.
Oremos
Padre Santo venimos a ti agradecidos por mostrarnos el camino del contentamiento, gracias por afianzar nuestros corazones en tu eterna verdad del amor que tienes por tu pueblo, de tal manera que nosotros podamos vivir seguros y confiados, y que nuestros corazones reposen en ese contentamiento que sólo Tú puedes dar.
Señor sabemos que el sufrimiento puede llegar en cualquier momento, pues es una experiencia común para toda la humanidad, pero te pedimos que nos cuides de sentirnos agitados, descorazonados y enojados o, incluso, cuídanos de caer en la apatía o de refugiarnos en vicios o placeres mundanos, cuando el sufrimiento nos golpea.
Ayúdanos Señor a no responder con autocompasión, sino a entender que los creyentes somos herederos de los sufrimientos de Cristo, y que nosotros vivimos en un mundo caído, que va directo a la destrucción, pero por tu gracia somos salvos de la ira venidera y que por eso oramos con fe y contentamiento mientras esperamos la gloria que has prometido a tus hijos.
Te damos gracias Señor, pues Tú tienes el control de todo, de cuando llegan a nuestras vidas tus deleites, pero también cuando llega el sufrimiento.
Por eso te pedimos que siempre podamos tener nuestros ojos puestos en las cosas de arriba, no en las cosas de esta tierra pues son temporales.
Ayúdanos Señor a confiar en tu Palabra, no en nuestros sentimientos, pues son engañosos, que nuestra conducta y nuestras reacciones estén siempre de acuerdo con las Escrituras, pues sabemos que esto hace que crezca nuestro contentamiento.
Te lo pedimos todo en el nombre de nuestro amado Salvador.
Amén.
Fin parte 1
[1] Contento — (1 Timoteo 6:8): Según la Concordancia Strong, en griego ρκέω o en su transliteración, arkeó: Contento, estar satisfecho
con una cosa, tener suficiente.
[2] Cayo o Gayo Salustio Crispo (Amiternum,
86 a. C.-Roma, 34 a. C.) fue un historiador romano. Por su obra es considerado
como uno de los más importantes historiadores latinos del siglo I a. C. y de toda la
latinidad.
[3] Tullianum – construcción subterránea sobre la cual se edificó la prisión del “Carcer Tullianus”, también llamada Mamertina.
En su origen fue una simple fuente o surtidor natural de agua (tullus: brote de agua viva, manantial)
[4] Samuel Hieron
(1572 - 1617) — Teólogo puritano inglés, eminente predicador y pastor.
[5] BAXTER,
Richard. Christian Directory. Soli Deo
Gloria Publications. 2000. Pág. 68
[6] Fatalismo — (formado a partir de la raíz latina fatum, que significa 'destino') y su derivado “fatalista” es la
creencia en que el destino se impondría irremediablemente al ser humano. En sentido
corriente, el fatalismo se refiere a que los acontecimientos, son dirigidos por
causas independientes de la voluntad humana, sean procedentes de Dios, de las
leyes naturales, del ambiente o de las experiencias adquiridas en el pasado.
[7] Determinismo — es una doctrina filosófica que sostiene que todos
los eventos son el resultado de leyes naturales y de condiciones precedentes y
que, por consiguiente, son inevitables
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